El convulso Egipto en un furgón

CULTURA

«Eshtebak», de Mohamed Diab, es realmente un filme a considerar, consecuencia de un director con talento y con mirada propia

08 jun 2017 . Actualizado a las 07:47 h.

Ya en su ópera prima de seis años antes, El Cairo, 678, el guionista y director Mohamed Diab anticipaba las dos balizas entre las que sitúa su cine y que ahora se confirman con Clash (Eshtebak). En la temática, su interés por lo social y por las tramas que afectan a la gente, incluidas sus derivadas políticas en un país férreamente controlado por la censura. En aquella película era el caso real de tres mujeres sometidas a acoso sexual que optan por reaccionar al sentirse desamparadas por las autoridades, obviamente tiznadas de machismo. Ahora es el turno de la convulsión que supuso la destitución del presidente islamista Morsi, después de la llamada primavera árabe, a cargo de una junta militar en julio del 2013, con Adly Mansour al frente. Como era previsible, Diab no toca ese tema por las bravas, pero está muy presente en su recreación de los disturbios que en aquellos días sacaron a la calle a miles de ciudadanos, sobre todo en El Cairo.

El asfixiante furgón policial en el que se hacinan los numerosos detenidos que van cayendo durante las manifestaciones representa la pluralidad social y política de un país estremecido. Y entre sus paredes se reproducen los conflictos del día a día, quizá con un mensaje final de esperanza y en favor de una concordia que, a la vista está, parece imposible. La otra baliza será la del estilo, la del espacio único y cerrado que la cámara transmite con soltura, sostenida sobre una planificación muy medida, una foto muy realista -de textura próxima al documental-, un sentido del ritmo adecuado, unos diálogos pulidos, y un reparto que transmite la pluralidad de la sociedad egipcia, sin descartar a los propios militares, uno de cuyos reclutas acabará también dentro del furgón al sucumbir a la solidaridad. Súmese a todo una muy medida objetividad, como invitando al espectador a extraer sus propias consecuencias. Cine digno, cuya modestia de medios es administrada con envidiable inteligencia, otra consecuencia de un director con talento y con mirada propia. Realmente, un filme a considerar.