«La vie imaginaire» de Granell vuela de Asturias a París

Pelayo Iglesias REDACCIÓN

CULTURA

El artista cangués traslada la historia de Hans y su familia a la galería parisina Nivet-Carzon, donde ha acudido con nuevas obras de la serie que presentó esta primavera

03 dic 2016 . Actualizado a las 11:15 h.

La idea surgió en París y a París ha retornado. El artista Federico Granell (Cangas del Narcea, 1974) se encontró casualmente en uno de los marché de puces de la capital francesa un álbum de familia con las fotografías arrancadas, unas fechas previas a la II Guerra Mundial y unas breves anotaciones en alemán de lugares donde fueron tomadas las instantáneas. Ahí empezó su mente a trazar imágenes, paisajes, rincones de villas y ciudades germánicas con unos protagonistas. El elegido fue el pequeño Hans y con él sus abuelos, padres, hermanos y un emotivo foxterrier. Ello son los personajes de 'La vida imaginaria', una muestra que Granell presentó la primavera pasada en la galería gijonesa Gema Llamazares y que ahora ha regresado a París, en la pequeña sala Nivet-Carzon, en el corazón del barrio de Le Marais. Este fin de semana ha abierto al público y con buena acogida: las ventas de piezas del artista asturiano en los primeros día así lo acreditan.

Ya era conocida en la capital gala la obra de Granell, uno de los representantes de los que algunos estudiosos empiezan a denominar 'Escuela de la Señaldá', artistas plásticos norteños que comparten una forma contemporánea de armonizar la tradición y la experimentación con una aproximación a una poética figurativa sin renunciar a formas plásticas que las vanguardias sensatas han consolidado en el último siglo y medio.

Con 'La vida imaginaria' Federico Granell ha dado vida a una familia de la que tan sólo nos queda un recuerdo imaginado, escenas de un tiempo fantaseado en que la armonía de la vida cotidiana estaba amenazada por el horror que vendría.  El artista se ha convertido en un narrador que lanza preguntas al espectador que contempla unas biografías desasosegantes, entre la realidad y la ensoñación. ¿Quienes son los personajes retratados en ese álbum familiar? ¿Cuál es su historia? Son preguntas que dinamizan la imaginación y que favorecen una lectura pictórica, pero también literaria de la propuesta del artista cangués.

Si la poética figurativa de Granell es esencial para entender 'La vida imaginaria', no lo es menos su materialización, tanto por el pulso creativo que sus manos han logrado, dando un paso más en su evolución artística, como por los materiales utilizados. Los lienzos están ahí, pero hay nuevos soportes: cerámicas procedentes de las ruinas de la fábrica de loza de San Claudio, en Oviedo, planchas metálicas, pequeñas esculturas, casi aquellos viejos madelmans de los niños de los años setenta del siglo pasado…

Federico Granell sigue con su evolución artística, con nuevas propuestas temáticas y formales, alejado de las sendas de la pereza creativa . Y ha vuelto a París, a la galería Nivet-Calzon, cerca de uno de esos mercados de las pulgas donde encontró un álbum familiar fantasmal, para mostrar que no es necesario caer en  los dogmatismos manieristas ni en la vanguardias obsesionadas por la deshumanización para generar un arte que hable a los contemporáneos y aporte un testimonio de un tiempo.