«El coro de la Fundación Princesa es amateur pero tiene un nivel internacional»

El director de orquesta portugués ha pasado dos días en Asturias preparando con la agrupación la Novena Sinfonía de Beethoven, que interpretarán en Lisboa el día 30 de abril

El director de orquesta Pedro Amaral
El director de orquesta Pedro Amaral

Redacción

Asturias cada día es más internacional en el mundo de la cultura en gran número de disciplinas. En esta ocasión, el protagonista es el canto a través del coro de la Fundación Princesa. La agrupación interpretará dos piezas en el seno del festival Días da Música 2017. Letras da Música, que se celebra en Lisboa. Una de ellas será la Novena Sinforía de Beethoven, bajo la batuta del director de orquesta Pedro Amaral (Lisboa, 1972), un músico con una dilatada y trayectoria internacional llena de colaboraciones y reconocimientos. El director y compositor ha estado visitando la capital del Principado durante estos días para preparar y perfilar los ensayos de una pieza con un alto grado de dificultad de interpretación vocal con el objetivo, a todas luces, de que el coro asturiano deje impresionados a todos los lisboetas y visitantes.  

-En primer lugar, descríbamos un poco el trabajo con el coro y cómo está siendo.

-Estoy preparando al coro de la Fundacion Princesa para la representación de la Novena Sinfonía de Beethoven, que presentaremos en el festival Días da Música, en el Centro Cultural Belem, en Lisboa. La función de un director es tener una visión de la obra y voy a preparar con el coro la interpretación que quiero proponer. El coro está técnicamente muy preparado, pero se pueden dar mil interpretaciones diversas de una obra dependiendo del músico. Está siendo un trabajo muy productivo porque el coro se adapta muy fácil y rápidamente.

-¿Es el primer contacto que tiene con el coro de la Fundación Princesa o ya se conocían?

-¿Personalmente? Sí. Ya hicieron un concierto con mi orquesta, pero yo no les dirigí. Es la primera vez que trabajo directamente con ellos

-¿Cómo surgió la idea de la colaboración con este coro asturiano?

-Es una propuesta del Centro Cultural Belem, responsable del festival, que conoce al coro, al que ha sido invitado otras dos veces. Una vez con mi orquesta y otra a capella haciendo un muy buen trabajo, porque tiene calidad internacional aunque sea amateur. Prefiero la manera de decirlo en portugués, amador, que da el sentido de amar. No es posible ser amateur sin amar lo que se hace.

-¿Qué cualidad destacaría de la agrupación?

-Está muy bien preparado técnicamente y tiene una gran capacidad de adaptación a las ideas de un director. Es una mezcla entre un grado de técnica elevado y flexibilidad. Parece una paradoja, pero cuanto más preparado estás técnicamente, más flexible puedes ser a las ideas que te proponen. Si conoces muy bien gramaticalmente una lengua puedes escribir poesía, si no la hablas pues es difícil.

-¿Cuántos ensayos hay previstos?

-Estos dos días en Oviedo. Además, tenemos un día de preparación en Lisboa y el ensayo general. Todavía continuarán trabajando aquí con el director del coro, quien es muy competente, y ha anotado todas las indicaciones en la partitura. Trabajará todavía algunos ensayos con el coro de acuerdo a estas ideas.

-Para el público profano en la materia, ¿podría explicar cuál es el grado de dificultad de la Novena Sinfonía de Beethoven?

-Las obras de Beethoven están poco adaptadas a la voz, él escribía para los instrumentos. Al final de la Novena hay un pasaje para el coro, especialmente para los bajos, con arpegios dificilísimos de cantar. Es increíble que este coro lo haga maravillosamente. La segunda dificultad es la de transmitir el texto y que sea comprensible, porque las letras de Beethoven no son favorables para ello. Si intentas cantar un texto en un extremo muy agudo o muy grave no se entiende lo que dices, para comprender un texto silábicamente es necesaria una vocalidad confortable. Esta sinfonía tiene en la última parte, en el cuarto movimiento, una representación musical de un poema impresionante de Schiller. Es un poema con una ética, verticalidad y mensaje filosófico extraordinarios. Transmite un mensaje profundo, humanista, que nos toca a todos y habla de que «los hombres deben darse las manos y que el más humilde es igual que el rey». Nuestro escritor José Saramago, que aunque portugués es ibérico, decía que «esta sinfonía es raramente llamada la Novena, ya que es la primera sinfonía de la Humanidad». Esta idea de que los hombres son iguales hace que Beethoven confíe a los últimos de los instrumentos, los más humildes de las funciones instrumentales, papeles solistas. Hay, por ejemplo, un no largo, larguísimo solo de cuarta tromba. Es realmente un movimiento donde este instrumento llega a su apoteosis. Beethoven no lo confió a la tercera tromba; ni a la primera, que es el instrumento rey de este grupo. Lo hizo al más humilde de ellos. Tiene también muchas representaciones musicales directas. Cuando el poema habla de «el toldo de estrellas», Beethoven representa el pulsar de estas con ritmos muy cercanos entre sí pero no exactamente iguales, y transmite esa sensación. Después, también toda la parte de la representación entre lo masculino y femenino, aunque el poema de Schiller, visto desde hoy, puede ser sexista. Habla a los hombres, podemos decir a la Humanidad, pero dice «feliz aquél que tiene una mujer a la que amar». Es una visión sexista, pero no tienen ninguna relevancia porque es totalmente anacrónica. La cuestión es que cuando Beethoven coloca esos versos en escena no da el mismo carácter al cantar un hombre o una mujer.

-Ha trabajado muchísimo fuera de Portugal, ¿qué hay de sus trabajos en España?

-He estado, sobre todo, en Francia y Alemania, en España he trabajado menos. Hace unos años hice una gira dedicada a un compositor español contemporáneo al que conocí personalmente en mi juventud, Enrique Macías, desgraciadamente fallecido muy joven. Un compositor gallego extraordinario, que tenía una carrera internacional importante. El año pasado la orquesta de Porto también interpretó una obra mía en Madrid, en el Auditorio Nacional. También dirigí hace años el Festival de Valencia. Tengo algunas colaboraciones, pero nada continuado en el tiempo.

-En cuanto al desarrollo de su carrera, ¿por qué eligió ser músico?

-Es difícil de decir. Desde la perspectiva psicoanalítica lo interesante en el compositor es estar delante estas cosas totalmente dispersas, que son las notas de música, y crear algo con orden. Si quieres, freudianamente, la necesitad de ordenar lo que es caótico es probablemente lo que me impulsó, fue muy pronto cuando decidí ser compositor. Luego, dentro de la música, me he decantado por distintas funciones. Soy profesor universitario, aunque ahora mismo no ejerzo, dirijo artísticamente la orquesta, soy director… La dirección es muy interesante, porque es la creación de una temporada coherente e interesante para público y músicos. La gestión de recursos humanos también, dirigir un grupo de músicos es difícil porque son personas muy sensibles, pero me gusta mucho esa actividad. Todo ello son expresiones mi eje central, que es la composición.

-Compone, dirige y colabora con muchas orquestas. ¿Cómo compagina tanta actividad?

-No es fácil. Cuando estoy dirigiendo, en esos periodos, tengo que tener una rutina de 4 ó 5 horas para preparar las obras. Para el Zaratustra de Strauss trabajaba así. Por la mañana, entre las 5 ó 6 y 9 ó 10. Cuando compongo es difícil dirigir la orquesta, porque la cabeza piensa de otra forma; el compositor piensa para dentro y el director piensa para fuera. La gran dificultad es conjugar ambas cosas. Prefiero separar, tengo periodos en donde compongo y periodos en donde dirijo. Las dos cosas a la vez son imposibles para mí. 

-¿En qué punto de su carrera diría que se encuentra?

-No lo sé, no lo sé (risas). En mi juventud tenía mucha prisa por alcanzar rápidamente el estatus de músico profesional. Era claramente lo que quería y mis años de juventud pasaron demasiado deprisa pensando en ese objetivo. Una vez logrado soy menos previsible y calculo menos. Confío más en el destino. Hay proyectos que voy a hacer tanto a nivel de composición como de dirección de orquesta, pero sé que tengo tiempo y no programo mi vida como lo hacía hace 20 años.

-¿Entonces se puede decir que se ha convertido en un improvisador?

-Hago improvisación controlada, que son las mejores. Como decía Miles Davis, «las mejores improvisaciones son las que preparas más en serio».

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