«En el anuncio de la Lotería da igual que el pueblo no gane el premio, porque ya ha ganado un momento hermoso»

El director de cine Santiago Zannou visita Gijón para presentar su última película en el FICX pero no puede evitar hablar del spot de la temporada, que también es obra suya

El director Santiago Zannou.El director Santiago Zannou
El director Santiago Zannou

Gijón

Detrás del entrañable anuncio de la Lotería de este año, rodado en Tazones, está un director de cine nacido en Madrid en 1977 pero mitad aragonés, mitad africano de Benín y casado con una asturiana de Villaviciosa: Santiago Zannou. Zannou, que dirigió también hace dos años el celebrado spot del bar de Antonio, está en Gijón para presentar en el FICX su última película, Muna, un homenaje a las mujeres etíopes.

-¿Por qué cineasta? ¿Qué le llevó a escoger esta profesión?

-Siempre lo cuento: yo, un día, leí en El País una noticia que era que dos niños nigerianos habían sido encontrados, congelados, en el maletero de un avión que iba a Bélgica, y que uno de los niños llevaba una carta que iba dirigida «a los señores importantes de Europa» y decía: «En nuestro colegio no tenemos balones, no tenemos tizas, etcétera, y hemos decidido venir aquí a hablar con ustedes para ver si ustedes nos pueden ayudar». Después de secarme las lágrimas y de intentar morder la barra del bar en el que trabajaba y de decir: «Me cago en la puta, el mundo es injusto», vi en ese mismo periódico un anuncio pequeñito, de cuatro por cuatro centímetros, que ponía: «Escuela de cine de Barcelona». Instantáneamente cogí el teléfono, llamé y dije: «Hola, ¿qué tal? Yo voy a ser director de cine. ¿Qué hay que hacer para entrar en su escuela?». Me dijeron lo que había que hacer, lo hice y aquí estoy.

-¿No hay mejor medio para denunciar algo que el cine?

-La imagen, en general, es una herramienta muy potente, y no cabe duda de que el cine, ya desde sus inicios hace más de cien años, siempre ha sabido conectar con la realidad. Con realidades de todo tipo: la realidad de la injusticia político-social, pero también la del amor, la del egoísmo, la de las pasiones desenfrenadas… Al final, lo que es el cine es un reflejo del ser humano en su conjunto. Y desde luego, también puede ser un martillo de las conciencias.

-Su última película es Muna, una película sobre las mujeres africanas. ¿Es, ella misma, una denuncia?

-Más bien un homenaje. Un homenaje a la mujer africana -concretamente a la mujer etíope- y, en general, un homenaje a la mujer fuerte, a la mujer que supera obstáculos, a la mujer luchadora, a la mujer que intenta empoderarse, a la mujer que intenta ser libre. Si es denuncia de algo, es de que los occidentales, los europeos, le hemos dado la espalda a África. Los cineastas tenemos que contar historias de África, porque si no lo hacemos reducimos África a un montón de datos fríos o a un puñado de breves del telediario.

-A una vaga idea de negritos que pasan hambre.

-Efectivamente. Tenemos que contar historias y tenemos que poner personas en esas historias; mostrar la complejidad humana de África. Para mí, esto es especialmente importante, porque soy mitad africano; tengo sangre de los dos lugares. Me gusta acercarme al continente con una visión positiva y hacer de puente entre él y Occidente.

-Se suele hablar de la enorme importancia que tienen las mujeres como vertebradoras de las comunidades africanas; de que en contextos de guerra o tiranía, las que más sufren son las mujeres, porque es a ellas a quienes se ataca primero desde la convicción de que destruyendo o anulando a una mujer se destruye a toda su comunidad.

-Sin duda alguna. Pero eso pasa también aquí. Las mujeres son las que vertebran y mueven el país. Vertebran su pequeño núcleo familiar, vertebran su entorno y entre todas vertebran su sociedad. Y en efecto, en África, cuando hay un ataque o una guerra, la que más sufre es la mujer. Sufre porque su hijo, su marido o su hermano mueren en la guerra, pero también porque cuando todo queda devastado saben que quienes van a tener que reconstruirlo son ellas.

-Por no hablar del drama de las violaciones.

-También, también. Pero bueno, mi película intenta transmitir un mensaje de esperanza. Como decía antes, no es tanto una denuncia como un homenaje a estas heroínas.

-Algo que saque al espectador del cine con una sonrisa y no con gesto de abatimiento.

-Eso es. Eso intento, en general, en mis películas. Mis personajes sufren, lloran, viven en situaciones de exclusión social, etcétera, pero siempre consiguen superarse a sí mismos y tirar para adelante. Lo que yo quiero es que al día siguiente de ir al cine vayas a currar quejándote un poco menos; que cuando te suene el despertador a las seis y media te digas: «Joder, estas tías lo tienen más complicado que yo, así que no voy a ser un huevón ni a estar quejándome todo el día teniendo todo lo que tenemos en el Primer Mundo».

-En el ya célebre anuncio de la lotería de este año también hay una mujer que vertebra a su comunidad, en este caso una mujer mayor.

-Sí, una señora que ha sido profesora del pueblo, nada menos, y a la que todo el pueblo quiere porque les ha enseñado matemáticas, a escribir y probablemente unos valores. No la quieren simplemente porque sea una persona mayor y a la gente mayor haya que quererla. Al principio del spot aparece esa foto de ella recibiendo un ramo de flores con un «Gracias, Carmina», que se supone que es del momento en que se jubiló. Una persona buena. Esto quizás sea una perogrullada, pero yo hago películas desde la convicción de que en el mundo existen buenos y malos, y lo que pasa es que los malos son más notorios porque el mal siempre destaca más. Pero al final el bueno siempre gana, y en este sentido el mensaje que transmite el anuncio de la lotería es que da igual que el pueblo gane el premio finalmente o no, porque ya han ganado algo, que es haber compartido entre todos un momento hermoso.

-El anuncio es también un homenaje a las abuelas, esa especie de Estado del bienestar informal que de tantos apuros nos saca.

-Las abuelas son importantísimas. Mi mujer y yo, para poder venir al FICX, hemos tenido que dejar a nuestro hijo con mi madre. Las abuelas son el cariño sin condiciones, y en el spot tratamos de reflejarlo. La abuela del anuncio ha transmitido su amor a su hijo y a su nieto. A mí me gusta mucho esa figura de la abuela que te trae un desayuno copioso y dice esa frase tan de abuela: «Come lo que quieras; lo que no, lo dejas».

-¿Por qué escogieron Tazones, Villaviciosa y Lastres para rodar?

-Queríamos rodar en un pueblo costero del norte, y en uno que fuese lo suficientemente pequeño como para que todo el mundo pudiera unirse. No podía ser un pueblo de 5000 habitantes. Durante un tiempo visitamos varios pueblos del norte de España, y Tazones fue el que más se acercó a lo que yo tenía en la cabeza. Además, yo tengo familia política en Villaviciosa, lo cual me hacía mirar Tazones con un plus de interés. Acababa de nacer mi hijo y me dije: «En algún momento tendré que ir a Villaviciosa a enseñarle a la familia a mi hijo». Se juntaron las dos cosas: profesionalmente, que es lo más importante, Tazones era perfecto y además yo tenía un vínculo emocional que me iba a hacer rodar con más cariño. Tazones me permitía, por así decir, matar dos pájaros de un tiro.

-¿Qué tal les trató la gente de Tazones?

-Maravillosamente. Nos trataron genial, nos dieron de comer maravillosamente, algunos participaron en el spot… Además, hubo una cosa muy importante para mí: nosotros íbamos mucho a los bares, y cuando salíamos de alguno siempre pedíamos a la gente allí congregada que, por favor, no le contaran nada a nadie sobre el anuncio; que queríamos mantener la sorpresa. Eso es un compromiso, ¿eh? Podrían habernos dicho: «¿Qué me estás contando? Pues claro que lo voy a contar por ahí?», y sin embargo no contaron nada. La gente guardó el secreto.

-¿Son siempre ustedes quienes hacen el anuncio de la lotería?

-No, ni muchísimo menos. Mi agencia, la agencia Leo Burnett, lleva haciendo el anuncio de la lotería tres años seguidos simplemente porque lleva tres años ganando el concurso y emocionando a España. Pero éste es un anuncio por el que se pegan todas las agencias y productoras. Los últimos tres concursos los ha ganado mi agencia porque ha tenido mejores ideas, pero habrá otros años que ganen otros.

-¿Ha sido usted el director de los últimos tres spots?

-No. Yo dirigí el del bar de Antonio, pero el de Justino del año pasado lo dirigió otra persona.

-¿En qué está ocupado ahora?

-En promocionar Muna y en empezar a preparar mi siguiente película, que será una adaptación de Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian. Va a ser la primera vez que ruede en inglés y va a ser la primera vez que ruede en otro país.

-¿Dónde?

-Todavía no lo sabemos. La película se desarrolla en Estados Unidos, pero todavía no sabemos si rodaremos en Estados Unidos o en Canadá. La película es todo un reto: una historia de venganza y una historia de racismo que viene muy a cuento ahora, con la llegada del presidente Trump y todo lo que está ocurriendo con el Ku Klux Klan y toda esa gente que está sacando a relucir su odio sin ningún tipo de prejuicio. En el último mes han aumentado un diecisiete por ciento los actos racistas en Estados Unidos, y Escupiré sobre vuestra tumba aspira a ser una voz de alarma en ese sentido.

-Para terminar, ¿cómo se vive el FICX? ¿Cómo se ve este festival desde fuera?

-Yo fui jurado, así que lo conozco desde dentro. Además, vine una vez con El truco del manco a una sección y también como invitado a dar una charla. Siempre me lo he pasado muy bien en el FICX. Yo creo que es un referente del buen cine. Todavía estoy sorprendido de la película que vi ayer de Matteo Garrone, El cuento de los cuentos, que me parece una película a-lu-ci-nan-te. Me han hablado mucho también de Glory. El FICX es un festival que apuesta por el buen cine y eso es una suerte para los espectadores. Ver las salas llenas es una pasada, da gusto.

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