Rescatan la obra mayor de Margaret Atwood, al tiempo que se estrena su adaptación televisiva

El sello Salamandra reedita de forma oportuna «El cuento de la criada», una dura distopía de gran carga feminista

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Redacción / La Voz

Un día después del estreno el pasado miércoles en el canal HBO España de la serie El cuento de la criada [The Handmaid’s Tale], adaptación realizada por Bruce Miller sobre la novela de Margaret Atwood (Ottawa, 1939), el sello barcelonés Salamandra llevó de nuevo a las librerías esta obra mayor de la gran escritora canadiense, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008, que había editado originalmente en castellano Seix Barral hace ahora 30 años, allá por 1987. Salamandra rescata aquella traducción de Elsa Mateo y le incorpora una introducción de la propia autora, en la que valora la vigencia del texto, que parece incuestionable pese a que fue escrito entre 1984 y 1985, con el muro de Berlín y la Unión Soviética todavía en pie. Aunque apunta excelentes maneras en los tres episodios que HBO -compañía del grupo Time Warner- ha puesto a disposición del usuario, habrá que ver si la recreación televisiva está finalmente a la altura de la narración que la inspira; y es que en 1990 el realizador alemán Volker Schlöndorff llevó la novela al cine sin demasiada fortuna, pese a contar con el prestigioso dramaturgo británico Harold Pinter en la confección del guion.

Atwood admite en su introducción que incluso para ella la idea de partida resultaba excesiva: unos Estados Unidos en que ha triunfado un golpe de Estado que pone fin a su democracia liberal e impone una dictadura teocrática, un régimen fundamentalista en el que la mujer pasa a ser socialmente considerada un ser inferior, casi una mercancía, o un mero ente gestante. Pero hete aquí que el mundo está hoy en plena involución ideológica -con la figura de Donald Trump como estandarte- y la ficción, aunque no la alientan aspiraciones futuristas, ya no parece descabellada. Esta dura distopía de gran carga feminista y aires apocalípticos es una novela perfectamente actual, una de las cimas de la producción de esta eterna candidata al Nobel y una obra de culto que en verdad atesora las condiciones de un clásico.

La República fundamentalista de Gilead, a medio camino entre Orwell y Bradbury

La mujer ha sido reducida por los jerarcas de la república fundamentalista cristina de Gilead a un ser dominado que apenas aporta a esta sociedad patriarcal su capacidad para alumbrar nuevas vidas, especialmente las designadas como criadas, a las que se obliga a cubrirse con hábito rojo («del color de la sangre») y una cofia o gorrito blanco. Es decir, la mujer confinada de nuevo en el silencio oprobioso del hogar, y bajo el control del hombre. Las criadas incluso han perdido su nombre, como último rastro a destruir de su conciencia individual. La rebelión interior sin embargo es difícil acallarla. La protagonista, Defred, se agarra a ese clavo ardiendo: el pensamiento y el deseo no pueden anularse.

Atwood alude en su prólogo a los temores desatados tras la victoria de Trump en las elecciones, pero concluye deseando que sus (lúcidas) profecías literarias, a medio camino entre Orwell y Bradbury, yerren el tiro.

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