Soledad Liaño comisaría junto a Manuel Borja-Villel la exposición que el Reina Sofía dedicará al flamante Premio Princesa junto a su director justo después de la entrega del galardón
05 may 2017 . Actualizado a las 07:27 h.Si William Kentridge, el flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes 2017, no es quizá todo lo conocido en España como sus muchas virtudes artísticas lo merecen, eso cambiará sin duda en las dos últimas semanas del mes de octubre de este año. Una feliz conjunción hará que el creador sudafricano sea protagonista a lo grande y por partida doble. A los actos en torno a la recepción del premio, que se celebrarán como de costumbre en esa quincena, se unirá la inauguración el día 31 de la gran exposición que le dedicará el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que será comisariada conjuntamente por su director, Manuel Borja-Villel -que hizo lo propio en la que dedicó al johannesburgués el MACBA en 1999- y por Soledad Liaño. La especialista traza un perfil del artista y anticipa los contenidos de la muestra que prepara.
-Una exposición a la que este premio a Kentridge le viene de perlas...
-Ya lo creo. Estamos encantados. Es un artista maravilloso, un virtuoso, es un lujo trabajar con él, y encima con la noticia de este premio tan oportuno y tan pertinente, Estamos encantados, inisto: por él, por nosotros y por todos.
-¿Un retrato rápido de William Kentridge para el lego absoluto?
-William Kentridge es un artista sudafricano muy consolidado en la escena internacional desde finales de los noventa, sobre todo a raíz de su participación en la Documenta de Kassel, que lo popularizó. Desde entonces, su carrera ha sido meteórica y ha hecho exposiciones por todo el mundo. Justamente por eso, nosotros queríamos centrarnos en esta exposición, en la que llevamos ya trabajando más de dos años, en su obra relacionada con la escena porque él, entre otras cosas, ha trabajado como director en muchas obras de teatro. Empezó trabajando con la Handspring Puppet Company, y en los últimos años, desde 2009, ha estado haciendo varias coproducciones con la Metropolitan Opera House. La idea de la exposición es centrarnos en el origen de su trabajo en general, y en el modo en que su trabajo, llamémoslo «plástico», ha derivado en obra escénica.
-Porque lo que debe quedar claro es que es un artista de muchas facetas, todas ellas conectadas entre sí, no un mero artista plástico que colabora con el teatro o la ópera.
-Exactamente. No es que esos trabajos corran en paralelo, es que ha ido conectado todas esas facetas y está entretejiéndose continuamente.
-O sea, que todo alimenta a todo.
-Exacto, los dibujos que ahora podemos ver como piezas independientes han sido el telón de fondo de varias obras de teatro o varias óperas, del mismo modo que el trabajo que ahora puedes conocer en forma de instalación es una coda de trabajos que fueron igualmente teatro u ópera.
-Pero ¿qué hay en la raíz de todo ello? ¿Qué es lo que mueve toda esa maraña creativa?
-Esa es la cuestión: qué fue antes, el huevo o la gallina. Pues... no lo sé. Él pasó un año en su época de estudiante en la escuela de teatro de Jacques Lecoq haciendo mimo, pero previamente había estudiado artes plásticas y había hecho cine… Al no saber por qué decidirse, la solución que encontró fue no renunciar a nada sino conciliarlo todo. En su trabajo no se puede entender una cosa sin la otra.
-¿En qué dirección trabaja ahora mismo? Hace un año veíamos una intervención impresionante en Roma.
-Esa obra era una performance escénica y al mismo tiempo era dibujo. Y hace dos años estaba estrenando Lulu, la ópera de Alban Berg. Y ahora está a punto de estrenar un Woyzeck en Salzburgo. Pero al mismo tiempo, de Lulú han salido infinitos dibujos y una obra que independiente, consecuencia de ese otro trabajo escénico… No se puede separar. Justamente lo que pretendemos defender o mostrar, nuestra tesis de la exposición: que la obra plástica y la escénica de William Kentridge no se pueden entender una sin la otra. Es el mismo discurso.
-Lo que se suele llamar un artista total, aquel sueño de Wagner y del siglo XIX.
-Absolutamente. Es muy siglo XIX en algunas cosas, como su interés por el proto-cine. Su propio trabajo es envolvente. Es precisamente lo que queremos mostrar en la exposición, la primera centrada exclusivamente en su obra escénica, el origen y el final de ella.
-Además, podremos disfrutar de un gran comunicador.
-Claro, él era actor. De hecho, el día después de la inauguración, hará una performance que ya hizo en Londres el año pasado, que es una conferencia en la que también actúa. A él le encanta actuar.