El narrador de ciencia ficción que sedujo a Kubrick y a Spielberg

Su relato «Supertoys Last All Summer Long» (1969) inspiró la película «Inteligencia artificial», que el autor de «ET» rodó en el 2001


Redacción / La Voz

Entendía la ciencia ficción como una metáfora más para explicar -o ahondar- la condición humana, y, sin embargo, se convirtió, como H. G. Wells, Julio Verne, H. P. Lovecraft, Stanis?aw Lem, Tolkien, C.S. Lewis, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Asimov, J. G. Ballard y Arthur C. Clarke, leyendas de este popular género literario, en un auténtico cronista del futuro y de los deseos del hombre. Brian Aldiss (Norfolk, Inglaterra, 1925) fue uno de los escritores más admirados en este campo, donde el lector suele superar el estatus de aficionado para establecer un vínculo mucho más fuerte con el creador. Él, que empezó narrando como autodefensa, según solía confesar, como forma de manejar a los compañeros de colegio que abusaban y se burlaban de su retraída forma de ser. Inventaba historias de terror; «y si alguno de ellos lloraba horrorizado y me rogaba que parara, entonces yo había triunfado», explicaba en una entrevista en el rotativo The Telegraph.

Como a esos muchachotes, sedujo a Stanley Kubrick con su relato de 1969 Supertoys Last All Summer Long [Los superjuguetes duran todo el verano]. El cineasta neoyorquino trabajó en el proyecto pero no llegó a filmarlo y finalmente fue Steven Spielberg quien recuperó el boceto del guion, lo rehízo y acabó rodando una película inspirada en esta historia, Inteligencia artificial (2001), que indaga y fuerza los límites entre robots y seres humanos.

Aldiss publicó cientos de cuentos y numerosas novelas, y ganó los más importantes premios del género de la ciencia ficción -Hugo, Locus, Nebula, John Campbell-. Como narrador, no cesaba de experimentar, le gustaban los riesgos, sin especular con las posibilidades comerciales. No siempre acertó, es verdad. Pero también frecuentó la poesía, el ensayo, los viajes y la biografía. Y es que Aldiss, amigo de Kingsley Amis, C.S. Lewis y Tolkien, fue un humanista oculto por la trascendencia de sus obras de ciencia ficción -como Non-Stop (1958) o la trilogía de Heliconia (1982-1985)- y el estilo quiosquero de las portadas de sus libros.

El escritor falleció en su casa de Oxford el pasado 19 de agosto, poco después de celebrar su 92.º cumpleaños rodeado de su familia y sus amigos.

Neil Gaiman lo homenajeaba vía Twitter en la despedida: «Su muerte me ha golpeado como un meteorito directo al corazón».

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