¿Pueden los Oscars nominar (y premiar) a alguien denunciado por acoso sexual?

La Academia dejó fuera de la lista al prometedor Nate Parker, acusado de haber violado a una mujer que terminó suicidándose. Casey Affleck, candidato a mejor actor y uno de los favoritos de esta edición de los premios, fue demandado hace casi diez años por una productora y una directora de fotografía

Casey Affleck
Casey Affleck

Primer caso. El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation) tenía todas las papeletas para ponerle las cosas difíciles a La La Landniña bonita de unos Oscars hacia los que parte ya con la ventaja de haber sido postulada para 14 premios, mérito del que hasta ahora solo podía presumir Titanic. Pero esta selección inicial de candidatos se cerró sin la cinta de Nate Parker, dueña del Gran premio del Jurado de Sundance -donde también se llevó la distinción del público- y excelente oportunidad perdida para apaciguar la polémica racial. La película tenía todos los ingredientes para actuar como bálsamo: una historia basada en hechos reales que relata una revuelta de esclavos en la Virginia de 1831, avalada por una inversión millonaria de la FOX y protagonizada, dirigida y producida por un afroamericano, el propio Parker. ¿La mala noticia? Hace casi veinte años, el de Norfolk se vio envuelto en un turbio asunto. Una compañera de universidad lo acusó de violación. Salió absuelto. En el 2012, la supuesta víctima se suicidó.

Segundo caso. Casey Affleck no se lo está poniendo fácil a Ryan Gosling, niño bonito de unos galardones hacia los que parte ya con la ventaja de haber recibido, por el mismo el papel y hace poco más de un mes, un Globo de Oro. Pero es que en los premios otorgados por los periodistas extranjeros el canadiense no competía en la misma categoría que el pequeño de los Affleck. El primero lo hacía en musical; el segundo, en drama. La hora de la verdad llegará este lunes, cuando el protagonista de La La Land y el de Manchester frente al mar se vean las caras en el apartado de mejor actor, en el que ambos figuran. A pesar de que, hace casi diez años, el segundo se vio envuelto en un turbio asunto. Dos compañeras de rodaje lo demandaron por acoso sexual. El caso fue solucionado fuera de los tribunales.

¿Por qué Casey sí y Nate no? ¿Porque su conmovedor trabajo dramático es mejor que la labor de Parker en El nacimiento de una nación? ¿Porque, tras el suicidio de la denunciante, el caso del segundo está más reciente que el del primero? ¿Porque uno es negro y el otro blanco? ¿Tiene Hollywood un doble rasero para medir las agresiones sexuales? ¿Deben los académicos nominar, incluso premiar, a personas envueltas en este tipo de casos? ¿Debe la industria hacer oídos sordos, ignorar el pasado, prescindir de lo personal y centrarse en la obra?

Nate Parker
Nate Parker

Primer caso. Sucedió en 1999, cuando Nate Parker estaba en la universidad. Una de sus compañeras se personó una mañana en la enfermería con dificultades para caminar, inflamaciones abdominales y desgarros vaginales. Aseguró haberse despertado, en plena noche, en la cama del hoy actor y director, con el que anteriormente había salido (y mantenido relaciones) un par de veces. Esa vez, sin embargo, el sexo no había sido consentido. Según su testimonio, Parker y su compañero de piso Jean Celestin habían abusado de ella, inconsciente por los efectos del alcohol. Ambos lo negaron al principio, pero acabaron reconociendo los hechos y matizando que las relaciones habían sido en todo momento consentidas. Un cuarto testimonio, de otro colega, relata otra versión: cuando llegó a casa con Celestin, Parker practicaba sexo con la víctima con la puerta abierta. Les sonrió y les invitó a unirse. La joven no participaba en la acción: sus brazos yacían inertes; las piernas, inmóviles.

Cuando, al día siguiente, la chica habló con Parker, este insistió que solo él había estado con ella. Pero el relato cambió cuando ella le confesó que sospechaba que estaba embarazada. Fue ahí cuando le contó que Celestin también había participado. «Si te hemos ofendido o lo estás pasando mal, lo siento», llegó a disculparse este, según la víctima. «No tenía que haber pasado, fue innecesario, lo entiendo y lo siento», le dijo también Nate. Sin embargo, en el juicio, salió absuelto. A su favor, las relaciones consentidas previas y la mezcla de alcohol y prozac hallada en el organismo de ella.

La justicia sí condenó a Celestin, que, tras la apelación, fue absuelto seis meses más tarde. La víctima nunca llegó a superarlo. Abandonó sus estudios, sufrió reiterados episodios depresivos y en el 2012, a la edad de 30 años, se quitó la vida.

Segundo caso. Año 2008. Casey Affleck debutaba como cineasta con una pieza documental, que resultó ser una farsa, encaminada a mostrar la decadencia pública de Joaquin Phoenix y sus intentos frustrados por triunfar en el mundo de la música. El objetivo era, según el hermano de Ben, que el espectador creyese que lo que estaba viendo era real. Trabajaban con el dúo de actores la productora Amanda White y la directora Magdalena Gorka. Para ambas, este proyecto experimental se convirtió en una pesadilla. 

White resumió la experiencia como la «más traumática de su vida». Denunció insultos, proposiciones indecentes e insinuaciones sexuales por parte no solo de Affleck, también de otros miembros del equipo. Aseguró que durante el rodaje, el director se refería a las mujeres como «vacas», que les pedía a los técnicos que se bajasen los pantalones y les enseñasen el pene, que ocupaban su habitación para tener sexo con varias chicas. Casey -siempre según el testimonio de la productora- intentó tener relaciones sexuales con ella, llegó a zarandearla agresivamente cuando se negó y se dedicó a insultarla llenándole el móvil de mensajes ofensivos. Similares ataques verbales, insinuaciones fuera de tono y roces indeseados fueron descritos por Magdalena Gorka, directora de fotografía. En ambos casos, el asunto se saldó el privado, a golpe de talonario. Dinero a cambio de discreción, de una demanda paralizada que evitó que Affleck fuese juzgado. ¿Su versión? Un caso de extorsión.

Ambos actores son, a efectos de la ley, inocentes. Como Woody Allen. Pero la duda está ahí. Los testimonios están ahí. Y, en algunas ocasiones, incluso la sentencia está ahí. Como la de Polanski. Con la duda resuelta -sí se puede nominar y premiar a alguien denunciado por acoso sexual-, la pregunta se reformula: ¿Se puede disfrutar del trabajo de una persona reprobable? ¿Admirar su obra? ¿Separar al creador del ser humano?

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