A Marion se le da bien fingir

eduardo galán blanco

CULTURA

internet

La química entre Brad Pitt y Marion Cotillard en «Aliados» está fuera de toda duda y, al parecer, como luego se encargó de resaltar el papel cuché, fue más allá de los límites de la ficción

01 dic 2016 . Actualizado a las 09:10 h.

El tema de los espías dobles enamorados no es nada nuevo. Hasta el cínico James Bond sufrió mal de amores en Desde Rusia con amor o en La espía que me amó. Pero la Segunda Guerra Mundial y el ambiente prebélico son perfecto caldo de cultivo para los menesteres citados. Mucho de Casablanca, Encadenados, I See a Dark Stranger o El buen alemán -todas con parejas atractivas e intrigas nazis- encontraremos en Aliados, vehículo diseñado para las estrellas Brad Pitt y Marion Cotillard, a cuya alquimia confió todas sus cartas el director Robert Zemeckis.

La química entre los actores está fuera de toda duda y, al parecer, como luego se encargó de resaltar el papel cuché, fue más allá de los límites de la ficción. Claro que, incluso hubo algún crítico tempranero que hizo su año escribiendo sobre la fría fusión de los actores. El tiempo y las pantallas rosas de las televisiones se empeñaron en enmendar al pobre insensato, pues, como es bien sabido, los críticos pertenecen a una especie audaz que se equivoca mucho, tendente a saltar sin red.

Y aun así, a pesar de la evidencia de las pulsiones existentes entre Cotillard y Pitt, lo cierto es que Aliados resulta entretenida y bien contada, pero muy blanda, a pesar del eterno magnetismo de la actriz, siempre imponente, aunque sea sin piernas -que se merendó una orca en De óxido y hueso-, cargada con una máscara prostética imposible -La vida en rosa- o bañada en lágrimas en Dos días, una noche.