«El duelo es un esperanto universal: todos los seres humanos lo hablamos en algún momento»

Pablo Batalla Cueto GIJÓN

CULTURA

César Iglesias
César Iglesias Pablo Batalla Cueto

El periodista César Iglesias publica su primer poemario, «Lengua del duelo»

02 nov 2016 . Actualizado a las 14:06 h.

Decía Fernando Pessoa que «o poeta é um fingidor», reflexión que tal vez haya influido en César Iglesias para abandonar como poeta el Julio de su nombre de pila, por el que ha sido conocido durante más de tres décadas de trabajo como periodista en la Cadena Ser, La Nueva España y La Voz de Asturias. Trea acaba de publicar Lengua del duelo, un poemario en el que reflexiona sobre el sufrimiento a través de otras voces, como la de la última vecina protestante de la localidad canguesa de Besullo, las de unos presos trasladados en un ferrocarril de posguerra o las de unos supuestos judíos secretos de Penouta, en Boal. Como una «salida del armario» describe él mismo la reciente publicación de este libro que prolonga, en palabras del poeta y crítico José Luis Argüelles, «los ecos de algunos profetas veterotestamentarios y la plegaria escarnecida de un Job que sostuviera, como en el verso de Wallace Stevens, “la poesía de pobres y muertos”».

-Publica su primer poemario a sus cincuenta y cinco años. ¿Es poeta tardío, o ha sido poeta secreto?

-Más bien poeta secreto que sale ahora del armario. Yo, como la mayoría de la gente con inquietudes creativas, empecé a escribir de chavalín, de adolescente, a los doce o trece años. Escribía cuentiquinos, poemas... Durante mi adolescencia y primera juventud mantuve una actividad muy intensa, y sí que publiqué alguna cosa en revistas y fanzines. Llegué a estar a punto de publicar un libro hacia los veintitrés o veinticuatro años, pero al final me eché para atrás. Lo que me pasó entonces fue que la egolatría que uno puede tener en algún momento de ver su firma acompañando un texto encontró satisfacción en el periodismo. Seguí escribiendo en privado, y escribía mucho por temporadas: inicié novelas que no acabé, escribí cuentos e hice tres libros de poesía que se sumaron a aquel otro que estuve a punto de publicar y al final no publiqué. Pero en un momento dado, los destruí todos menos uno que salvó mi mujer del fuego, y que seguirá inédito.

-¿A qué se debían sus recelos?

-A una reflexión que he hecho siempre: la de para qué escribir poesía, para qué publicar. ¿Para qué vamos a talar más árboles para papel siendo tanto lo que se publica? ¿Qué puedo aportar yo que no haya aportado nadie desde Homero hasta nuestros días?