Charlotte Rampling ennoblece la herida del tiempo en la película «Hannah»

El Hollywood de Guillermo del Toro y Martin McDonagh, favorito para un palmarés que se conocerá hoy


Venecia / E. La Voz

Contemplo a la Charlotte Rampling de Hannah, filme que cierra con honor la competición de esta Mostra, que afronta su 74.ª edición. Qué placer la sabiduría que esta actriz acumula. Charlotte Rampling: aquella irrupción irradiante en el cine de Visconti, de la Cavani, de Boorman. Y luego, una difuminación hasta que François Ozon la rescató ya en este siglo. Posee densidad abrumadora el prodigio de su decantación de personaje en Hannah. En un certamen veneciano que se ha prodigado en masajeos de pésimo gusto al sentimentalismo fofo de películas con jubilados que no honran su carrera -el filme abominable del realizador Paolo Virzì con Helen Mirren y Donald Sutherland; o el pastel pringoso protagonizado por Robert Redford y Jane Fonda-, encontrarte a Charlotte Rampling en este acto de coraje descomunal en su aparente minimalismo es una limpieza de retinas.

Esta lección de aplomo y de dolor en sordina debería dar a Charlotte Rampling el premio de interpretación Asistes a la forma en que la actriz afronta la herida del tiempo, no para restañarla con trapos sucios sino para ennoblecerla con cruda audacia, en un acto de creación portentoso. Es Hannah obra de soterrada dureza, una pieza desabrida donde los largos planos exploran el dolor de su existencia, con una familia devastada por tabúes innombrables. Pero no busquen sobreactuación, circo gestual, oportunista lagrimeo de reptiles del cine oportunista. Rampling aguanta planos fijos en su soledad de fondo, en la cual se permite mostrarse literalmente desnuda, como en un cuadro del pintor de Lucian Freud. Y la belleza de ese desnudo tal vez no le serviría a Abdellatif Kechiche para lo suyo -ay, Kechiche, Kechiche: esos cuerpos celestes, esos controversiales culos como leit motiv por el cual dicen que ha embargado hasta su reciente Palma de Oro-, pero la piel de Rampling frente al espejo compone un momento de veracidad de actriz que ha superado ya todos los miedos no ya crepusculares sino eternos.

Por esta lección de aplomo y de dolor en sordina debería salir del Lido Charlotte Rampling con el premio de interpretación, aunque en su camino se encuentre la desaforada y vibrante Frances McDormand del largometraje Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Missouri. La historia de venganza de Martin McDonagh es una de las grandes favoritas en el palmarés, que ha de conocerse hoy. Junto a este filme, otro de los desembarcos de Hollywood, el opulento fantastique titulado La forma del agua, que firma el realizador mexicano Guillermo del Toro, quien tiene al cineasta -cuate- Michel Franco de lobista en el jurado de la Mostra.

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