«Meterse en la piel de otras mujeres es muy gratificante»

La actriz protagoniza junto a Juanjo Artero «La velocidad del otoño», una obra ácida y divertida, este fin de semana en el Teatro Jovellanos

La actriz Lola Herrera presenta sus memorias.
La actriz Lola Herrera presenta sus memorias.

Redacción

Gijón enciende las luces del Teatro Jovellanos este viernes 4 y sábado 5 con «La Velocidad del otoño», una obra ácida y divertida sobre la frugalidad de la vida protagonizada por Lola Herrena y Juanjo Artero. La actriz legendaria, con más de 40 años sobre los escenarios, interpreta a Alejandra, una artista de 79 años que se enfrenta a su familia por el lugar donde va a pasar el resto de los años que le quedan de vida. Herrera cuenta a LA VOZ DE ASTURIAS las claves de esta pieza dirigida por Magüi Mira y los secretos de una profesión «emocionante».

-¿Cómo ve a la Alejandra de «La velocidad del otoño»?

-La veo estupenda, defendiendo su vida, su libertad, su manera de funcionar ante la situación en la que empieza la obra. Es una mujer que siempre ha sido independiente. Ha viajado por el mundo en una época en la que no era muy usual, es una creadora; y ahora, en su vejez, solo quiere hacer las cosas a su aire.

-Entonces, ahora que ya lo ha vivido todo, ¿lo que quiere es estar tranquila?

-Lo que Alejandra desea es hacer lo que se le ocurra. Se habla de vivir lo que tenga que vivir pero como ella quiera, no como los demás deciden que ha de vivirlo «por su bien». Normalmente, los familiares más próximos, llenos de cariño, deciden que, cuando eres mayor no puedes hacer esto, que no puedes salir sin aquello, etc., pequeños detalles de sobreprotección que joroban un montón. Pero a los mayores, siempre que estén sanos y sean capaces, hay que dejarlos hacer lo que les apetezca. Ya tienen una edad para saberlo.

-Y su hijo Cris, interpretado por Juanjo Artero, ¿cómo lleva esa rebeldía de su madre?

-Cris ha optado por una vida de la mano de su madre. Es el único de sus hijos que ha salido con una predisposición artística natural y, como ella, voló muy joven. La representación empieza cuando Cris vuelve a casa después de 20 años. Alejandra tiene dos hijos más que quieren organizarle la vida y, como no pueden, le piden ayuda a Cris para ver si puede ejercer una influencia mayor. A partir de ahí la función se desarrolla y este hijo se encuentra con algo muy gratificante.

-A nivel introspectivo, ¿qué le ha aportado Alejandra a Lola Herrera?

-Conozco muy bien a Alejandra. Sé muy bien lo que ella quiere porque yo quiero lo mismo. Soy mujer, madre de familia, independiente y mayor. Me gusta tener mi espacio y tomar mis decisiones. Desde muy pequeñita he tenido poder de decisión y ahora no voy a dejar de tenerlo porque sea mayor mientras mi cabeza esté en orden. Así que entiendo muy bien a Alejandra, nos intercambiamos un montón de cosas.

-Y al público, ¿qué le va a aportar?

-Al público que acude al teatro, que no suele ser de la edad de Alejandra sino más joven, le va a invitar a la reflexión sin dramatizar, siempre con humor.

-¿Cómo ha sido volver a trabajar con Artero después de «Seis clases de baile en seis semanas»?

-Ya nos entendimos muy bien entonces. Bailamos todo lo habido y por haber durante tres años y de ahí nació una amistad que no hemos perdido en todo el tiempo que no hemos trabajado juntos. Ahora que hemos vuelto a coincidir la celebración ha sido muy grande porque lo pasamos muy bien los dos sobre el escenario.

-Con 79 años, ¿siente Alejandra la desazón del final?

-Ella tiene problemas de movimiento, a veces siente dolores pero lo sobrelleva. A esa edad tienes tus limitaciones pero hay que ir incorporándolas a tu vida. Lo que vas viviendo es un aprendizaje que adaptas a tu día a día. Así que vives con ello, lo que no quiere decir que te quieras marchar. Hay que aprender a vivir con goteras.

-En relación a la edad, ¿cómo es ser mujer mayor en el teatro?

-Hay pocos papeles para las mujeres a partir de 50 años. No te quiero decir ya a partir de los 80 (ríe). Es muy complicado encontrar personajes. Se ha ido todo hacia la más tierna juventud, como si no hubiera en la sociedad más que juventud. Vivimos en una sociedad que cada vez es más vieja y resulta que todo lo que se hace (novelas, películas, etc.) está más y más enfocado hacia el público joven. En interpretación no hay apenas autores que escriban para gente mayor; es algo que no entiendo. Ahora no importan tanto las calidades (sobre todo en televisión) sino que la persona haya adquirido fama, que sea conocida. Pero una mujer a partir de los 50 años tiene mucho más interés por todo lo que ha aprendido durante ese tiempo. Es importante aportar a la sociedad esa visión femenina madurada. No sé por qué no les interesa.

-Hizo mucha televisión en los 80 pero el teatro parece ser su devoción, ¿qué ingrediente lo hace tan especial?

-A mí me parece que el teatro es la esencia. Lo que vivo encima del escenario es algo que no tiene que ver con cómo se viven las cosas en la televisión o en el cine. Lo que más me mueve es respirar al mismo tiempo que la persona que está sentada en la butaca e ir intercambiándonos cosas en el directo. El directo es lo más rico, lo más nutritivo. Por eso me he dedicado toda mi vida al teatro.

-¿Qué tiene ese directo?

-En el directo pasan cosas que no están en el guión. Desde que se funda una bombilla a que suene un portazo que te deje en blanco o teléfonos que suenan en el patio de butacas. Tiene muchas cosas que hay que saber cómo manejarlas y eso es muy emocionante. Sería mejor que la comunión fuese en paz, tranquilos y disfrutando desde lo más profundo, pero la verdad es que no suele ser así.

-¿Ha cambiado mucho el público a lo largo de los años? Su respeto, su atención...

-Hay muy poca educación. Ves luces que se encienden todo el tiempo y eso es una falta de respeto tanto para los que están al lado como para los que están trabajando. Los móviles han cambiado la vida de las personas y parece que si no los encienden les dará un infarto.

-Poniendo el foco en la formación, ¿cómo ha ido puliendo su calidad interpretativa?

-Yo soy autodidacta. No he ido a ninguna escuela porque en mi época no había escuelas así que empecé a trabajar directamente. Primero fui aprendiendo sobre la marcha, luego me fui leyendo los distintos métodos. Y estos hay que saberlos y olvidarlos. Cada actor utiliza unos medios. Cuanto más conozcas de ti y las cosas que te pueden ayudar a sacar lo mejor de ti, más beneficio; pero yo creo mucho en el camino autodidacta, que no es fácil tampoco. A veces hay agujeros que sientes que no sabes cómo resolver, genera muchos problemas de inseguridad. También ahora, con las escuelas, hay gente joven que cae en grandes agujeros porque de pronto se topa con un profesor que decide que no vale para esto y ¿quién tiene la autoridad para decidir eso?

-Son muchos años, muchas experiencias, muchos personajes, ¿qué se siente al vivir tantas vidas?

-Hay un intercambio muy productivo. Alimenta mucho. Me gusta mucho ser otras mujeres durante un rato. Muy poca gente tiene esa posibilidad, tienes que conformarte contigo y ya está. En cambio, al poder meterme en la piel de otras mujeres siento algo muy gratificante. Se aprende mucho, te lo llevas a tu terreno. Es terapéutico porque hay personajes con los que sueltas cosas que a ti te molestan y que ya no quieres tener.

-Entonces, ¿sobre el escenario hasta que el último telón caiga?

-Algún día no me bajaré, sino que no volveré. De momento tengo la salud y la capacidad para hacer lo que estoy haciendo. No sé los días ni los meses ni tampoco lo estoy rumiando todo el día. Yo estaré ahí hasta que pueda estar y cuando no pueda estar, ya está (ríe).

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