«No sabría decir qué os dan. Los conciertos en Asturias son una auténtica fiesta»

Sidonie tocará en Oviedo esta noche junto a León Benavente, donde interpretará canciones de su nuevo disco, «El peor grupo del mundo»

Carreteras Infinitas, primer single del último disco de Sidonie La banda catalana visita Oviedo junto con León Benavente para dar un concierto enmarcado en la gira de Los Cómplices de Mahou Axel Pi, Marc Ros y Jesús Senra, integrantes de Sidonie

Redacción

Llevan 20 años a sus espaldas, han estrenado su nuevo disco este año, titulado El peor grupo del mundo, y tienen ganas de echarse otros 20 encima. Hablamos del conjunto catalán Sidonie. Marc Ros (Barcelona, 1974, en el centro de la imagen), cantante y guitarrista de la agrupación, no se corta un pelo y está dispuesto a tocar muchos años más, como los Rolling y está con ganas de perpetrar otro experimento musical como los que ya hicieran con Mucho, Zahara o Dani Martín. No le hará falta esperar mucho, ya que esta noche tendrá lugar uno de ellos a las 21.00 horas en el escenario de Estilo, en Oviedo, junto con la banda León Benavente dentro de la gira de Los Cómplices de Mahou. Dos maneras distintas de hacer música que pueden hacer saltar por los aires con su química el metafórico laboratorio que será la sala ovetense.

-El nuevo disco se llama El peor grupo del mundo. ¿Por qué ese nombre?

-Propuse este título a los chicos, que se quedaron un poco parados al principio, pero podría haber sido otro título relacionado con el pop o la historia del pop. Hice las canciones del disco como si fuera un biógrafo del rock. Sé que no tengo esa capacidad, pero como escritor de canciones me apetecía mucho hablar de la historia del pop que, a fin de cuentas, es mi pasión y mi vida, y nunca lo había hecho. De los títulos que tenía ese ya formaba parte de una canción y me parecía súper gracioso. Al final a Axel y Jesús les encantó. Más allá de la cosa de provocación, me remite a los principios de nuestra carrera y de otros muchos grupos que han tenido unos comienzos complicados, difíciles y, muchas veces, ridículos. Muchos de ellos han llegado a donde están porque no han creído que fueran los peores y han pasado de esa acusación.

-Entiendo que tiene mucho de autobiográfico.

-Para explicarte esto me viene a la cabeza una frase de Jean Cocteau. El tío decía: «Aquello que el público te reprocha cultívalo, porque eso eres tú». Cuando están diciéndote que eres lo peor están diciéndote que eres diferente, no te están diciendo que eres aburrido. Aparte nosotros es que éramos un grupo muy atacable porque no nos limitábamos a hacer conciertos tocando las canciones y yéndonos a casa después, sino que ofrecíamos un espectáculo de dudoso gusto pero divertido. Entonces a nosotros nos daba igual lo que nos dijesen mientras que se hablase de nosotros y, mira, así han pasado 20 años.

-¿Cómo surgió la idea de crear una biografía del rock y del pop? 

-Lo que te contaba antes de ser un biógrafo de la historia del rock, que es lo que me encantaría hacer algún día, y repito que no sé si tengo la capacidad. Siempre se ha dicho que los periodistas musicales son músicos frustrados y yo soy un músico que soy un biógrafo del rock frustrado. En vez de cantarle al amor o al desamor, que es lo que he hecho toda la vida, o a una persona en concreto, a una novia o una ex, me apetecía cantarle al pop, que sea una declaración de amor al pop. Es una cosa que compartimos los tres, que nos juntamos más porque nos gustaban los Beatles que por tener ganas de tocar en realidad. 

-Llevan 20 años de carrera, ¿qué pieza representa este disco dentro del puzzle de su discografía? 

-Llevamos ya bastantes entrevistas y nunca me habían hecho esta pregunta, así que tendré que improvisar un poco (risas). Pues creo que es la culminación de los dos últimos discos, de todo lo que ha pasado con Sierra y Canadá y El fluido García. Si no hubiera sido por esos discos en periodo de crisis… pero hablo de crisis total. Porque has cumplido los 40, porque hay una crisis económica mundial terrorífica y de crisis personales que no vienen al caso. En ese estado, esa tormenta, se escribieron esos dos discos que fueron muy difícil. Gracias, a no haberse rendido nunca hemos sacado una cosa muy luminosa, muy alegre, y que dan ganas de cantar. Es la culminación de dos discos más grises. Sé que si no fuera por ellos este no hubiera existido. Doy las gracias a esos Marc, Axel y Jesús del pasado y esas canciones que sacamos. 

-Hablaba usted de crisis, y entre ellas decía que ya tenía 40 años. ¿La edad es algo que pesa para hacer música? 

-Diría que hasta dos décadas a la música pop siempre se la ha relacionado con la juventud. Entonces ahora hay ejemplos de grupos de gente con 40 o 50 años haciendo pop y, sobre todo, en bandas. Todas se deshacen porque no se aguantan. Ahora estamos viendo que esto es lo normal, que este lunes estuvieran tocando Los Pixies y hace poco The Cure. Ya no es como en los 90, cuando íbamos a ver a los Rolling Stones. Que los tíos tenían 40 y pico años o 50, no eran muy mayores, y todo el mundo hablaba de «vamos a ver a los abuelos del rock a esta gira porque se van a separar y se van a retirar». Y ahí están, siguen tocando con 70 años. Entonces eso del pop y rock ya no es una cosa que se vincula con la juventud. A nivel personal reconozco que tuve una crisis cuando cumplí los 30 pero ahora con 40 me da igual. 

 -¿Cuál cree que es la mayor diferencia musical con los anteriores?

-La diferencia musical es la misma que hay encima del escenario cuando ves a Sidonie en directo, y que es que hemos perdido la vergüenza. Y eso que antes tocábamos en pelotas y hacíamos muchas tonterías encima del escenario pero lo hacíamos como una especie de agresión al público. Ahora yo lo que veo es que nos estamos divirtiendo con el público. Antes éramos muy punks y odiábamos el punk, y ahora que adoramos el punk queremos a nuestro público, a nuestras bandas compañeras… nos hemos vuelto muy hippies (risas). No sé, no podría hablar en nombre de Jesús y Axel pero me estoy divirtiendo como nunca haciendo conciertos, lo estoy disfrutando y he perdido la vergüenza.

-Echando un vistazo al pasado, ¿ha notado ese paso del tiempo desde que eran tan punks respecto a cómo son ahora? 

-Desde dentro no parece que las cosas cambien tanto. Es como el que se ve el espejo cada día y no ve los cambios de la edad pero, cuando te encuentras a un amigo de 8º de EGB flipa. En nuestro caso no vemos esos cambios como la otra gente porque siempre estamos aquí y tampoco tenemos mucho tiempo para hablar de esas cosas cuando estamos juntos. Sí que hay un orgullo y a veces, cuando nos emborrachamos, brindamos por lo que somos y por estar juntos, que es nuestro mayor hit. Pero día a día yo no me paro a pensar «somos Sidonie y aún estamos aquí, en España, donde es tan complicado hacer música pop. Y no solo eso, ¡sino que nos ponen en la radio tío! ¡Y vamos a un concierto en Salamanca y vienen personas a vernos!» (risas). No sé, yo creo que es muy bonito, pero para seguir trabajando no pensamos en eso.

-De cara al futuro, ¿se ve tocando dentro de otros 20 años como me contaba de los Rolling? 

Sí, sí. Si las cosas están como ahora, el espíritu sigue siendo el mismo y el cuerpo aguanta, sobre todo eso ya que no se puede controlar. Es que a mí me gusta mucho lo que hago. Pues ojalá sigamos juntos y tocando porque es una experiencia única y espectacular. Pero en el momento en el que estás cansado o te aburras será el momento de pensarlo y quizás dejarlo.

-Tocan esta noche en Oviedo junto a la banda León Benavente. ¿Qué química hay entre los dos grupos?

-Aparentemente estamos ofreciendo propuestas bastante diferentes y no sé si compartimos muchos seguidores, no lo creo. Al final de lo que se trata es de juntarse y cantar canciones. Esto es emocionante y súper bonito. A mí me flipa el grupo, me flipa León Benavente, tengo muchas ganas de compartir esto con ellos porque hemos coincidido con ellos en un montón de festivales pero nunca mezclando las bandas y, sobre todo, me gustaría estar en el lugar del que lo ve, del público. Ver cómo funciona, ver si hay química. Yo no lo sé, eso lo veremos encima del escenario porque sí que ensayaremos las canciones pero no delante de un público. No tiene tanto riesgo como si nos juntamos con los lesbianos o Lori Meyers. La gracia esta en juntarnos con ese tipo de bandas que hacen cosas diferentes. 

-La de Oviedo no es la primera experiencia que tienen en los conciertos de Los Cómplices de Mahou. ¿Qué tal fueron las anteriores? ¿Y su favorita?

-Hemos tocado con Mucho, Zahara y Dani Martín. Tengo que ser diplomático, si me permites, porque en todas he aprendido un montón. Nunca sabes del todo lo que hay hasta que no te metes en su repertorio, lo estudias y ves qué grande es esta gente. Yo soy fan de Mucho sobre todo. Aparte hay una amistad y creo que Martí es un tipo muy talentoso. Zahara creo que tiene una de las mejores voces del panorama pop, hace lo que quiere con ella y se me pone la piel de gallina cada vez que cantamos juntos. He de reconocer que con quién me lo he pasado mejor es con Dani Martín por la sorpresa de ver que el tío es un currante. Nos ha dado muchas lecciones a todos, pero sobre todo a mí que llegué a criticar a El canto del loco incluso en los medios de comunicación. Era un fenómeno que no acababa de entender. Pensaba que era un grupo prefabricado, no me gustaba la actitud, ni las canciones, ni nada hasta que tocamos juntos. Entonces vi como Dani llevaba al público. Entré en su universo, sus canciones y sus letras y ahora estoy deseando volver a cantar y tocar con él. Y, en realidad no te creas, Abraham Boba -de León Benavente- también es un personaje muy curioso. Esto es lo alucinante de juntarse con gente así y lo que te decía antes, con todos los respetos. He trabajado con gente como Santi Balmes y Juli de Love of Lesbian y con Lori Meyers, nos hemos juntado muchas veces, pero no hay ese factor de «¡hostias! ¿Qué va a pasar cuando nos juntemos?». 

-¿Preparan de manera diferente un concierto compartido como este de uno de Sidonie en solitario? 

-No tenemos en cuenta que va a haber fans del otro grupo que no te escuchan o que ni siquiera les gustas. Tú simplemente vas a lo tuyo e intentas convencer a los que hayan venido con lo que haces normalmente, que son tus canciones, tu actitud y tu imagen. Si gusta bien, si no no tan bien, pero adelante. No podemos ceder en estas ocasiones. La preparación y nervios son los mismos que en un conciertos de Sidonie que en estos eventos, Cómplices en este caso. 

-¿Qué tienen previsto para la gira? ¿Ya está preparada? 

-Ha costado mucho menos ahora que en la gira de Sierra y Canadá porque llevamos mucha música pregrabada, mucho sintetizador. Era mucho más complicado con una banda de garaje con guitarra, bajo, batería y teclado, llevar todo eso en directo. Ahora las canciones han salido grabadas como si estuviéramos tocando en un directo así que hacen más fácil el proceso. Tenemos la suerte de contar con Edu Martínez en las teclas, que había estado con La habitación roja, y con Víctor Valiente, que está actualmente en Mi Capitán y estuvo en su día en Standstill. Así que son dos músicos con los que nos llevamos de puta madre, a veces demasiado pienso, para nuestra salud, y tocando es un placer y una maravilla.

-Por último, ¿conocen Asturias? ¿Qué les parece? ¿Y el público asturiano? 

-Hemos estado en el último año. Siempre pedimos estar en Asturias, bien en Oviedo o en Gijón. Creo que hay un público que, a diferencia del catalán, tiene la necesidad de expresar lo que siente, así que da gusto hacer conciertos en estas dos ciudades. El catalán es más complicado, porque puede estar disfrutando de un concierto pero le cuesta más demostrarlo. Esto la gente debería saberlo, para el músico es muy importante que haya ese feedback porque estas más relajado, pierdes la timidez y te creces cuando ves que la gente está cantando y bailando los temas. Y lo digo yo, que soy un catalán y que también me reconozco en ese perfil de público que le cuesta expresar sus sentimientos. Yo he notado algo que es curioso y es que, tanto catalanes como asturianos somos norteños y deberíamos de ser más fríos, pero no sé si es el efecto cabrales, o el efecto cachopo, o el efecto sidra (risas). No sabría decir que os dan por ahí que los conciertos, más que una cosa de grupo público y tal, es una fiesta, es una celebración, eso es lo que más me gusta de Asturias.

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