«Me gusta Amy Winehouse; fue la última individualista auténtica»

«Su voz era la de una sirena de una isla griega; te hacía olvidar quién eras», afirma el cantante sobre Joan Baez


redacción / la voz

Cuando Bob Dylan observa imágenes de sí mismo actuando de hace cuarenta o cincuenta años, ve a un tipo que le resulta ajeno: «Veo a Nat King Cole, Nature Boy, a un chico muy extraño y hechizado, un artista terriblemente sofisticado, que tenía en él una muestra representativa de la música, ya posmoderno. Es una persona totalmente diferente de lo que soy ahora». El hombre que, con su peinado salvaje, intentaba parecerse a Little Richard: «Mi versión de Little Richard». 

El músico de Minnesota sale por primera vez a la luz pública desde que ganó el Nobel en una extensa e inusual entrevista realizada por el periodista Bill Flanagan y que se publicó ayer en su web oficial. En sus palabras no hay ni una mención a la distinción de la academia sueca, un premio que aceptó pero no recogió. La conversación gira en torno al triple disco Triplicate, que se publicará el próximo día 31, pero en la charla el cantante permite entreabrir un poco la cortina que lo oculta del mundo. 

«No puedo decir quién es grande y quién no. Si alguien alcanza la grandeza es solo por un minuto y de eso cualquiera es capaz. La grandeza se escapa a nuestro control, creo que la consigues por azar, pero es solo durante poco tiempo», afirma Dylan, que suele escuchar música en cedés y enumera algunos de los mejores trabajos que ha oído últimamente: «Après, de Iggy Pop, es un buen disco; Imelda May me gusta; Valerie June, The Stereophonics. Me gusta el álbum de Willie Nelson, Norah Jones y Wynton Marsalis de tributo a Ray Charles. Me gusta el último disco de Amy Winehouse». A la pregunta de si era fan de la fallecida cantante, Dylan contesta categóricamente: «Sí, absolutamente, fue la última individualista auténtica». 

De la lista de muertes ilustres del 2016, Dylan asegura que todas le golpearon. «Éramos como hermanos, vivíamos en la misma calle y todos han dejado espacios vacíos donde solían estar». Asegura que le gustan «una detrás de otra» todas de las versiones que cantantes como Adele, Garth Brooks, Billy Joel han hecho de su canción Make You Feel my Love

También elogia a Joan Baez, con quien mantuvo una relación: «Su voz era la de una sirena de una isla griega. Solo su sonido podía embrujarte. Era una encantadora. Tenías que hacer que te ataran al mástil como a Odiseo y taparte los oídos para no escucharla. Te hacía olvidar quién eras».

Dylan evoca una fiesta en casa de Frank Sinatra a la que él y Bruce Springsteen estaban invitados: «[Sinatra] era muy divertido. Estábamos en su terraza de noche y me dijo 'tú y yo, amigo, tenemos los dos ojos azules, venimos de allá arriba' y señaló a las estrellas. 'Esos otros vagabundos son de aquí abajo'. Recuerdo haber pensado que podía tener razón».

También cuenta la verdadera historia sobre una grabación que él y George Harrison iban a hacer con Elvis Presley y que no llegó a producirse porque, según el autor de la entrevista, Elvis no se presentó. Dylan le corrige: «Él sí se presentó, fuimos nosotros los que no lo hicimos».

El músico vuelve sobre los orígenes del rock and roll, cuando esta música «era un arma peligrosa, chapada en cromo, explotaba como la velocidad de la luz, reflejaba los tiempos, especialmente la presencia de la bomba atómica [...] Por entonces la gente temía el fin de los tiempos».

Desde los setenta hasta ahora han pasado casi cincuenta años que «parecen cincuenta millones». «Ha habido un muro de tiempo que ha separado lo viejo de lo nuevo y se pueden perder muchas cosas», afirma.

Sobre la decepción que supuso para muchos artistas que esquivase la vida social durante las giras, afirma: «¿Por qué iban a querer pasar el rato conmigo de todos modos? En la carretera paso el rato con mi banda».

«La música moderna está institucionalizada»

Tres discos temáticos con diez canciones y 32 minutos de duración cada uno. Así es Triplicate, un álbum triple de versiones de temas clásicos de la tradición musical de Norteamérica. «Es mejor que se publiquen todos al mismo tiempo porque temáticamente están interconectados: uno es la secuela del otro y cada uno resuelve el anterior», afirma Dylan, que asegura que detrás de la elección también hay algo de simbología numérica y de ajuste de cuentas con su propia carrera. Sobre el diez, afirma, «es el número del fin; es un número afortunado y símbolo de la luz». Para los 32 minutos de duración tiene otra explicación: «Mis discos siempre han estado sobrecargados en ambas caras. Demasiados minutos para grabar o masterizar de forma adecuada. Mis canciones eran demasiado largas y no encajaban en el formato de audio de un LP [...] Así que estos cedés representan para mí los LP que debería haber hecho». 

El disco incluye, entre otras, versiones de clásicos como Stormy Weather, September of My Years, As Time Goes By, How Deep is the Ocean y The Best Is Yet To Come. «Estas canciones son algunas de las más desgarradoras que se han grabado y quería hacerles justicia. Ahora que he vivido a través de ellas las entiendo mucho mejor [...] La música y las canciones modernas están tan institucionalizadas que no te das cuenta. Estas canciones son frías y perspicaces, hay un realismo directo en ellas, fe en la vida ordinaria como en los inicios del rock and roll», elogia el músico. 

Niega, no obstante, que este sea un disco nostálgico: «No es un viaje por el camino de los recuerdos o un anhelo de los viejos tiempos y los recuerdos que ya no existen». Asegura que estas canciones están llenas de versos que él nunca habría compuesto. «Me alegro de que alguien los haya escrito; yo nunca lo haría», confiesa.

En la charla Bob Dylan cuenta también cuál es la razón por la cual en los últimos años suele tocar más el piano que la guitarra sobre el escenario: «La toco [la guitarra] en las pruebas de sonido y en casa, pero la química es mejor cuando me siento al piano».

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