El mayor experto en Prerrománico alerta: las pinturas murales están en peligro de desaparecer

El catedrático Lorenzo Arias reclama un plan de emergencia nacional para San Julián de los Prados, San Miguel de Liño y San Salvador de Valdediós, «aunque suene fuerte». En caso contrario, el precio será «renunciar a las pinturas a muy corto plazo»


Redacción

Imaginen la devastadora sensación de ver enfermar y degradarse poco a poco al amor de nuestra vida; de verlo consumirse sin remedio y sentir al mismo tiempo la impotencia de no poder hacer nada por evitarlo. Ese es, poco más o menos, aunque con dos diferencias importantes, el padecimiento de Lorenzo Arias Páramo, catedrático de Historia del Arte y el que seguramente sea el mayor experto en arte prerrománico asturiano. La primera diferencia  es que ese ser querido al que Arias ve consumirse no es una persona, sino un conjunto arquitectónico de iglesias y edificios civiles únicos en el mundo y que forman parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1985. Y la segunda y fundamental es que en este caso sí puede hacerse algo por evitar la degradación, aunque quienes deberían hacerlo no lo estén haciendo, según Arias.

Tal y como Arias denuncia, las pinturas murales de San Julián de los Prados, San Miguel de Liño y San Salvador de Valdediós, las más importantes de su época en Europa Occidental tanto en extensión como en conservación y variedad, corren serio peligro de sufrir desperfectos irreversibles, cuando no de desaparecer por completo. El deterioro se debe a diversos factores: la humedad, la contaminación, etcétera, que las autoridades competentes, y particularmente el Ministerio y la Consejería de Cultura, según Arias, no están preocupándose de afrontar por más que el prerrománico sea uno de los grandes atractivos turísticos del Principado, y por lo tanto un vector económico de primer orden.

El mayor riesgo lo corre la iglesia con las pinturas murales más valiosas: San Julián de los Prados. Su deterioro es calificado por Arias de «muy grave y generalizado» y es muy visible en algunos puntos, con abombaduras y desvaiduras bastante aparatosos, y se debe en parte a una restauración insatisfactoria efectuada en los ochenta. El caso de San Salvador de Valdediós es diferente: la restauración llevada a cabo allí en 1993 fue, en cambio, «muy delicada y eficiente», dice Arias, pero no fue completa: lo limitado del presupuesto no permitió abarcar la totalidad de la pintura mural de la iglesia, y hoy las dos naves laterales, la antecámara de la tribuna y el pórtico anexo a la fachada sur precisan de una intervención urgente. En cuanto a San Miguel de Liño, allí sí se ha aprobado una intervención puntual en un panel de especial valor, el conocido como El músico, y la intervención se abordará en los próximos meses, pero aún no se ha concretado intervención alguna en el resto de la pintura que todavía conserva esa iglesia, que padece un problema de estabilización de los morteros que torna su situación muy comprometida.

Un plan de emergencia

Hay que intervenir, y hay que intervenir «ya», exige Arias. «Quizás suene fuerte, pero se necesita un Plan Especial de Emergencia para salvar la Pintura Mural asturiana», afirma. El precio de no promulgarlo, advierte con pesar, es «renunciar a las pinturas a muy corto plazo». El coste de una intervención suficiente no sería excesivamente oneroso: «Quizás un millón para San Miguel de Liño y dos para Santullano, que en un presupuesto nacional no es nada», calcula Arias, y además podría dividirse en partidas anuales que lo hicieran más asequible. «Se podría dejar el ábside norte de Santullano para un año, los otros dos para otro, San Miguel para otro…», propone el historiador del arte, que se dirige en sus ruegos no sólo a las autoridades públicas sino también a posibles mecenas que pudieran hacer en Asturias lo que otros han hecho en Cataluña, donde medio millón de euros procedente de instituciones privadas ha servido para abordar en las iglesias románicas de la región una restauración pictórica muy similar a la que precisan las iglesias asturianas.

Lo fundamental, dice Arias, es que «todos los poderes públicos, sean del signo que sean, tomen conciencia de que esto es una emergencia nacional y se involucren» en esto que es una cuestión de la vida o la muerte de «un legado maravilloso» con más de mil doscientos años de antigüedad. «Si mañana se cae la torre de la Catedral, pasado mañana la están arreglando, y evidente me parece bien, pero esto no es menos urgente porque se vea menos o porque esté a techo; al contrario. Hay cuadros que se están restaurando y que pueden esperar un par de años, pero esto no puede esperar», manifiesta el experto. «No hay excusa que valga», apostilla, pero no es ni mucho menos optimista con respecto a que su clamor sea escuchado: «Me imagino viendo las pinturas sustituidas por fotos pegadas con celo dentro de no mucho tiempo», dice.

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