La obra llegará para una exposición, en marzo, pero tras ella solo se quedarán por el momento las de arte contemporáneo
25 ene 2017 . Actualizado a las 08:48 h.El primero en llegar fue un exquisito Autonme basque (Otoño vasco) del riosellano Darío de Regoyos. Lo hizo en 2007, poco después de la exposición Una mirada singular, que trajo 25 obras de la colección de Plácido Arango en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fue el primer gesto, la primera muestra de generosidad del magnate nacido en Tampico, México, en 1931 de padres asturianos. De la magnitud de su esplendidez hubo noticia cumplida ocho años después, a la vista del mayúsculo obsequio que hizo al Museo Nacional de El Prado con 25 obras maestras de su colección de pintura antigua y moderna. Y por esas fechas, unos meses después, empezaron las conversaciones que han concluido hoy, sustituidas finalmente las noticias, las negociaciones, la expectación y las conjeturas sobre las obras por el silencio ante las primeras imágenes de las 29 piezas que ya forman oficialmente parte del Museo de Bellas Artes de Asturias. O, lo que es lo mismo, del patrimonio de todos los asturianos y asturianas.
Alfonso Palacio, director del Bellas Artes, ha recordado hoy con la discreción que exigen estos procesos casi de alta diplomacia, la gestación y el desarrollo de unas conversaciones de las que ha destacado -y con reiteración- la «sensibilidad», la apertura y la disposición a escuchar de Plácido Arango. También una generosidad que ha ido a más porque, al cabo de año y medio, «la donación creció de las 24 o 25 obras iniciales hasta las 29 actuales». De por medio, «muchos viajes y encuentros» de los responsables del museo, pero también de Plácido Arango a Oviedo, para conocer por ejemplo de primera mano la ampliación del Bellas Artes.
Encaje y buena voluntad
Palacio pone cierta cara de vértigo cuando recuerda el inicio de todo este viaje. Es la que se debe de poner a quien ve, de golpe, ante sí, el despliegue total de obras en el dossiero sobre el que despegaron las conversaciones. A partir de ahí, y con cuidadosos criterios que tuvieron especialmente en cuenta el «encaje» de las piezas en el conjunto del discurso del museo, se empezó a hablar. Y el director del Bellas Artes remarca que la voluntad del donante fue siempre la de satisfacer, en la medida de lo posible, esas sugerencias para «favorecer en cantidad y calidad» los contenidos del museo. Claro que había que contar, por ejemplo, con el parecer de los hijos del filántropo mexicano; un factor que hizo que se «cayera» finalmente alguna de las piezas más deseadas, «que estuvo hasta el final sobre la mesa de negociación»… pero que finalmente no estará en Asturias. De nuevo la discreción impide a Alfonso Palacio dar más detalles.
Lo que sí dice alto y claro es que Plácido Arango «no pidió contrapartidas de ningún tipo» ni puso más condiciones que la del carácter de usufructo vitalicio que tiene la donación; es decir: el derecho del donante a disponer de las obras a su criterio mientras siga vivo. Es, en principio, la intención de Arango por lo que respecta a la mayor parte de las piezas donadas, salvo las de arte contemporáneo, que ocuparán su lugar definitivo en las plantas de la ampliación del Bellas Artes dedicadas al siglo XX una vez concluya la exposición que dará a conocer el legado al público.
Las obras estarán físicamente en Oviedo a finales de marzo o principios de abril, en función de la fecha que finalmente se decida para inaugurar la muestra, que ocupará la planta baja y las dos salas de exposiciones anexas en el Palacio de Velarde. Tres de ellas, por sus dimensiones, se mostrarán en otros lugares del museo; entre ellas el monumental Retablo de la Flagelación de Leonor de Velasco o el gran tríptico de Darío Villalva. Las 29 viajarán hasta Asturias para la exposición desde los almacenes de la colección en Cáceres, Toledo y la capital de España, en un solo envío. Al término de la exposición -en septiembre u octubre-, la mayor parte de ellas harán el camino de vuelta; pero será una despedida temporal. Cuando finalmente regresen para quedarse no solo en términos patrimoniales, sino también carnales, habrá que buscar su encaje en el espacio del museo. Las opciones son dos: integrarlas por separado en el discurso cronológico, cada una en su contexto y su tiempo, o montar dependencias específicas para la donación. Según explica Alfonso Palacio, el donante no ha acabado de decidirse por la fórmula.