El organismo también ha otorgado esta distinción a la rumba cubana, el merengue dominicano y la cerveza belga
01 dic 2016 . Actualizado a las 09:10 h.La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró las Fallas de Valencia, la rumba cubana y la tradición de la cerveza belga Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Así lo decidió el Comité intergubernamental de protección del patrimonio cultural inmaterial durante su reunión anual en Adis Abeba al valorar las Fallas como una expresión de «creatividad colectiva» que «salvaguarda las artes y oficios tradicionales». Las Fallas, esculturas satíricas de corcho blanco creadas por artistas locales, «propician la comunicación y el diálogo entre los ciudadanos».
El comité, formado por representantes de 24 países firmantes de la Convención de la Unesco para la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial, decidió incluirlas en la lista de bienes protegidos para responder a la «necesidad social» de preservar las artes y oficios tradicionales que de otro modo desaparecerían.
Según este organismo, la práctica de esta festividad cultural, transmitida en el seno de las familias, refuerza la cohesión social y favorece la creatividad colectiva de las comunidades.
Tras conocer la decisión, el concejal de Cultura Festiva de Valencia, Pere Fuset, remarcó que este reconocimiento supone una responsabilidad y un estímulo para buscar «la excelencia de la fiesta y la mejora constante».
La Unesco no solo reconoció el valor de los monumentos valencianos, sino también todos los actos que envuelven esta festividad que se celebra del 14 al 19 de marzo: desfiles de bandas de música, ofrendas florales y eventos culinarios.
El organismo consideró además que la rumba cubana es «una expresión de autoestima y resistencia», además de un símbolo de toda la sociedad cubana y que además «defiende el derecho a la diversidad cultural basada en el respeto mutuo». «La rumba cubana es una expresión del patrimonio oral e inmaterial donde coinciden con armonía la tradición y contemporaneidad», valoró.
La rumba, que surgió en las barriadas urbanas pobres de Cuba, está vinculada a la cultura africana, pero también posee algunos elementos característicos de la cultura antillana y el flamenco español. «Por su naturaleza integradora y diversidad cultural, se convierte en una expresión de amplio alcance social», destacó la Unesco.
«La riqueza del ritmo, la gracia y la sensualidad de los bailes y cantos y la alegría que transmite, conecta con muchas personas, independientemente de su género, fenotipo, situación social o geográfica», añade.
La tradición de la cerveza belga
Durante su reunión, la Unesco acordó proteger también la tradición cultural alcohólica de la cerveza belga, que involucra a quienes producen, disfrutan y promueven la producción artesana de esta bebida.
Los expertos reunidos en la capital de Etiopía han valorado la extrema diversidad del arte cervecero en Bélgica, así como la intensidad con la que es consumida e integrada en la vida diaria y festiva de sus habitantes.
Bélgica cuenta con casi 200 fábricas de cerveza que producen 1.500 tipos distintos de esta bebida hecha con cebada fermentada, agua y lúpulo, muchas de ellas artesanales o cervezas especiales.
En este país europeo, la cerveza se somete hasta a cuatro procesos distintos de fermentación: la espontánea, empleada en la cerveza lambic (única en Europa); la alta o ale; la mixta, propia de las cervezas tostadas; y la baja o lager, utilizada en la modalidad pilsner.
«El elemento es accesible a todo el mundo, hombres y mujeres, y no se impone a nadie», es una de las razones apuntadas por el ente para proteger a la cerveza belga.
El merengue dominicano
La Unesco también declaró hoy el merengue de República Dominicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El merengue dominicano «desempeña un papel activo en numerosos ámbitos de la vida diaria de la población: la educación, las reuniones sociales y amistosas, los acontecimientos festivos e incluso las campañas políticas».
La Unesco destacó que este elemento del patrimonio cultural inmaterial «se transmite esencialmente mediante la participación y su práctica atrae a personas de clases sociales muy diferentes», contribuyendo a «fomentar el respeto y la convivencia entre las comunidades».