Hay poesía en el Nokia 3310

Marwan, Diego Ojeda, Luis Ramiro, Rayden. Óscar García Sierra, Defreds, Loreto Sesma o Victoria Ash. Son algunas de las voces de la nueva poesía: la que se recita en Youtube, se escribe en las notas del móvil y se retuitea


«Si tuviese que escribir en un folio no creo que fuese capaz». Óscar García Sierra no anota ni garabatea en libretas viejas; teclea. Lo hace en el móvil cuando está «por ahí», encerrado en algún baño de fiesta. Incluso en casa. Y luego, frente al ordenador, recupera las notas de su teléfono, los correos sin enviar, los borradores de sus tuits, y les da forma. Encaja las piezas y construye poemas en los que se cuelan marcas de cereales y drogas de diseño, el Nokia 3310, la película Spring Breakers, el Final Fantasy. Se turnan en sus frases largas los temas universales de los que habla toda poesía, clásica o contemporánea. Pero es la cultura popular, y especialmente Internet, la excusa para recapacitar aquí sobre ellos. El universo digital como inspiración -«es lo que hago todo el día, estar en el ordenador, es de dónde viene todo»-. Pero también (y especialmente) como soporte. El común denominador.

Óscar pertenece a una generación poética alérgica a las etiquetas, que se graba con webcam recitando textos, los cuelga en Youtube y tuitea versos con urgencia. Que coquetea con la Alt Lit norteamericana y mira hacia Bolaño, Magrinyà o Pynchon; que no sabría decir donde acaba una canción de autor y empieza un poema. Pertenecen a ella, cada uno con sus filias y sus fobias, Pablo Benavente, Nerea Delgado, Loreto Sesma, Irene G Punto, Elisa Levi, Victoria Ash, Carlos SalemIrene X, Escandar Algeet o el vigués Jose A.Gomez Iglesias, más conocido como Defreds, que con Casi sin querer (Frida) pulverizó todos los récords de ventas. También los también compositores Luis Ramiro, Rayden, Diego Ojeda, Marwan (los cuatro, en la foto) e incluso el cantante de la M.O.D.A. David Ruiz.

Se hacen (aún más) fuertes de forma colectiva, en grupos como Los Perros Románticos o Poesía es Nombre de Mujer. Quedan, leen en alta voz. Son el caramelo por el que pujan hoy pequeñas, pero también grandes editoriales, ya en la partida. Sellos benjamines y valientes como El Gaviero, Lapsus Calami o Frida, tienen que lidiar ahora con marcas titánicas de la industria, como Penguin Random House o el Grupo Planeta que, retomando la esencia de Espasa, lanzó en el 2015 una división específica de poesía contemporánea. «Comenzamos a observar que era un género al alza por el que se interesaban cada vez más lectores jóvenes», explican desde ESPASAesPOESÍA. «También nos dimos cuenta de estaba comenzando en las redes sociales un fenómeno curioso con este género: ya no era tan minoritaria», añaden.

Tal y como señalan desde este brazo de Planeta, mucho tuvieron que ver en este inesperado brote las redes, las que en lugar de atar suelen dar alas. «Internet me permite hacer llegar lo que escribo a cualquier parte en cuestión de segundos», reflexiona Defreds. «Pese a ello, hay mucha soledad -continúa-. Hay personas que leen para sentirse libres o para darse cuenta de que, lo que les pasa, también les pasa a otros». «Creo que debido al actual ritmo frenético, a la cantidad ingente de información que nos llega a todas horas y a la falta de empatía característica de nuestra época, hay muchos jóvenes y no tan jóvenes, que buscan eso, la sensibilidad, la mirada diferente a lo ordinario, la emoción y la empatía», argumenta Diego Ojeda cuando se le pregunta qué es exactamente lo que le interesa de la poesía a una generación que no levanta la cabeza de la pantalla, la mirada lejos de los ojos, que se declara a través de Whatsapp. 

En su caso, la música fue primero y la poesía después, pero «una música con un lenguaje muy poético», subraya. «Autores como Silvio Rodríguez, Aute o Ismael Serrano [que también ha publicado un poemario, Ahora que la vida] fueron mis referencias desde mi primera adolescencia, luego vino la poesía como tal, y ahora son mis dos mundos, diferentes, pero que se complementan a la perfección -reflexiona-. Para mí la poesía es más visceral, no pienso tanto cuando escribo un poema, es más una explosión que una reflexión, la música sí la reposo más». Escribe cuando hay algo por dentro que necesita sacar, «desatascar», «poner en orden». Coinciden la mayoría en este efecto desbloqueador de la escritura, casi terapéutico. En el poema como vía de escape. Como ejercicio de sinceridad. Ya sea sobre el miedo, un hotel de carretera o sobre una conversación con una desconocida a las tantas de la madrugada a través de un chat. 

Ojeda es, además, fundador y responsable de Frida Ediciones, que nació hace dos años con vocación de descubrir, respaldar y empujar la poesía joven e inquieta. Al estar metido en el ajo, todo funciona como si fuesen miembros de una gran familia. Los autores y los editores se conocen los unos a los otros, se recomiendan entre ellos, mantienen siempre los ojos bien abiertos en busca del verso. Con especial atención (de nuevo) en las redes. «Hemos conseguido generar un vínculo con autores y seguidores a través de estas plataformas -corrobora Carlos Otto, responsable de comunicación del sello-, y eso facilita mucho las cosas, pues no dependemos de factores externos para que nuestros libros los conozca la gente». 

La poesía es la misma, bebe de la inspiración de la que siempre ha bebido, enriquecida, lógicamente, con temas nuevos, alojados tras una pantalla. El vehículo es también distinto, pero las letras son las de antes, las de siempre, solo que ahora ellos, a un mensaje de distancia, son más nosotros que nunca.

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