«Las ondas gravitacionales permitirán escuchar el primer eco del universo»

El físico gallego Juan Calderón Bustillo es miembro del experimento LIGO, premiado con el Princesa de Asturias de Investigación


redacción / la voz

Al físico gallego Juan Calderón Bustillo (Silleda, 1988) le corresponde una parte del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica. El galardón reconoce de forma especial a Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry Barish, los tres artífices de la detección de ondas gravitacionales, las alteraciones del espacio-tiempo predichas hace cien años por Albert Einstein, un hallazgo que revolucionará la astronomía, ya que permitirá no solo ver el universo, sino también escucharlo. Es una ventana al cosmos oscuro e inexplorado. Pero también distingue a todo el equipo del experimento LIGO que lo hizo posible, en el que se encuentra Bustillo. Primero desde España, en el grupo de la Universidad de las Islas Baleares, donde participó en la primera de las tres detecciones de las ondas gravitacionales, y, desde el año pasado, en Estados Unidos, en el Instituto Tecnológico de Georgia.

-Le ha tocado una parte del Princesa de Asturias.

-Es una alegría muy grande que se reconozca el logro de toda la colaboración LIGO y, a título personal, es un honor compartir un pequeño pedazo del premio con tantos grandes científicos.

-¿El siguiente reconocimiento será el Premio Nobel?

-Esto puede ser la antesala del Nobel, pero también se decía que nos lo iban a dar el año pasado. Lo normal es que desde que haces un hallazgo a que te den el Nobel pasen años, por lo que no me atrevo a aventurar en qué momento caerá.

-Las tres detecciones de ondas gravitacionales realizadas hasta el momento fueron en agujeros negros binarios. ¿Será posible localizarla en otros fenómenos cósmicos?

-Ahora mismo, mi labor se está centrando en mejorar la eficiencia de nuestras búsquedas de agujeros negros binarios. Hasta ahora, los tres que hemos detectado tienen en común que las masas de sus componentes son muy parecidas entre ellas y que la masa total de la binaria está por debajo de 100 veces la masa del sol. Pero queremos comenzar a detectar fuentes de ondas gravitacionales más exóticas que estas, especialmente fuentes con masas muy desiguales, que se conocen como agujeros negros binarios de masa intermedia. Creemos que para lograr esto es necesario modificar de modo sustancial la manera en la que analizamos nuestros datos. Esto es lo que estoy haciendo conjuntamente con colaboradores del Instituto Albert Einstein Institutos de Hannover y del de Postdam.

-La observación actual del universo a través de distintas formas de radiación electromagnética solo permiten retrotraernos a sus primeros 380.000 años. La astronomía gravitacional nos permitirá escuchar el primer eco del cosmos tras el «big bang».

-Sí, eso esperamos. Las ondas gravitacionales nos permitirán oír los primeros ecos del universo. Pero no con los observatorios terrestres. Para ello tendremos que esperar a la instalación de detectores en el espacio.

-¿Por qué dicen que la astronomía gravitacional supondrá una enorme revolución?

- Porque con los telescopios actuales no podemos ver gran parte del universo. Los agujeros negros no se pueden ver, pero sí escuchar a través de las ondas gravitacionales, que son una puerta al universo oscuro. Estas nos permiten testar hasta sus últimas consecuencias la teoría general de la relatividad de Einstein, en situaciones en las que el espacio-tiempo se deforma de las maneras más violentas posibles. La llevaremos a su límite.

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¿Por qué son tan importantes las ondas gravitacionales? La observación de este fenómeno predicho por Einstein hace un siglo ha generado una auténtica revolución en la ciencia. Los fundadores del experimento LIGO acaban de recibir el Premio Princesa de Asturias de Investigación

El jurado destaca que el hallazgo es un «hito en la historia de la física»

Imagínese que el universo es como una gigantesca cama elástica que representa el tejido espacio-tiempo. Solo que esta tela no es uniforme, sino que está curvada, deformada por masas aceleradas que actúan sobre ella. La gravedad es el producto de esa curvatura, como si fuera la abolladura que sobre la imaginaria cama elástica produce un niño dando botes al estirarla y comprimirla. En el espacio, esta acción está provocada por los acontecimientos más violentos, como la fusión de agujeros negros o la explosión de supernovas. Su huella son las ondas gravitacionales, que hacen que el tejido espacio tiempo vibre como un tambor y que se propagan en todas las direcciones del universo viajando a la velocidad de la luz. Estas ondulaciones, predichas por Einstein hace cien años, fueron las captadas por el experimento LIGO. Y es lo que le ha valido el Princesa de Asturias de Investigación.

«Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales en 1916 y las detectamos cien años después. Ahora tenemos la perspectiva emocionante de ver el universo de una manera totalmente nueva. ¿Quién sabe qué maravillas encontraremos?», se preguntó ayer Barry Barish , uno de los tres grandes artífices de la detección.

El jurado destaca que el hallazgo «ha supuesto un hito en la historia de la física al confirmar la predicción de Einstein y ha marcado el inicio de un nuevo campo de la astronomía».

El esfuerzo colectivo que permitió detectar las ondas gravitacionales se lleva el galardón de Investigación

J. C. G.

El jurado premia en Rainer Weiss, Kip S. Thorne, Barry Barish y el Proyecto LIGO «el talento individual y la obra colectiva de más de mil investigadores» que confirmó las predicciones de Einstein y abre «nuevas ventanas al espacio-tiempo»

El Proyecto LIGO, que permitió detectar por primera vez de forma directa las ondas gravitacionales, y sus responsables -los físicos Rainer Weiss, Kip S. Thorne, Barry C. Barish- han sido galardonados con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2017. Pero es, ante todo, un galardón para un gran logro colectivo. El jurado ha querido reconocer «el talento individual y la obra colectiva de más de mil invesrigadores de un centenar de instituciones de dieciocho países» en «un reto tecnolóico de primera magnitud».

Las siglas LIGO corresponden al Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales, impulsado por Weiss, Thorne y el recientemente fallecido Ronald Drever para detectar dicho fenómeno: unas ondulaciones en el tejido del espacio-tiempo predichas por Albert Einstein en su Teoría General de la Relatividad hace más de un siglo. 

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Los mejores años de una vida pueden llegar en cualquier momento. Kip Thorne vive su particular edad de oro a los 76. Se nota que está feliz y también muy ocupado porque no se separa de su portátil, que consulta en cuanto tiene un segundo libre. Lo cierto es que tiene muchos motivos para estar contento.

Suena como favorito en la quiniela del próximo Nobel de Física por fundar el experimento LIGO, que ha detectado las ondas gravitacionales, y porque la película Interstellar, que está basada en el trabajo de toda su vida, ha sido un éxito de crítica y público. Ahora prepara una nueva película junto a su colega y buen amigo Stephen Hawking, al que ha homenajeado en el último festival Starmus de Tenerife. Dice que ha aprendido del director del filme, Cristopher Nolan, a no hablar de su próximo proyecto hasta que llegue el momento. Así que no hemos podido sacar nada de información.

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