¿Y cómo sonó la bala?

Eduardo Galán Blanco

CULTURA

Pablo Larraín nos ofrece en «Jackie» una crónica alrededor de la figura de la primera dama en los días posteriores al tiroteo de Dallas que terminó con la vida de John F. Kennedy

01 mar 2017 . Actualizado a las 08:02 h.

Al cinéfilo le parecerá extraño que el chileno Pablo Larraín, autor de insanas y oscuras películas como Neruda -estravagario poco idealizador del poeta- o de El Club -curas pederastas confinados en el fin del mundo-, nos entregue una crónica alrededor de Jacqueline Kennedy en los días posteriores al tiroteo de Dallas. Algo que parece facturado dentro de los parámetros de Hollywood. Pero, una vez se acaba el filme, comprendes el sutil juego subterráneo de un guion tradicional que es, en realidad, un escupitajo, que vuela, en trayectoria elíptica, contra el rostro de la moral americana.

Natalie Portman, más delgada que nunca -consumida, frágil, pero incontenible-, atiende a un periodista en su blanquísima -blanco de sueño pesadillesco- casa victoriana de Massachusetts. Billy Crudup, que interpreta al autor de la primera interview que concede la viudísima de América, encogido, envarado, con mala conciencia, está aún más a la defensiva que la propia entrevistada. Es un duelo, un tanteo, cargado con una tensión que denota la enormidad de lo sucedido. En realidad, los dos interlocutores hablan de algo más. De un país loco, cargado de odio contra la lucha por los derechos civiles -de los negros-, que acabó con el presidente. Hablan del Rey Arturo traicionado en su Camelot de la Casa Blanca. Y del contrasentido con sentido del concierto de Pau Casals en la White House.

Pero sobre todo, en flashbacks, la entrevista va dando pie a decenas de detalles tratados de una manera hiperreal, seca, despiadada, casi perversa: «¿Cómo sonó la bala al entrar en la cabeza de mi marido?».