Ciudades, aeropuertos y soledades

Una reflexión sobre sobre la ciudadanía global y la homogeneidad de la arquitectura urbana en torno a la exposición «Soledad en la ciudad genérica» por su comisaria, Natalia Alonso Arduengo

Obra de la serie «En tránsito», de Federico Granell
Obra de la serie «En tránsito», de Federico Granell

Madrid

El pasado 9 de enero fallecía Zygmunt Bauman, pensador de referencia para analizar la contemporaneidad. Entre sus muchos escritos Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre y La Globalización. Consecuencias humanas están entre los leídos y releídos para abordar la exposición Homo Faber. Soledad en la Ciudad Genérica en la que, de la mano de la pintura de Federico Granell (Cangas del Narcea, 1974):  y de la fotografía de César Lacalle (Madrid, 1963), se reflexiona sobre la crisis identitaria del ciudadano global y la proliferación de una arquitectura urbana homogénea sea cual sea la parte del planeta en la que nos encontremos.

La muestra, que se puede ver hasta el próximo jueves en la Galería THEREDOOM, de la madrileña Calle Doctor Fourquet, es un proyecto seleccionado por Margarita Aizpuru en el contexto del curso «El comisariado y la organización de exposiciones de arte contemporáneo» impartido por la citada Aizpuru y la Fundación FIArt/XTRart.

El título principal Homo Faber hace referencia al homónimo de una novela del escritor suizo Max Frisch que narra la historia del ingeniero Walter Faber, un auténtico ejemplo del individualismo contemporáneo cuando habla en estos términos: «Estoy acostumbrado a viajar solo. Vivo, como todo hombre de verdad, entregado a mi trabajo. Al contrario, no deseo otra cosa y me considero feliz de vivir solo, única situación posible para un hombre, a mi entender. Me gusta poderme despertar solo, sin tener que decir una palabra».

Por otro lado, el subtítulo Soledad en la Ciudad Genérica parte de un breve texto Rem Koolhaas que comienza así: «¿Son las ciudades contemporáneas como los aeropuertos contemporáneos, es decir,"'todas iguales"? ¿Es posible teorizar esta convergencia? Y si es así, ¿a qué configuración definitiva aspiran?» De este modo, tomando las palabras del arquitecto holandés como punto de partida, es posible analizar cómo la pérdida de la identidad o del auténtico genius loci de las ciudades y su arquitectura se está traduciendo, igualmente, en una deriva identitaria de los individuos que la habitan, cada vez más perdidos y aislados en un contexto en continua aceleración.

Tenía razón Italo Calvino cuando, reflexionando a propósito de la ciudad, afirmó que cada vez era más difícil vivirlas como tales y, en este sentido, retomo a Bauman cuando sostuvo que, «en un ambiente concebido artificialmente con el objeto de asegurar el anonimato y la especialización funcional del espacio, los habitantes urbanos sufrieron un problema de identidad casi insoluble».

Ahora sentirse alóctono y desarraigado está a la orden del día. La identidad del lugar se encuentra en crisis. Los aeropuertos de Federico Granell procedentes de su serie En Tránsito y las escenas urbanas de César Lacalle seleccionadas de sus proyectos No Name City y Banlieue ejemplifican a la perfección este sentimiento. Los ciudadanos, ya estén en una terminal o caminando por la calle, muestran una relación artificiosa con el entorno. Más que habitantes parecen parte del mobiliario urbano. Son rostros anónimos y solitarios que no habitan sino que transitan. Son sujetos estadísticos en movimiento perenne. Son, en definitiva, usuarios que se relacionan con la ciudad comprando o viajando.

En la sociedad de la hipercomunicación y del hiperconsumo que diría Gilles Lipovetsky se producen nuevas formas de soledad y aislamiento traducidas en la atmósfera contenida que recogen los lienzos y las fotografías de la exposición. Granell y Lacalle captan cómo en el hábitat urbano peligra el equilibrio entre el entorno y el propio individuo y cómo la Ciudad Genérica de Rem Koolhaas avanza sin mirar atrás.

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