Sarah Glidden: «El periodismo es una herramienta muy importante para entender el mundo»

Glidden es autora del cómic revelación «Oscuridades programadas», una crónica en viñetas sobre los refugiados

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barcelona / e. la voz

«¿Quién eres?». El germen de cualquier trabajo periodístico nace de esta pregunta. Porque hacer periodismo es contar historias, narrar las problemáticas que rodean a cada persona. Sarah Glidden (Boston, 1980) acaba de publicar Oscuridades programadas. Crónicas desde Turquía, Siria e Irak (Salamandra), un cómic periodístico en el que relata la situación de las personas desplazadas en Oriente Próximo tras la guerra de Irak.

Durante su viaje, Glidden (que acompaña a dos amigos reporteros y a un exmarine que participó en la guerra del 2003) reflexiona en torno a lo que es el periodismo, cómo se propagan las noticias y cuándo se confunden memoria y verdad.

-En «Oscuridades programadas» muestra un gran respeto y admiración por el oficio del periodista. ¿Por qué?

-Siempre los he sentido, solo que antes no sabía lo complicado que es ejercer. Sé que es un cliché decirlo, pero el 11-S me cambió mucho. Hasta ese momento, yo no estaba muy interesada en la política, pero ahí me di cuenta de que los EE.UU. estamos involucrados en todas partes. El periodismo me ayudó a conocer cuál es nuestra responsabilidad en Oriente Próximo, en Latinoamérica... Para mí, es una herramienta muy importante para entender el mundo. Necesitamos saber cómo funciona el periodismo para ser lectores más críticos e inteligentes. Por eso quise viajar con mis amigos. En Bellas Artes estudiamos el esqueleto y los músculos para poder dibujarlo mejor. Y ese viaje para mí fue lo mismo: quise conocer el esqueleto del periodismo para saber leer mejor.

-Y resulta que usted misma se convierte en periodista haciendo ese viaje. ¿Lo esperaba?

-No, me parecía demasiado difícil. Tenía demasiado miedo de hacer periodismo, era una responsabilidad grande. Las historias de los demás son algo muy delicado. Necesitas mostrar sus historias, pero también contextualizarlas. Tras este viaje, me enamoré del periodismo.

-Me ha llamado la atención el personaje de Sarah Stuteville. Parece una periodista de fuertes convicciones y con un marcado sentido de la honestidad.

-Ella es así. Y estoy contenta de haberlo sabido reflejar. Es una amiga muy íntima hacia cuyo trabajo siento mucho respeto. Ella cree que la gente sin voz debe tenerla.

-En el prólogo, usted expresa sus debates internos para lograr que todo sea lo más fiel posible a la realidad. Hábleme un poco más de estos conflictos internos.

-En toda pieza periodística hay un proceso de edición. Las personas con las que hablamos cuentan historias editadas: omiten ciertas cosas, hacen hincapié en otras... Y luego yo, de todo lo que me cuentan, elijo lo que me parece importante e interesante. Pero tal vez esas personas elegirías algo diferente. Y después el lector el lector también edita, porque olvidará detalles y sin embargo otros permanecerán en su mente. Así que yo puedo tratar de estar cerca de la realidad, pero no dejo de contar una narración editada. Todos lo hacemos.

-¿Por eso es siempre imposible exigirle una objetividad absoluta al periodismo?

-Hay escalas, pero la objetividad absoluta no existe. Hay múltiples puntos de vista. Los periodistas elegimos qué enfocar, elegimos también con quiénes hablar. Nunca se puede contar totalmente la verdad. Es un gran debate. El periodismo está hecho por personas y para personas. Y como personas, tenemos imperfecciones. Necesitamos tener esto en cuenta a la hora de elegir en qué periódico decidimos confiar.

-Y esto no tiene que estar reñido con el sentido de la honestidad.

-Exacto, puedes a la vez ser honesto y transparente. Esto es muy importante, la transparencia. El periodista tiene un contrato de confianza con el lector.

«Es importante escuchar a los demás»

Oscuridades programadas es una crónica sobre los refugiados en Oriente Medio tras la guerra de Irak con un sentido de autocrítica. «Es difícil enfrentarse a personas cuyas vidas han ido a peor por culpa de tu gobierno. Y nosotros, como ciudadanos, también tenemos responsabilidad en ello. Somos representantes de nuestros países. Es importante escuchar a los demás. Por eso en la primera página del libro puse a una mujer que dice ‘Odio a tu país’. No vamos a cambiar nunca si todo el tiempo culpamos a los demás. Necesitamos mirarnos en el espejo», dice Glidden.

-El personaje de Sarah dice: «Nunca me planteo que nada de lo que hago pueda impulsar ninguna causa». ¿Qué quiere decir?

-Que no hay garantías de que el periodismo vaya a cambiar el mundo. No puedes ayudar a toda la gente. Debes hacerlo porque es importante que otros lo sepan, que alguien escuche sus historias. A veces piensas que es inútil lo que haces, que solo los que piensan como tú leerán lo que escribes. No cambiaremos aquellas ideas que queremos cambiar, pero necesitamos seguir trabajando de todas maneras. Los cambios suceden de maneras impredecibles.

-La mayoría de medios en EE.UU. están contra Trump.

-Sí, pero también se están beneficiando de él porque la gente quiere leer sobre Trump, es un show. Pasamos demasiado tiempo leyendo artículos sobre sus tuits. Hay un poco de sensacionalismo ahora mismo.

-No es la primera vez que lleva a cabo un trabajo sobre personas refugiadas. ¿Por qué este interés en este colectivo?

-Ese artículo nació a partir de investigaciones de mis amigos. Pero al final de este viaje por Oriente Próximo, me di cuenta de que el tema de las personas desplazadas y refugiadas es el asunto más importante del mundo. Oriente Próximo está así por nuestra guerra y ahora empezamos a ver refugiados por el clima, algo que también es nuestra responsabilidad, ya que los países ricos somos los que más contribuimos al cambio climático.

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