Asturias sucumbe al «Lado Friki» del ocio y la cultura

Los festivales basados en películas, series, cómics o videojuegos concentran en Oviedo, Gijón y Avilés una oferta estable de ocio y cultura que convoca a cientos de miles de personas


Redacción

Para disfrutar de lo friki ya no hace falta ser friki. El culto ha salido de las catacumbas y ya es universal. Libros, películas, series, cómics y videojuegos que hace apenas unos años eran objeto de devoción entre un grupo relativamente reducido y marginal de forofos se han convertido en materia de consumo generalizado. No es tanto que los frikis hayan salido del armario -que también, y con su propio Orgullo- como que el armario se ha ensanchado tanto como para que en él quepa el público en general; ese que disfruta y consume los contenidos del llamado mainstream bajo el empuje de una industria del entretenimiento cada vez más interconectada y en expansión. Asturias no solo no es una excepción a esta tendencia, sino que se ha convertido en suelo fértil para el Lado Friki del ocio y la cultura. El postfrikismo tiene aquí sedes fijas que el público local abarrota y que también están empezando a atraer atención, más allá del Muro de la Cordillera Cantábrica y las brumas de los mares norteños, hacia este Principado con sus propios reyes, su panteón mítico, su guerras e invasores y sus épicas particulares.  

El Triángulo Friki

El Principado concentra en un territorio relativamente pequeño -el de su triángulo urbano central- una buena cantidad de convocatorias y acontecimientos que confirman que el disperso repertorio de lo friki dispone de su pequeño paraíso en el Principado. Un paraíso cada vez más poblado. Hace solo unos días, la cuarta edición festival Metrópoli Gijón, que mezcla actividades y manifestaciones que tradicionalmente eran patrimonio del frikismo como parte esencial de su menú de diez días, cerraba sus puertas con unas cifras en claro ascenso: 325.000 visitantes la mayor parte de los cuales se repartieron entre las actuaciones musicales y el Comic-Con Metrópoli, la convención de cómic incluida en su programa entre desfiles galácticos, visitas a Hogwarts, inmersiones virtuales en videojuegos, premieres de series televisivas y abundante tráfico de todo tipo de merchandising que saca sus réditos de la imaginación, la fantasía y el ansia por habitar otros mundos.

Pero Metrópoli Gijón no solo es la más multitudinaria, sino también la más reciente  manifestación pública de una marea a la vez cultural y mercantil que ha tenido y tiene otras vigorosas muestras en Asturias, y que mueve a decenas de millares de personas todos los años en convocatorias cada vez se más multidisciplinares y concurridas.  

Martin, en una espicha en 2008 en Gijón, rodeado de Melisandres
Martin, en una espicha en 2008 en Gijón, rodeado de Melisandres

«Martin is Coming» (a la Semana Negra)

Si hay alguien -Tolkien y El Señor de los Anillos aparte- a quien se le pueda atribuir la responsabilidad directa del desbordamiento de lo friki en mainstream, ese es George R. R. Martin. De ahí que una fecha fundancional para este fenómeno en Asturias pueda ser fijaa en julio de 1996: el mes y el año el que un Martin que en España solo conocían los no demasiados devotos de la ciencia-ficción por joyas como Muerte de la luz desembarcaba en la Semana Negra de Gijón como Daenerys Targaryen lo hará mañana en Poniente. Y con el mismo objetivo: reclamar un trono.

Martin venía a Gijón a presentar el primer volumen de una nueva y ambiciosa serie de novelas de fantasía épica. Paco Taibo II, director del festival, las presentaba como el próximo gran acontecimiento de la novela fantástica y profetizaba un autor de las dimensiones de un Tolkien. No solo no se equivocó sino que se quedó corto. El orondo fabulador de New Jersey dejó unos cuantos encandilados entonces. Y de paso ejemplificó la apertura de un festival que hasta entonces era noir y político, pero que fue pionero a la hora de mezclar en su programación este tipo de literatura y sumar al festival a otros referentes universales del frikismo de altura, como el guionista y novelista Neil Gaiman o el polaco Andrzej Sapkowski, autor del magnífico ciclo de Geralt de Rivia que también ha triunfado mundialmente como videojuego (y que tendrá serie en Netflix).

Detalle del cartel del Celsius 232
Detalle del cartel del Celsius 232

De la Semana Negra al Celsius 223

George R. R. Martin volvió a la SN en 2008 ya en loor de multitudes. Pero aún faltaba que HBO convirtiese el éxito literario en la que quizá sea la serie más laureada y quizá la más popular de todos los tiempos. Su regreso en 2012 a Asturias para participar en el avilesino festival Celsius 232 confirmó que el santo patrón de la fantasía contemporánea y el mayor responsable del desbordamiento del friquismo junto con el propio Tolkien y Lucas tenía en Asturias un santuario (que su traductora al español, Cristina Macía, viva desde hace años en Gijón añade un eslabón más con el puerto por el que Martin puso pie en España).

Macía forma además parte de la organización del festival que ha hecho que en Avilés, la fantasía, la ciencia-ficción y todo lo que las rodea genere colas interminables de lectores, abarrote calles o promueva compañeros de salón de actos y también de mesa en banquetes pantagruélicos. La Villa del Adelantado se rindió a la seducción de lo antes-friki a través del festival fundado por el inquieto Jorge Iván Argiz y forjado en el mismo espíritu divulgador y rompetabiques (académicos) que el activista cultural avilesino aprendió durante sus años en la Semana Negra. No solo se trata de lectores rendidos y autores cercanos: en el Celsius hay cosplayers -esos seres humanos que se aderezan primorosamente como sus avatares imaginarios- clases de esgrima antigua, noches cinematográficas indagando en la sombra con Jesús Palacios o, lo dicho, una Comida Pantagruélica que es seguramente el mejor homenaje posible a Martin en un festival por que han pasado otros pesos pesados más recientes de la fantasía y la ciencia ficción como Patrick Rothfuss (Crónica del Asesino de Reyes), Dmitry Glukhovsky (padre de Metro 2033, novela y exitoso videojuego) o Joe Abercrombie.

Cómic de antes del frikismo

Un mercado de 2.900 títulos editados solo el pasado año habla del ascenso de la edición del cómic en España. Aunque aún quede lejos de las cifras de un best-seller literario, el hecho de que una obra del género pueda llegar a vender hasta 20.000 ejemplares -según el cálculo de editores del sector- testimonia a favor de su crecimiento y su expansión después de la crisis, llevado sobre todo en brazos de los mismos superhéroes que dan alegrías a la taquilla cinematográfica, a series y videojuegos. Pero, se lean, se compren o no, lo que narran y muestran los tebeos forma cada vez más parte de la imaginería y los consumos de entretenimiento en el permanente trasvase entre viñetas y pantallas cinematográficas, televisivas o informáticas. El tirón del cómic también se deja sentir en Asturias, y no solo en la reciente Comic-Con Metrópoli, que es la última viñeta de un interés por el cómic que llegó muy tempranamente a Asturias.

Eso sucedió mucho antes de que nadie hubiese pensado siquiera en el frikismo, cuando los superhéroes eran subcultura en papel de baja calidad, el interés por el cómic venía más bien de la universidad, los semiólogos o los intelectuales y se hablaba de cómic adulto. En ese contexto de principios de los 70, cuando la prioridad era sacar al tebeo del armario de los placeres culpables, escudriñar sus entrañas y darle categoría como el arte que es, se plantaron las semillas de lo que sería después el Salón Internacional del Cómic del Principado: una referencia nacional que sobrevivió hasta 2014 vinculada a la longeva y benemérita revista El Wendigo y a la figura tenaz y combativa de Faustino Rodríguez Arbesú.

Dejando entrever una relación que ahora está en plenitud entre cómic y séptimo arte, el germen del Salón echó raíces cerca del Festival Internacional de Cine de Gijón, que entonces lo era aún para la Infancia y la Juventud. Ya en plenitud y autonomía, la nómina de sus invitados se antoja todavía alucinante: Will Eisner, Moebius, Alberto Breccia, el ya citado Neil Gaiman, Gilbert Shelton, Bryan Talbot, Goscinny, Lee Falk y decenas más, entre ellos prácticamente todos los autores que han dado algo a la historieta en España. Su papel para dignificar y divulgar la historieta queda ahí y, no sin un aquel de melancolía, la ilustrísima nómina de sus Premios Haxtur, tan majestuosa como la de los Reyes de Asturias.

Avilés: también cómic

Las Jornadas Internacionales del Cómic Villa de Avilés nacieron bastante después y mantienen en Asturias un formato por así decir «clásico», previo al formato de las actuales Comic-Con, pero fundiéndolo con el mismo espíritu de contacto directo con los autores propio de estas últimas convenciones. No es de extrañar: de nuevo el semillero de cultura popular y desjerarquizada de la Semana Negra estuvo en el origen de una iniciativa que este año cumplirá sus 22. También de nuevo Jorge Iván Argiz -que además fungió como subdirector del FICX en la era Nacho Carballo- está en el impulso de un proyecto en el que entonces le acompañaba Andrea Parissi, y que encontró en un histórico absoluto de la SN, su jefe de programación Ángel de la Calle, el aliado con el que iniciar esa andadura. En el camino, Parissi dejaría el testigo a Germán Menéndez.

Junto al intenso cuerpo-a-cuerpo con los invitados en combinación con contenidos muy especializados, las Jornadas de Avilés se han marcado a menudo con iniciativas como el certamen dedicado hace unos años al cómic gay y lésbico y un programa en el que se incluyen talleres impartidos por los autores... y un partido de fútbol de clausura que hace unos años que no se celebra y muchos echan de menos.

CometCon: la más juvenil y alternativa (o ya no tanto)

Oviedo con brillantez creciente este triángulo asturiano con la más joven y también la de perfil más juvenil de todas estas citas. También seguramente la más genuinamente friki. CometCon -la Convención Juvenil de Cultura y Ocio Alternativo de Asturias- es un acontecimiento en expansión que ha conseguido acercarse a los 20.000 visitantes en su última edición en un escenario tan al caso como el cienciaficcionesco Palacio de Exposiciones y Congresos de Calatrava.

Organizada por la asociación El Eje Asturias, plantea un programa casi frenético y muy participativo, saturado de actividades de lo más variado (algunas de ellas absolutamente novedosas para cualquiera que rebase, pongamos, los 35 o 40 años) y con un núcleo duro basado en el gaming y en competiciones tan vistosas como las de los cosplayers internacionales que animaron la última edición. Sus resultados son un verdadero éxito si se tiene en cuenta el perfil esencialmente juvenil de su oferta en una región con la población más envejecida del planeta. O bien es que sus contenidos en realidad no son ya tan juveniles ni tan alternativos como especifica el nombre de la CometCon.

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