Dennis Lehane: «Todo lo que sucede y no ves es lo que mueve tu ciudad y, con ella, el mundo»

Pese a que su obra se enmarca en el género negro, Lehane advierte de que el asunto de sus libros es la guerra de clases


Barcelona / E. La Voz

La adaptación cinematográfica de la novela Mystic River por parte de Clint Eastwood en el 2003 lanzó a Dennis Lehane (Boston, 1965) a la fama. Hoy por hoy, el escritor, que recibió el premio Pepe Carvalho 2017 en el festival BCNegra, es uno de los nombres clave del noir actual. Creador de detectives como Patrick Kenzie y Angela Gennaro, Lehane posee un extraordinario don para reflejar el mundo de los gánsteres en el EE.UU. de inicios del siglo XX. Ahora acaba de publicar Ese mundo desaparecido (Salamandra), que cierra la trilogía de Cualquier otro día y Vivir de noche. Según Stephen King, el último libro de Dennis Lehane es la mejor novela de gánsteres desde El padrino.

-«Ese mundo desaparecido» es más triste que las dos novelas que la preceden, «Cualquier otro día» y «Vivir de noche». ¿Por qué?

-Porque es el precio que Joe Coughlin paga por vivir su vida de una determinada manera. Al final él siente que tiene una responsabilidad con toda la humanidad más allá de su hijo. Joe se está quedando sin gas. Ese mundo desaparecido explica cómo alcanzas una edad en que todas las cosas que decidiste apartar de tu vida vuelven a ti. Y así es cómo Joe se halla a sí mismo en este libro. También es una reflexión sobre la paternidad, tiene mucho que ver con la idea de legado y de futuro.

-Una peculiaridad de sus novelas: el ambiente popular urbano en que se desarrolla la historia.

-Me encantan las ciudades. Si me llevara a un bosque y me hiciera caminar mil metros, moriría. Pero, en cambio, si me lleva a una ciudad de cualquier país (España, Somalia, cualquiera) sabré sacarme las castañas del fuego. Me siento cómodo en estos espacios.

-De hecho, usted se crio en un barrio conflictivo de Boston.

-Sí, ahí crecí. Y me marcó tomar el metro hacia el vecindario de al lado y ver el centro de la ciudad, cruzar el río… Esto me ha otorgado una especie de amor al miedo.

-¿Fue esto lo que le impulsó a escribir novelas criminales?

-Diría que sí. Estoy fascinado con la idea de que las cosas no vistas tienden a ser las que realmente mueven la ciudad. Por ejemplo, en Barcelona, ¿no tenéis un gran caso de corrupción ahora mismo? [la última redada de la Guardia Civil por el caso 3 % de CiU se produjo en la semana de la entrevista]. Y es solo un atisbo de todo lo que está ocurriendo. Todas las cosas que suceden y tú desconoces son las que mueven tu ciudad y, con ella, el mundo.

-La serie «The Wire», para la que usted hizo guiones, le permitió escribir de estas realidades. ¿Qué se precisa para un buen diálogo?

-Un buen oído. No creo que uno pueda convertirse en escritor sin al menos un talento para escribir: has de ser capaz de construir una buena historia, de describir cosas, tus diálogos deben ser auténticos.... Yo, por ejemplo, tengo la habilidad de hacer que la gente hable y de que esto parezca real. La tengo desde muy joven, probablemente porque crecí en un mundo en donde la gente hablaba de manera muy viva.

-Volviendo a la corrupción, siguió de cerca el caso de los sacerdotes pederastas de Boston, recogido en la película «Spotlight».

-Sí, fui el primer escritor con el que los directores del filme hablaron, pues yo conocía a mucha de la gente involucrada en la historia. Todo lo que ves en Spotlight ocurrió en mi vecindario y en mi instituto. Todo el mundo sabía lo que estaba pasando: sabíamos cuáles eran los curas de los que debíamos mantenernos alejados. Así que cuando hubo los arrestos en mi instituto, nadie se sorprendió, a nadie sorprendió que detuvieran al padre Bargain. Cuando todo empezó a aflorar, mi madre me preguntó por qué no habíamos dicho nada. Y yo le respondí: «Lo hicimos, pero nunca nos escuchasteis». Esa generación de padres -y estoy seguro de que lo mismo sucedió en España e Irlanda- nunca creyeron que los curas pudieran hacer algo así. Cuando tú les decías que no querías volver a ver a tal cura, ellos te respondían: «Oh, no seas bobo, solo es un poco extraño».

-Lo cierto es que la Iglesia sabía lo que estaba ocurriendo.

-Este es el punto central: se sabía lo que estaban haciendo esos curas y, durante muchos años, la única respuesta fue cambiarlos de parroquia. Era un gran entramado corrupto que ocurrió globalmente. Fue una práctica extendida. A estos curas no se les apartó, por lo que siguieron abusando de más niños. Hay una generación de gente mayor que se dedicó a acusar a los medios de comunicación de lo sucedido o a las personas que, decían, odiaban a la Iglesia católica. Yo creo que quienes hicieron eso y quienes lo encubrieron deberían estar en prisión el resto de sus vidas.

-En sus novelas hay mafia, violencia. ¿Qué aportan al «noir»?

-Creo que todos mis libros hablan de la guerra de clases. El concepto central es la clase dominante manteniendo a la clase trabajadora luchando entre sí. Y cuanta más lucha, más violenta es. Sin embargo, cuando la clase dominante lucha, lo hace con bolígrafos y abogados. Mis libros investigan sobre esto. He escrito libros góticos, otros históricos… pero al fin y al cabo lo que me interesa es la violencia, por qué hacemos lo que hacemos y por qué continuamos perpetuándola.

-Usted ha mostrado su preocupación por las desigualdades, ¿cómo valora la victoria de Trump?

-Creo que es muy problemática. Hay muchas cosas por las que preocuparse, pero tengo una gran fe en el sistema del Gobierno americano, en los principios de Thomas Jefferson [principal autor de la Declaración de Independencia de los EE.UU., de 1776]. Si no te gusta la manera en que va el país, cada dos años puedes votar contra el Senado y el Congreso. En solo diez días, hemos visto cómo ha habido una fiera oposición contra Trump. Lo que queremos decir con todo esto es que esta no es la América en la que nosotros creemos.

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