Paul Auster: «Donald Trump es un maníaco psicópata, incapaz de leer un libro»

El autor neoyorquino vuelve a la ficción con una monumental novela sobre la irrupción de lo inesperado


Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 1947) regresa a la ficción después de siete años con una monumental novela de casi mil páginas, 4 3 2 1 (Seix Barral), la más ambiciosa de su carrera y en la que lleva al límite una de sus obsesiones, responder a una pregunta que todos nos hemos hecho, ¿qué habría pasado si hubiéramos actuado de forma diferente o no hubiera surgido algo inesperado? El libro cuenta cuatro posibles vidas del joven Archie Ferguson bajo el telón de fondo de la historia reciente de Estados Unidos. Auster es muy crítico con Donald Trump, del que dice: «Es incapaz de leer un libro, solo le pueden dar informes de una página».

-¿Cuánto de usted hay en estos cuatro Ferguson?

-No es una novela autobiográfica. Tenemos en común la cronología y la geografía, nace donde yo nací, los cuatro viven en ciudades en las que yo viví, pero las cuatro historias de Archie no son mi historia. Cogí cosas de mi vida y se las pasé, por ejemplo: leí Crimen y castigo a los 15 años y me marcó mucho, vi el famoso partido de béisbol que sale en el libro, jugué el partido de baloncesto que ganamos por un punto con un tiro desde nuestra canasta del que se habla y escribí algunos textos que en la novela atribuyo a un Archie. Pero me hubiera encantado ser tan precoz como ellos.

-Usted presenció con 14 años la muerte de un chico por un rayo, un acontecimiento que dice que es el que más ha marcado su vida. ¿Eso explica que explore en sus novelas sobre cómo una vida puede cambiar por un suceso o una decisión concretas?

-No lo sé, es posible, pero pienso que hay gente que no ha vivido algo tan extremo como eso y también le surge esa pregunta. Es muy natural, puede que uno se la empiece haciendo en el momento en que algo va mal y piense en todas las maneras en que podría haberlo evitado. Pero si ocurre algo realmente maravilloso también se preguntará lo fácilmente que podría no haber pasado. Fui testigo de la muerte de un compañero a los 14 años y ese momento ha influido en todo lo que he hecho en mi vida: fui consciente de que el suelo que se pisa no es sólido y que a cualquiera le puede pasar cualquier cosa en cualquier momento.

-Se ha dicho que en su obra el azar juega un papel fundamental, pero usted prefiere hablar de lo inesperado.

-Yo no utilizaría la palabra azar, si el azar lo regulara todo estaríamos suprimiendo la voluntad y el deseo humanos y la posibilidad de proponerse objetivos y tomar decisiones para conseguirlos. No estamos pasivamente esperando a que llegue un rayo, sino que intentamos vivir lo más satisfactoriamente posible. Lo importante es cuando sucede algo inesperadamente y te cambia la vida, a veces para bien y otras para mal, y el camino que tomas se convierte en otro al que tenías planeado.

-Ese suceso del rayo y conocer a la escritora Siri Hustvedt, con la que lleva 36 años casado, dice que son los acontecimientos que más le han marcado personalmente. ¿Pero qué hechos políticos le han dejado más huella?

-Los más traumáticos fueron el asesinato de Kennedy y el 11S, dos grandes cataclismos. Añadiría la decisión de Bush de invadir Irak, probablemente uno los movimientos tácticos mas estúpidos de la historia de Estados Unidos, y, claro, la guerra de Vietnam, el trauma político que desgarró EE. UU. y del que no nos hemos llegado a recuperar del todo.

­-¿Incluye entre esos cataclismos la elección de Donald Trump?

-Se podría denominar un desastre nacional de enormes proporciones. Trump es una amenaza no solo para Estados Unidos sino para el mundo. Rezo para que no tenga otro mandato, porque dudo de que el mundo siguiera en pie si fuera así. Me siento miserable, enfadado y frustrado con su elección. No culpo a Trump por ser el maníaco psicópata que es, lo que sigo sin entender después de leer mil análisis sobre el tema es que 60 millones de personas le votasen y que un 52% fueran mujeres. Esto demuestra cuánto odio hay en Estados Unidos y cuanta misoginia. Hillary Clinton no fue presidenta por ser mujer; hubo una campaña misógina contra ella, incluso por parte de mujeres misóginas.

«Escribí casi a ciegas, con la sensación de estar bailando»

«Yo no soy un filósofo, solo cuento historias». De esta forma el premio Príncipe de Asturias del 2006 elude interpretar su propia obra. Tras escribir la última frase de 4 3 2 1, asegura Paul Auster, quedó exhausto: «Me levanté del escritorio y casi me desplomo de lo cansado que estaba». Cuando dijo que quizá, a sus 70 años, no le quedaban fuerzas para abordar otra novela, saltaron las alarmas, pero ahora niega que no vaya a volver a la ficción. «Tengo dos o tres historias que se están cocinando en mi cabeza, pero necesito tiempo para sacarme esta novela de mi sistema; porque ya me ocurrió una vez, que empecé a escribir una demasiado rápido sin dejar que transcurriera un intervalo mínimo», explica. Afirma que la idea de 4 3 2 1 le surgió mientras desayunaba en casa, pero no tenía un plan maestro, sino que iba improvisando según redactaba cada capítulo. «Escribí casi a ciegas, con la sensación de estar bailando como en un gran remolino, con frases que me empujaban hacia las siguientes», relata el escritor neoyorquino.

La novela de Paul Auster transcurre desde los años 50 a inicios de los 70 del siglo XX con temas como las revueltas por los derechos civiles y el racismo como trasfondo, un asunto que ha vuelto a saltar a la actualidad con los sucesos racistas de Charlottesville. Para Auster, lo que está sucediendo es muy peligroso: «Trump está alentando la división y el fanatismo racial, nunca vi nada parecido». Señala que «Estados Unidos es un experimento único en la historia humana, es un país inventado basado en una idea noble, que todo aquel que llegue se puede convertir en americano sea cual sea su origen y su color de piel, pero la tragedia es que a la vez se funda en dos crímenes, el genocidio de los indios y la esclavitud». EE.UU. aún no ha afrontado este último problema y eso hace que los norteamericanos no entiendan que «la bandera confederada que se vio en Charlottesville es igual que la esvástica».

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