«Hasta los años 70, la sociedad española no conocía más que los coros y danzas de la sección femenina» afirma Mercedes Martínez, profesora de danza clásica y contemporánea en Taller 3
07 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.La sociedad española es un animal de costumbres, se resiste al cambio. El caso de la danza masculina no está exento de ello; en pleno siglo XXI, siguen siendo muchos los constructos sociales que pueden llegar a dificultar o hacer más amargo, el camino de un niño que decida dejar de lado el balón de fútbol y decida decantarse por la danza. Desde la Escuela de Artes Escénicas y Plásticas de Oviedo (Taller 3), Natalia Moñino afirma que, desafortunadamente, en la mayoría de casos,«para ser chico y bailar hay que seguir siendo valiente». La profesora de danzas urbanas destaca que, a pesar de existir una mayor visibilidad de la danza dentro de series o programas de televisión, en estos se siguen manteniendo ciertos roles y estereotipos que etiquetan los distintos estilos como «más de chicos o más de chicas». Moñino señala al sistema educativo y, en ocasiones a las propias familias, como responsables de la perpetuación de los estigmas hacia los bailarines masculinos. Un ejemplo ilustrativo ocurre cuando imparte clases de danzas en colegios dentro de horas lectivas obligatorias. «El profesor se ve con la obligación de aclarar que no es danza «de esa de así», mientras realiza una ridícula pose de bailarina, “sino que es de rollo hip hopero». Esta es tan solo una muestra como la oxidada concepción de la danza clásica como algo asociado a la feminidad, producto de la ignorancia y el desconocimiento, puede llevar a comentarios que echen atrás a un niño interesado en iniciarse en ella. Mercedes Martínez, profesora de danza clásica y contemporánea de Taller 3 afirma que parte de estos clichés son entendibles cuando echamos la vista atrás a la historia de nuestro país: «Hasta los años 70 la sociedad española no tenía mucho contacto con la danza masculina, conocíamos los coros y danzas de la sección femenina y poco más. Esta es una de las razones principales de la gran diferencia en cuanto a la concepción del bailarín en España en comparación a otros países como puede ser Rusia»
Elisa Novo, directora de la Escuela de Danza Elisa y presidenta de la Asociación de Profesionales de la Danza en Asturias, argumenta en la misma línea; la presencia masculina en las aulas sigue siendo baja. Se nota la evolución, pero a pasos muy lentos «En 20 años, por mi escuela han pasado unos 20 chicos en total; a día de hoy en cada clase pueden llegar a ser unos 2 o 3». No obstante, afirma que, los niños cada vez se encuentran con menos problemas a la hora de introducirse en el mundo de la danza, pero verifica que aún existen ciertas presiones, «más por parte de los compañeros del colegio que de la familia». Para Novo, ha habido una evolución, pero a cuentagotas. Juan Martín, profesor de técnica masculina en el Conservatorio Profesional de Danza de Asturias, coincide en destacar la escasez de alumnado, siendo solo 4 los chicos matriculados en la institución; "me parece sorprendente que Asturias siga estancada de esta manera". Explica que, contrario a la mentalidad popular, hasta el Renacimiento, la figura masculina era prácticamente la única existente. No fue hasta entrado el Romanticismo cuando la imagen estereotípica de la bailarina solista con tutú y moño alto se integró en el léxico mental de la sociedad. Comparte con sus colegas de profesión que en la sociedad española el bailarín sigue contando con obstáculos y dificultades.
La situación no es fácil ni para ellos ni para ellas. Novo apunta que en España es difícil bailar para todos, y sobre todo en Asturias, donde no hay oportunidades para terminar la formación. Esta escasez de medios formativos se está intentando atajar desde el Conservatorio donde se plantea organizar un grado elemental, empezando la instrucción a los 8 años y escuelas como Taller 3 tratan de acercar las artes a los colegios más alejados de la capital como Latores u Olloniego donde, ya sea dentro de las horas lectivas o dentro del marco extraescolar, proponen distintas perspectivas de la danza y el teatro a los más pequeños.