Las arrugas hiperrealistas de Arnold

eduardo galán blanco

CULTURA

«Aftermath» es de verdad atípica en el sistema de producción actual del cine norteamericano

05 may 2017 . Actualizado a las 07:38 h.

Atención, aquellos que entren en el cine a ver una de Arnold Schwarzenegger saldrán con la idea de que los han timado. Nada de acción, nada de thriller sincopado. La narración pausada, la sencillez de estilo, el guion sin trampa alguna -escrito por el español Javier Gullón- y un ritmo tirando a moroso, sorprenderán al espectador no avisado. Desesperados, los perplejos fans del viejo estilo Conan aún tendrán alguna esperanza cuando los abogados de la compañía aérea le ofrecen ciento sesenta mil dólares a Arnold, como indemnización por el accidente de aviación que causó las muertes de su mujer, hija y nieta -aún en el vientre de su madre-, que son tres de entre las cientos de víctimas que perecieron por el choque de dos aviones en el aire. En ese momento, algún ingenuo -así se lo oímos formular a un vecino de butaca- todavía confía en que Schwarzie se líe a repartir leña a los jóvenes leguleyos insensibles que se atreven a peritar vidas con dinero, mirándole con ironía desafiante. Pero no. El héroe se ve cansado y se retira con la foto de la familia en la mano.

La película es de verdad atípica en el sistema de producción actual del cine norteamericano. Menos de diez millones de dólares de presupuesto y van y escogen a una exestrella del cine de acción para el papel de un hombre que solo quieren que le pidan perdón. Lo retratan con una luz mortecina y al tiempo hiperrealista, casi médica, que permite catalogar sus arrugas. El controlador aéreo sobre el que recaen las sospechas, y al que el protagonista quiere pedir explicaciones, es un ignoto actor secundario -Scott McNairy- que, como su colega, tampoco se permite muchas alegrías interpretativas.

Ya nos avisaron los autores en los primeros minutos, con el septuagenario Terminator renqueando por una obra, tocado con casco de capataz albañil, o haciendo sus abluciones con gorrito de ducha. Una historia de venganza es una tosca película de espíritu naturalista, en realidad casi mineral, carente de cualquier atisbo de epopeya y que circulará por las pantallas como un fantasma. Y, aun así, hay algo en ella...