Tiene su música un alma nómada y transfronteriza, que en su nuevo trabajo se enriquece con influencias de África, donde su familia residió durante 15 años
06 ene 2017 . Actualizado a las 17:58 h.Tiene la música de Jairo Zavala, el verdadero nombre que figura en el pasaporte de Depedro, un alma nómada y transfronteriza. En sus tres primeros discos en solitario tenía Depedro un pie aquí y el otro en América. En todas las Américas. En la del tropicalismo, en la de la canción popular andina y, por supuesto, en ese otro territorio que ahora quiere aislar Donald Trump. En El Pasajero añade un tercer pilar a su colorista abanico de influencias, África, donde su familia residió durante 15 años. Quizá de ahí derive su indómita condición de trotamundos. Con sus propias giras o acompañando a Calexico sale a razón de más de 20 países por año. Aunque confiesa que el mejor viaje «es siempre el de vuelta a casa».
-¿Coincide con Santiago Auserón en que la mayor parte de las músicas peninsulares tienen su origen en África?
-Coincido con él en muchas cosas. Quien diga que siendo músico popular y cantando en castellano, no tiene influencias del maestro Santiago Auserón, está mintiendo. Pero lo de África a mí me viene de familia. Yo escuchaba música africana todas las mañanas mientras desayunaba. Pero entonces ni siquiera sabía que era música africana. Para mí era, sencillamente, música.
-Qué cerca queda todo con la música...
-Pues sí. Además, cuando más investigas y más aprendes más te das cuenta de que culturalmente siempre ha habido viajes de ida y de vuelta y que todos somos deudores los unos de los otros. Y nuestro país es el país más mestizo. Por aquí han pasado todas las culturas.
-¿Asume, reivindica e incluso presume de esa herencia?
-Más que presumir, disfruto, que es lo más importante, de esa herencia.
-¿De que color es este disco?
-Creo que tiene un color de tierra. No tiene una mirada gigante aunque parezca que sí por la cantidad de sitios a los que hace referencia. Pero se sigue quedando en el entorno cercano, en la mirada de uno mismo y en ver las distintas culturas como un espejo de la propia nuestra.
-¿Qué le debe a Calexico?
-Le debo sobre todo la apertura mental que me generó en su momento y el hacerme creer en mí, el aprender a superar barreras mentales y a tirar siempre hacia delante.
-¿En alguna ocasión se ha sentido como esos investigadores obligados a emigrar para poder desarrollar su carrera y obtener reconocimientos?
-En mi profesión siempre se ha viajado, yo no soy ningún pionero. Es parte natural de mi trabajo. El proyecto Depedro tiene la suerte de tener oídos fuera. Pero no, no me he sentido así, porque además yo siempre vuelvo a casa.