El Premio Príncipe de Asturias de las Artes dirigirá a la Filarmónica de Viena en el año de su 175 aniversario y de los 150 años de «El Danubio azul»
30 dic 2016 . Actualizado a las 08:51 h.Ha pasado de dirigir una orquesta confeccionada con soldaditos de plástico en su casa de Barquisimeto (Venezuela) a ponerse al frente de la Filarmónica de Viena para el codiciado Concierto de Año Nuevo en solo treinta y cinco años. Gustavo Dudamel, Premio Príncipe de Asturias 2008, se convertirá este domingo en el director más joven de la historia de esta cita musical en la Gran Sala Dorada del Musikverein de la capital austríaca.
A través de esta elección, el conjunto sinfónico vienés, uno de los tres mejores del mundo, ha pretendido enviar un mensaje sobre su propia renovación. La incorporación de jóvenes músicos entre sus atriles durante estos últimos años corre pareja al imparable ascenso de una nueva generación de directores de la que el venezolano quizá sea el rostro más conocido, pero en la que también militan los Petrenko, Nelssons, Soukhiev o Nezet Seguin, batutas en alza.
Dudamel, el producto mejor acabado de lo que sencillamente se conoce como el «Sistema», la organización venezolana que saca a los niños más pobres de las calles para enseñarles la práctica de un instrumento musical, tiene por delante un concierto cargado de abundante simbología, más allá del confeti y las rosas. En el 2017 se conmemorarán el 175 aniversario de la orquesta anfitriona, los 300 años del nacimiento de la emperatriz María Teresa y el 150 aniversario de la primera interpretación de El Danubio azul, el célebre vals de Johan Strauss II.
De todas estas efemérides habrá referencias en el programa del concierto, que en esta ocasión no ha confeccionado Dudamel en solitario. No al menos como Herbert von Karajan, que empleó varios meses en localizar las piezas apropiadas para el suyo, o Mariss Jansons, preocupado siempre por dotar al evento de una cierta coherencia a través de la elección de las mismas. El joven director se ha servido ahora de la ayuda de Andreas Grossbauer, el concertino de la Filarmónica de Viena, para elaborarlo.
Un detalle bien revelador tanto de la escasa experiencia de Dudamel en estas citas como de su inteligencia para dejarse asesorar. En cualquier caso, el titular de la Filarmónica de Los Ángeles y de la Orquesta Simón Bolívar no ha renunciado a imponer sus propias sugerencias, como la inclusión del Vals de las mil y una noches de Strauss, que sonará junto a La salida de la luna de Las alegres comadres de Windsor, la ópera más relevante de Otto Nicolai, fundador de la Filarmónica vienesa.
Siempre apasionado
Más allá de la Marcha Radetzky, con la concluye este concierto, el siempre apasionado Dudamel, de amplia y exuberante gestualidad, podrá lucirse también en otras de las obras escogidas, como el Vals de los patinadores o la polca rápida Tic Tac, homenaje al Museo del Reloj vienés. Ni la orquesta ni la ciudad pierden jamás ocasión de hacer de este concierto el mejor spot de Viena, que ofrece a sus instituciones musicales y su amplia y rica oferta cultural como los mayores reclamos para los turistas.
Quienes no se encuentren en la lista de los dos mil privilegiados que previo riguroso sorteo de las localidades podrán presenciar el concierto en el propio Musikverein, y entre los cuales quizá esté la nueva pareja de Dudamel, la actriz española María Valverde, podrán seguirlo en directo a través de La 1 de TVE (11.15 horas). La audiencia media del mayor concierto de música clásica se estima en cincuenta millones de espectadores, y el sello Sony ya admite pedidos de la grabación en su web. Si la prueba resulta ahora exitosa quizá sea el anticipo de una nueva colaboración entre orquesta y director con el horizonte de la próxima gira que la Filarmónica vienesa planea por Latinoamérica, posible parada en Cuba incluida.