Un vagabundo convierte su historia en un best seller

La Voz

CULTURA

El indigente, que contó con la ayuda del exministro francés Jean-Louis Debré, ha conseguido un techo gracias a los derechos de autor de su obra, de la que se han vendido 40.000 ejemplares, pero sigue pidiendo limosna para poder mantenerse

12 jun 2017 . Actualizado a las 18:02 h.

Después de 25 años pidiendo en la calle, la vida de Jean Marie Roughol comenzó a cambiar el día en el que se ofreció a cuidar la bicicleta de un ciclista en los Campos Elíseos, en París, en el año 2013. En lugar de alejarse del vagabundo, como hacían muchos, el propietario del vehículo aceptó el ofrecimiento y lo dejó al cuidado de Roughol. Se trataba del exministro de Interior y presidente del Consejo Constitucional francés, Jean-Louis Debré, al que reconoció una pareja que caminaba por la calle cuando fue a recuperar su bicicleta. «Se puso a hablar conmigo muy simpático y oyó que un hombre que salía le dijo a su pareja: '¡Mira, Debré está hablando con un vagabundo!' Eso le molestó y me dijo: Escucha, Jean Marie, yo creo que tú tienes muchas más cosas que contar que esa gente. Escríbeme tu historia. Escríbeme tu vida. Escríbeme un libro. Yo lo corregiré y encontraré un editor», relató Roughol en una entrevista concedida a El País.

 El vagabundo aceptó el encargo del exministro y desde entonces comenzó a cargar en su mochila con cuadernos que iba escribiendo en la calle, en un café, en un parque... donde contaba la dura historia de su vida, cuya infancia estuvo marcada por los malos tratos y por el alcoholismo de su padre. Transcurrido un año y medio de repasar sus viviencias, Roughol, de 53 años, tenía tres libretas llenas de experiencias y llamó a Debré para entregárselas. 

Como le había prometido, el exministro comenzó a trabajar en los textos y lo hizo mano a mano con Roughol, con el que mantuvo varias entrevistas que le sirvieron para enriquecer el libro. De ese intenso trabajo, salió el libro de memorias Je tape la manche: Une vie dans la rue (Pido limosna: una vida en la calle), una obra que se convirtó en superventas en Francia y fue traducida a varios idiomas, entre ellos el chino.

Los más de 40.000 ejemplares vendidos, permitieron a Roughol soñar con un horizonte nuevo, aunque no fue hasta el año pasado, cuando cobró el dinero de los derechos de autor, cuando pudo permitirse dejar de vivir en la calle y alquilar un pequeño estudio, donde dormir caliente y tomarse un café a placer. Aun así, Roughol no ha dejado la calle, que sigue siendo su espacio de trabajo. Consciente de que el dinero del libro no le garantiza el sustento de por vida, el vagabundo sigue pidiendo limosna con un vaso de cartón, el mismo método que -gracias al azar- le abrió la puerta a su nueva vida.