Saltantes estrena una tragedia actual con ETA al fondo producida en La Laboral

La compañía asturiana lleva al Campoamor «Las canciones que les cantaban a los niños», obra de Raúl Dans que ha desarrollado en Residencia de Producción en la Ciudad de la Cultura

Saltantes Teatro, en la presentación de su nuevo montaje en Oviedo
Saltantes Teatro, en la presentación de su nuevo montaje en Oviedo

Gijón

El estreno será hoy en el teatro Campoamor de Oviedo, pero versión de Las canciones que les cantaban a los niños que ha montado la compañía asturiana Saltantes Teatro se ha cocinado en La Laboral de Gijón. Allí, en una de sus Residencias de Producción, se ha desarrollado todo el proceso que ha desembocado en la puesta en escena de lo que el grupo describe como «una tragedia contemporánea» a partir del texto del dramaturgo gallego Raúl Dans que obtuvo hace dos años el premio Jardiel Poncela que concede la SGAE. Se trata de una historia sobre padres, hijos, fracturas personales y fracturas aún más profundas en el contexto del fin de ETA, en cuya interpretación echarán el resto Luis Alija, Nerea Vázquez, Sandro Cordero y Ángeles Arenas. 

La obra recibió una Residencia de Producción del Programa de Artes Escénicas en Residencia de Laboral Ciudad de la Cultura. Este programa forma parte de la actividad del Centro de Recursos Escénicos, un proyecto con sede en la Laboral que ofrece apoyo a la creación artística de las compañías profesionales asturianas, poniendo a su disposición recursos económicos, instalaciones y medios técnicos que impulsen la creación escénica de profesionales de la región.

Las canciones que les cantaban a los niños, muestra el choque de dos mundos personalizado en los protagonistas: Rosalía, una presa de ETA que acaba de salir de prisión después de cumplir su condena y en su reencuentro con su nueva vida se topa con Brais, un joven que lleva años tratando de conocer el secreto que se esconde tras la desaparición de su madre cuando él tenía dos años, y que en realidad fue víctima de un atentado de ETA. La intensidad emocional, la fuerza trágica de la historia y una disciplina actoral que busca en la contención su mejor baza son las claves de esta adaptación de una obra que pone en manos del espectador los juicios y, quizá, las sentencias sobre los personajes.

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