«La danza merece investigaciones de mucha más calidad que las que se están haciendo ahora»

La especialista británica lució su saber sobre danza y música del siglo XX en la última y reciente edición de Estancias Coreográficas

Stephanie Jordan.
Stephanie Jordan.

Oviedo

Stephanie Jordan lleva gran parte de su vida investigando sobre danza en la Universidad de Roehampton, en Londres. Meticulosa, es una de esas docentes que por haber empezado en un ámbito poco común, como es el de la investigación sobre danza, y hace ya varias décadas, atesora obra publicada de un calado que está al alcance de muy pocos. En España diríamos de ella que es una catedrática de Danza.

Con un inglés plagado de cultismos a la vez que desenfadado, como resulta, por otra parte, tan propio en una británica, Jordan se diluye entre gestos de común maternidad y sonrisas de satisfacción; satisfacción por ser escuchada y también por ser entrevistada. Ella y su marido han pasado por la última y reciente edición de Estancias Coreográficas (proyecto teórico-práctico de investigación sobre danza codirigido por los asturianos Yoshua Cienfuegos y Lucía Piquero) para lustrar la inauguración, en la Universidad de Oviedo, del primer encuentro de carácter teórico que se desarrolla dentro de la iniciativa dancística y que, sobre todo, ha incidido en los aspectos relacionados con el ritmo.

Durante la conversación siempre tiene la mirada agradecida y su saber, lejos de parecer ampuloso, posee el refinamiento de alguien que cuida un don preciado precisamente por ser escaso; y esto al margen de revivals, modas, diluciones o auges de distinto espectro artístico o mediático. Ella no atiende a eso. Ni siquiera a que su nombre, o como se dice ahora, su bio, aparezca en la Wikipedia.

Su campo de entrenamiento, sus vivencias y toda su trayectoria profesional están relacionados con algunos de los grandes nombres de la danza y la música del siglo XX. Todos ellos, cada uno en su surco creativo, han aportado valores artísticos a la danza que llevan indisolublemente su apellido. Estamos hablando, entre otros, de los coreógrafos Merce Cunningham y Mark Morris o del músico John Cage, el inventor del tantas veces imitado piano preparado.

Stephanie Jordan ha publicado cuatro libros, y junto con la George Balanchine Foundation, editó en 2002 dos DVD’s con análisis audiovisuales sobre Stravinsky y el ballet. Su doble vertiente de estudiosa de la danza y de pianista le ha proporcionado reconocimiento internacional y en 2010 fue galardonada en Estados Unidos por su contribución a la investigación académica sobre danza.

Sus diversas formulaciones sobre el papel de la música (el ritmo), entendida esta como material que pauta frases que el bailarín reproduce a tiempo o a destiempo, avalan un saber ingente que siempre se acentúa como el estímulo básico de la representación gráfica de una estructura musical que el danzante (solo, en dúo o en una formación más amplia) debe acometer. La ambición de serigrafiar esa estructura, de hacerla inteligible para la construcción del movimiento interpretativo y también pictórico, define a la perfección el trabajo de esta investigadora, una categoría que ha caído en desuso y resulta, en el vértigo de la velocidad digital, incluso anacrónica. Su caso es diferente: como ella misma dice, no es lo mismo ser un analista, un especialista, que un crítico. (Pudiendo serlo.)

- ¿Qué le ha parecido su visita a Oviedo y cómo ve el proyecto de Estancias Coreográficas?

- Me ha parecido muy interesante, y he aprendido de lo que oído y entendido, por supuesto. Me ha llamado la atención el método de trabajo. No lo conocía, es un campo muy amplio para explorar y experimentar. Y en Oviedo también llueve.

- Usted es una especialista sobre la métrica interna del ritmo y sobre los efectos bailados que producen en el danzante. ¿Qué opinión le merece la corriente, quizá ya demasiado duradera, de la danza-no danza procedente de Francia? ¿No ha pasado el tiempo de la dilución?

- Creo que con este tema de la no-danza se ha ido un poco lejos. Creo también que ha tenido su tiempo y creo, por resumirlo, que la pauta y el ritmo vuelven a ser de nuevo la esperanza de la danza y que de algún modo se va a volver de nuevo a él. Como seres humanos no podemos olvidar que el ritmo está en todas partes, a nuestro alrededor, dentro de nosotros mismos, que todos esos fragmentos con significación pueden ser regulares o irregulares.

- Al hilo de lo que dice. Días atrás algunos de los estudiantes, bailarines y coreógrafos que han estado durante quince días en Oviedo comentaban que hay que «volver al pasado, al origen»; entendían que debían volver a una raíz, a unas raíces, a cierto canal antropológico de sonidos y danzas. ¿Cómo ve esto? ¿Cree que hay un exceso de individualismo y que la danza como manifestación cultural y artística nos puede devolver cierto sentido de comunidad de forma más real?

- Creo que sí. En Europa siempre ha existido folklore y España es un país que siempre ha tenido un folklore muy rico, muy variado y con pasado histórico; todo eso tiene que salir por algún sitio. No hay nada más que fijarse en el flamenco. La pauta rítmica dentro de la danza folklórica y tradicional es única porque todo está marcado. En este sentido España dispone de más razones que, por ejemplo, Inglaterra para mirar ciertos aspectos del pasado.

- ¿Y hay ideas o qué cree usted qué hay?

- No conozco tan profundamente el caso español, pero creo que en el campo de la danza contemporánea esto se puede dar con más facilidad, de manera más natural.

- ¿Y no piensa que en lo performativo se trabaja con la intención de volver a esa antropología. En España es un poco lo que se está viendo, sobre todo en lo que a experiencias de danza se refiere.

- Sí, desde luego. Pero sin duda lo que tiene que haber es pluralidad en la danza; deben darse ofertas creativas variadas, no que todo parezca igual. Hay sitio para todo. Y la idea de lo primitivo tiene tanto de atractiva como de peligrosa.

- ¿Por qué lo dice?

- Porque es un concepto difícil y depende de cómo se acometa, puede parecer una cosa u otra. Y creo que deberíamos estar en algo más superior, las ideas deben venir de fuera aunque tomen cosas de otros tiempos, pero no debería significar una vuelta.

- ¿Danza performativa, danza especulativa?

- Pues a veces no se sabe, pero creo que es positivo ver de todo y lo de la danza, como en cualquier otro arte, no es una cuestión de cantidad sino de calidad y decir; y todo ello se puede llegar a contextualizar de la mejor manera posible.

- Una cosa lleva a la otra: ¿cómo cree que se coreografía ahora?

- Pues hasta donde puedo decir, creo que el papel de las mujeres que coreografían es interesante y que recurren a ideas más abstractas e interesantes; y descubro que esas ideas, una vez llevadas a piezas de danza, tienen más que ver con las necesidades de relacionarse con la gente que con cualquier otra cosa.

- Bueno, eso es volver al paradigma de la idea de comunidad en el tiempo actual… ¿Cómo cree que influyen las redes sociales en los creadores?

- Lo siento, no puedo responder a esa pregunta, no tengo ni uso redes sociales.

- En España llevamos un retraso en todo lo que tenga que ver con investigación y danza. Ahora, desde hace muy poco, parece que cobra interés por parte de bailarines, investigadores universitarios, filósofos, etc… Digamos que estamos llegando a este puerto mucho tiempo después. Bienvenido sea. Las EC son un ejemplo. Qué podría aconsejar.

- Entiendo. Lo importante es que se dé y lo de menos es el cuándo. El Reino Unido y Estados Unidos viven una realidad totalmente diferente en esto y ahora mismo se atraviesa por una situación un tanto complicada, hay cierta pausa. En general diría que la danza merece investigaciones de mucha más calidad que las que se están haciendo ahora. Y esto lo digo porque este arte siempre ha dispuesto de tradicional oral, pero muy poca escrita y ya no digamos académica o intelectual.

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