Reivindicación del «cinetruño»

El humor de brocha gorda siempre fue pan para hoy y hambre para mañana. Vamos, que «Villaviciosa de al lado» no se recordará en dos años


Para muestra de este cinetruño, la perla cultivada que una señora bien casada espeta a otra, ante la sospecha de que su marido haya adquirido una participación de lotería en el lupanar del pueblo, eso de que los hombres nos perdemos por los agujeros peludos... Recurro al maquillaje verbal, por si hay menores que se acerquen a esta crítica, que Velilla y sus guionistas no andan con tanta delicadeza. Joyas de este calibre pululan por Villaviciosa de al lado, que Antena 3 (participa con Atresmedia) promociona con fruición para liderar taquilla. No nos hemos vuelto mojigatos, pero el humor de brocha gorda siempre fue pan para hoy y hambre para mañana. Vamos, que esta comedia no se recordará en dos años. Es lo que tiene filmar mirando a la coyuntura. Variante de cinetruño a la que se están abonando directores originarios de esa epidemia televisiva nacional llamada sitcom, ignorantes de que la cámara está para ser bien colocada, los planos poseen significado y significante, las secuencias debieran aspirar a singulares, los actores no hablan como papagayos estridentes y los personajes se llevan fatal con la caricatura.

Tampoco vale la coartada de apelar a la farsa y al sainete como hijos legítimos de la comedia, porque hasta para eso se requiere inteligencia y gracia. Estos lodos vienen de aquellos polvos del serial Siete vidas, e incluso Perdiendo el Norte (ambas vinculadas a Velilla). Aunque partan del caso de un pueblo de Toledo en el que varios vecinos resultaron agraciados por la lotería adquirida en un local de alterne, convertirlo en película es distinto a reír aquella gracia en los diarios, en un reportaje televisivo o en la Red. Si no vendría mal a los guionistas una pasada por la videoteca para revisar a los clásicos de la comedia coral de los años 40 a los 60 del siglo pasado (sobre todo italianos, franceses y españoles), otro tanto les vendría bien en cuanto al complejo oficio de rodar, que implica acierto con el casting, paciencia en los ensayos, mesura con los diálogos y buen manejo del tono. Otra oportunidad perdida (y si quieren comedia digna, vean La reina de España).

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