«El flamenco es otra forma de libertad y debe ser intergeneracional»

Yolanda Vázquez OVIEDO

CULTURA

El bailaor y coreógrafo, invitado en Estancias Coreográficas, apuesta por el intercambio de saberes entre artistas. La muestra se cierra con una exhibición en el Campoamor, de entrada libre, a las 20,00 horas

15 ago 2017 . Actualizado a las 08:38 h.

La danza flamenca también tiene espacio, y con acento percutor, en Estancias Coreográficas. El año pasado, el paradigma del duende y el taconeado vinieron de la mano de la gran coreógrafa cordobesa Olga Pericet; en la presente cita es el gaditano Marco Flores quien alumbra ritmos y pautas para la trastienda de la investigación bailada, arguyendo, con mentalidad urbana y cañí, el universal ámbito de la vuelta quebrada y el fajarse para añadir al aire un poco más de sustancia española. El picante indiscutible de nuestra propia identidad: vestirse para emancipar la luz del sur y que llegue al norte sin manchas.

Su trabajo oscila entre el estatismo propio del género y la pluralidad marcada por la juventud y la influencia de un mundo desordenado y cambiante. Consciente de que el acervo flamenco es un canal creativo en expansión constante, la gracia de los pasos reverdece de la mano de jóvenes creadores que, bajo sus propios supuestos, le están metiendo caña a los palos y abanicos de su arsenal. Son más que relevantes los trabajos y propuestas de las bailaoras Sara Calero, Sara Cano, la cantaora Gema Caballero o los muy mestizos y más mediáticos Rojas y Rodríguez, por dar algunos ejemplos. Representan un aire más fresco, y antes que nuevo o muy nuevo, es convincente por renovador, está preparado y está bien hecho.

Marco Flores fue en 2007 Premio Absoluto de Baile del prestigioso Concurso Nacional de Arte Flamenco, que se celebra en Córdoba, dirige su propia compañía, Cía. Marcos Flores Flamenco Danza, y fue premio de la Crítica del Festival de Jerez al mejor espectáculo por DeFlamencas en 2012, un trabajo que se expande para explicar cosas de mujer. También ha coreografiado para el Ballet Nacional de España en la obra Alento y Zaguán.

De algún modo, puede decirse que los chicos están volviendo a reclamar sitio con sus zapatos, y lo hacen atravesando mucho los esquemas establecidos. Ofrecer nuevas lecturas, espiar el pasado con el propósito de sacar secretos y hacerlos ahora otros, son los basamentos de la nueva oleada creativa de jóvenes flamencos, que muy al contrario de como se alternaban roles y géneros hace unas décadas, ahora esa distancia desaparece y la yerbabuena (femenina) también huele a tomillo (masculino) y viceversa.

-¿Qué le parece la iniciativa Estancias Coreográficas?

-Ya la conocía. Yoshua Cienfuegos me habló de ella el año pasado y este pudo materializarse mi asistencia y venir a Oviedo. La verdad es que me ha sorprendido muchísimo. Pero por mucho que te expliquen, hasta que no estás aquí no te das cuenta bien del funcionamiento; es un descubrimiento increíble y me gustaría poder venir más años. El aprendizaje es para todo el mundo, todo surge al momento, rápida y constantemente salen nuevas herramientas y recursos. Estoy muy sorprendido.

-Coreógrafo invitado en esta edición. ¿En qué consiste exactamente su trabajo?

-He tenido asignados grupos de bailarines con los que he trabajado conforme a unas pautas que se dan, pero que no son en absoluto cerradas, y a partir de ahí se van construyendo las sesiones. Al final del día lo extraído se pone en común y se anota en un documento. Y no solo se trabaja con grupos de bailarines, sino también en pareja, en dúo, o también el solo. Este año se han unido dos coreógrafos con un mismo grupo de bailarines, una experiencia nueva.

-Qué diría que está extrayendo de la experiencia, de qué se está llenado.

-Quizá lo más importante es que yo vengo del flamenco y estoy acostumbrado a coreografiar a artistas de danza española fundamentalmente. Aquí hay mezcla de todo tipo de formaciones y estilos y eso en sí mismo ya representa un vértigo nuevo; así que no puedes llevar una idea muy cerrada para mostrar ni para enseñar. Se debe ser abierto y lo que vaya surgiendo en el momento saber adaptarlo según los cuerpos que tengas delante. Eso para mí es un aprendizaje increíble, saber dar y a la vez saber ceder. Aparece el concepto de dirigir y corregir fraseos bailados al instante. Eso es nuevo, nuevo.

-Ritmo, flamenco y Estancias: palos, sones y adaptación; ¿cómo es ese entrar y salir?

-En el flamenco se trabaja y se crea con el ritmo espacial y corporal; en cambio, el ritmo musical está muy definido, muy marcado: para según qué cosas es una receta. Y, sobre todo, destacaría que al comenzar las clases algunos bailarines y estudiantes precisamente por esa pauta rítmica tan marcada, de tempo y cuadratura, experimentaban cierta sensación de encarcelamiento; y precisamente ahí veía que estaba el trabajo, el hueco por donde colarse y hacer desaparecer esa percepción: ver eso como herramienta y mostrar que los flamencos entramos y salimos de ello también de otras maneras. Y que esto lo vea quien no conoce nada de este mundo está muy bien, tener oído musical y saber leer e interpretar lo que se oye y poder alterarlo... Poco a poco han ido entrando en materia y han visto que se metían en una forma dancística muy fructífera: sobre todo entender eso de entrar y salir de un ciclo rítmico determinado para hacer con él otra cosa... Eso es otra forma de libertad.

-Parece que tras un periodo, ya lejano, de mando escénico y mediático de los Cortés, Canales…, es decir, de mando de lo masculino, y con excepciones como la de María Pagés y María la Yerbabuena, pongo por caso, hace ya bastante tiempo que en el ruedo artístico flamenco se alternan ellas y ellos, ¿no cree?

-En los últimos años ha habido un momento importante en cuanto a la creación por parte de las chicas, han salido muy buenas bailaoras-creadoras. Están surgiendo muchas chicas que tiene una forma distinta de ver el baile flamenco y eso está muy bien, pero creo que ahora las cosas empiezan a mezclarse más y que ya no está todo tan segmentando, la colaboración entre artistas ha favorecido todo esto.

-¿Cómo definiría lo que usted hace?

-Pues es algo a lo que al principio de todo le di muchas vueltas porque quería que el concepto estuviese claro desde el comienzo; para muchos bailarines y creadores ahora esto es muy importante. Y también quería que estuviese definido desde el nombre de la propia compañía. La idea que mejor comprendía lo que tenía en la cabeza era la que representaba la palabra danza, por eso la compañía se llama Cía. Marco Flores, Flamenco-Danza.

-En algunas de sus creaciones flota el color urbano, que se desprende también de sus estilismos, pero no con aire rupturista sino más bien aglutinador, es una idea sugerente porque abarca la elegancia, precisamente por ir bien vestido sin dejar de ser un hombre de la calle…

-Intento hacer de lo que se crea algo que se mueva con total libertad pero siendo flamenco, que es un arte que me parece tan inmenso y que me sumerge en tantas poéticas que nunca se acaba nada. Entre otras cosas, y volviendo a la pregunta anterior, digo danza por eso, para que no se tenga que cerrar y no definir un proceso que me parece inacabable. Es un flamenco personal y del momento, que no se ciñe a ninguna corriente definida y movimiento. En cada momento la pieza que surge que puede partir de cosas totalmente distintas.

-Esto enlazaría con el intercambio y la colaboración entre artistas, hoy día casi imprescindible; y sea esto dicho para todos los ámbitos, incluido el económico.

-Claro, y estos intercambios y colaboraciones hay que hacerlos más intergeneracionales, tender puentes entre riquezas de antes y de ahora, entre artistas consagrados y otros que no lo son tanto. Además es importante porque en el flamenco hay cosas como muy establecidas, algo que siempre me ha llamado la atención y con lo que de alguna manera hay que romper y que eso salga fuera de otra manera. Esto en la danza contemporánea no pasa, por ejemplo. El flamenco debe de ir fluyendo, como la vida, mezclándose de todo, de lo que surja, y si está hecho con sentido y criterio, se convertirá en algo bello. Entrar en el juego (2016) es un espectáculo intergeneracional que precisamente indaga sobre estos aspectos: Alejandro Granados bailaba con una niña. En este campo sigue haciendo falta más trabajo, más mezcla.

-Pues como una cosa lleva a la otra, y la combinación lleva distintos cachitos de realidad, diga si cree que el flamenco puede explicar lo real, lo del ahora.

-Musicalmente el flamenco es muy rico y además se puede fusionar con otros ritmos e instrumentos de manera muy maleable, y dentro de esos los estilos surgen otros muchos sub-estilos; así que se puede hablar de temas más genéricos y globales, o de otros más concretos, como el trabajo, el campo, la mina… y emocionalmente te puede acercar a todo: desde lo más gótico hasta el regocijo más brutal. Te abre un imaginario donde poder desarrollarse personal y artísticamente. Para mí es algo que va contigo. Lo tengo muy arraigado. Está en mi cuerpo, lo siento así.

-Qué próximos proyectos se le presentan y qué balance hace de sus giras.

-La verdad es que tal y como están las cosas no me puedo quejar, no es para tirar voladores, pero este año ha sido un año productivo. Y ahora mismo estoy sumergido en el proyecto False alterna que se podrá ver en los Teatros del Canal el 11 y 12 de octubre.

-En qué consiste el proyecto.

-Es una idea a desarrollar junto con otros coreógrafos. Seremos Sara Cano, Yoshua Cienfuegos, Olga Pericet y yo mismo. Al ser de corrientes distintas nos vamos pasando el testigo. Tenemos como reto por delante fijar dos cuerpos dancísticos según vaya cambiando el espacio escénico, el sonoro y el emocional. La alternancia de estos espacios queremos que provoque en los bailarines un punto de libre lectura.