Honesta oportunidad fallida

CULTURA

«Infiltrado» trabaja con mimbres que un guion de costuras más solidas y un patrón de confección alejado de tópicos habría elevado a la categoría de «thriller» sólido

20 dic 2016 . Actualizado a las 08:07 h.

Fallida, que no perdida, porque Infiltrado trabaja con mimbres que un guion de costuras más sólidas y un patrón de confección alejado de tópicos habría elevado a la categoría de thriller sólido, capaz de aunar esencias setenteras y ochenteras en cuanto a género más allá de la magnética interpretación de Bryan Cranston, (Breaking Bad) como en general del conjunto del reparto, que incluye a tres españoles muy en su sitio, Simón Andreu, Rubén Ochandiano y Elena Anaya. Mención especial para Diana Kruger, también policía y novia infiltrada del protagonista, que provoca las mejores secuencias de una trama basada en hechos reales a partir de la autobiografía del detective Robert Manzur, convertida en libreto por la madre del director, Ellen Brown Furman. Sin caer en reproches sexistas, lo cierto es que una escritura masculina de la trama quizá hubiese pulido el tono y hurgado con mayor profundidad en algunas situaciones, sobre todo en la principal: la angustia de ser descubierto por Pablo Escobar y los suyos, con las trágicas consecuencias que ello acarrearía.

A mediados de los 80, Manzur se hizo pasar por un ejecutivo de banca para blanquear los narcodólares que el capo colombiano generaba desde su entramado en Miami. Aquella vasta operación de Narcóticos acabaría llevando al desmantelamiento del Banco de Crédito y Comercio Internacional (BCCI) y a la detención de algunos de sus ejecutivos, además de numerosos narcos. Aunque Furman (El inocente, 2011) prescinde de clichés queridos al género como las ensaladas de tiros, las carreras enloquecidas y el frenesí de sangre y horror, no logra transmitirnos la épica que debiera reforzar la idea madre de su suspense: el riesgo a ser destapados (hecho por otra parte más frecuente de lo que se hace público). Lo compensa con algunas secuencias bien armadas e incluso intensas en lo emocional, pero no logra esa aura que concede a un filme su inmortalidad. A mayores, la precipitación del desenlace como clímax contrasta con el tempo calmo elegido para las restantes casi dos horas de metraje. Con todo, su apuesta realista la deriva a honesta.