Las mejores historias suceden en verano

Ahí, en esa estación que en «Pedro Páramo» es como una condena, en esa pequeña vida al margen de la vida, transcurren algunos de los episodios mejor armados, más agitados y viscerales de la literatura

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Hay cosas que solo suceden en verano -paréntesis, transición, meta y punto de partida-. Porque el año, ignorando descaradamente al calendario, arranca y se agota en las vacaciones que todo lo ponen patas arriba, cruciales casi siempre, una burbuja forrada de ventosas a las que se adhieren con asombrosa facilidad -como imán al hierro- episodios decisivos y momentos trascendentales, ya sean tragedias o instantes de irrepetible felicidad.

A esta naturaleza mítica y a esta capacidad metamorfoseadora del estío se ha aferrado siempre la literatura para recrear en él algunas de sus mejores historias. ¿Se hubiese destapado en invierno la infidelidad de Anna Karenina? ¿Hubiese accedido Alicia al País de las Maravillas una gélida tarde de diciembre? ¿Habría dado Humbert Humbert rienda suelta a sus pasiones malsanas en Lolita a cinco grados bajo cero? ¿Seguirían los mismos derroteros determinados hechos si en lugar de transcurrir en verano lo hubiesen hecho en una estación fría, anodina, sin mar ni canícula ni asfixia ni sangre en plena ebullición?

Se prestan el sofoco y el sudor para retorcer al lector. La electricidad antes de la tormenta. Los mediodías incandescentes, ámbares, y las noches valientes. Las verbenas, farolillos y los sentidos embotados para armar el más enraizado de los conflictos. El plomo de la siesta y la ligereza posterior, la escampada. La piel dorada y el pelo húmedo para seducir a cualquiera. El trigo reseco de Lorca. Las terrazas y las barcas, y el temblor en el muslo y las flores salvajes de García Montero. Y aquella convicción familiar de Fitzgerald de que la vida comienza de nuevo con el verano.

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CRUCERO DE VERANO

En 1966, Capote se mudó. En su apartamento de Brooklyn dejó abandonada una caja llena de papeles en la que en el 2004 se encontró Crucero de verano, la historia de Grady, una joven de 17 años que se queda sola en su piso de Central Park, donde dará rienda suelta a sus impulsos mientras sus padres hacen un largo viaje por las costas de Europa. 

PRIMERA MEMORIA

Un verano, el de 1936, y tres adolescentes ?Matia, Borja y Manuel? reticentes a abandonar la infancia. Una isla y una guerra, a lo lejos, que acaba de estallar. Lecciones de latín perezosas, rodillas peladas, cigarrillos a escondidas, escapadas en barca, secretos, maldades y las primeras sospechas de que el mundo adulto es la infancia mil veces repetida.

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LA VIUDA EMBARAZADA

Un grupo de veinteañeros pasa sus vacaciones en un castillo italiano. Año 1970, plena revolución sexual. Conduce la historia Keith, un aspirante a poeta superado por sus sueños que, entre proeza y proeza, festiva pasión carnal, exhibe lo que Amis quiere realmente contar: el espectáculo de la decadencia, las secuelas del paso al nuevo orden.

EL EXTRAÑO VERANO DE TOM HARVEY

El protagonista, un músico frustrado de jazz, disfruta en Roma de la mejor noche del verano acompañado de una mujer cuando, de repente, suena el teléfono. El hombre que le llama, al que él ignora sin remordimientos, aparece muerto poco más tarde tras precipitarse desde un balcón. Era el padre de su exnovia. Un clásico y entretenido rompecabezas.

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EL MAR

Tras la muerte de su esposa, un historiador de arte se retira a escribir al pueblo costero irlandés en el que de niño pasó un verano. Allí los recuerdos brotan a borbotones, convertidos en desagüe de la pena, pero también en algo más: una cadena de sensaciones ?desconcierto, fascinación? que recuperan una tragedia y sus consecuentes cicatrices.

HELENA O EL MAR DEL VERANO

Flores, rosquillas, churros y sidra. Con una romería asturiana arranca la sugestiva escritura del dramaturgo Ayesta, que solo escribió una novela, esta. Se alarga durante dos veranos, intercalando entre ellos un invierno apático, para contarnos al detalle el primer amor de la chavalada burguesa de mitad del siglo pasado a orillas del Cantábrico. 

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SON DE MAR

Manuel Vicent ganó el Premio Alfaguara con una deliciosa historia que Bigas Luna llevó al cine dos años después: Ulises llega a una pequeña localidad de la costa mediterránea para impartir clases de literatura y se enamora de Martina. Un día, sale a pescar y no regresa. Con el tiempo, ella rehace su vida hasta que años más tarde recibe una llamada.

EL VERANO DEL INGLÉS

Laura Prats decide dedicarle su verano al inglés, asignatura pendiente, lastre a la hora de trepar en la agencia que firma su nómina. Pone rumbo a Londres y, allí, se encierra en una caserón solitario con una rígida profesora que convierte sus vacaciones en una pesadilla. Una novela ligera que combina, agita y sirve humor, algo de psicosis y mucha ironía.

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EL VERANO SIN HOMBRES

Tras años de matrimonio, Boris le pide a Mia una pausa. Su pausa, en realidad, es francesa y muy joven. Y Mia, tras un brote de locura, regresa ya serena a la ciudad en la que pasó su infancia. Hustvedt nos relata la vuelta a los orígenes de una mujer madura, hecha y derecha, pero prácticamente invisible. Cómo volver a ser uno si tanto tiempo fuiste dos.

CUATRO AMIGOS

Es este un improvisado viaje de vacaciones de cuatro amigos veinteañeros, más gamberros que prudentes, del que se extrae una útil e inolvidable lección sobre el poder de la amistad y la importancia de enfrentarse a la vida cuando vienen mal dadas. Por supuesto, también es una historia de amor que, además, concluye en una aldea gallega.

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BUENOS DÍAS, TRISTEZA

Una lucha implacable entre Cécile, una caprichosa adolescente, y la mujer que un verano, en una hermosa mansión a orillas del Mediterráneo, tambalea el sólido equilibrio que mantiene unidos a hija y padre, viudo. La protagonista, una maquiavélica niña, consciente de su libertad y sus contoneos, hará todo lo posible para no perder lo que es suyo. 

CUATRO HERMANAS

La primera y única novela de Carleton, que Jetta escribió a los 86 años, nos traslada al rural estadounidense, a una granja de Misuri donde vive la familia Soames. La visita de sus hijas es la excusa para desgranar recuerdos, fortalecer vínculos, poner a remojo insatisfacciones y, sobre todo, cercar el secreto. Deshacer el nudo.

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