«Mary Shelley no es considerada la artista radical que fue por el propio Frankenstein»

Afincados en Asturias, Raquel Lagartos y Julio César Iglesias lanzan un cómic que indaga en la autora y su relación con la criatura

Raquel Lagartos y Julio César Iglesias
Raquel Lagartos y Julio César Iglesias

Avilés

Raquel Lagartos se matriculó en la Escuela de Arte porque quería dedicarse a hacer cómics, algo nada tenía que ver con lo que había estudiado. Años después ha conseguido cumplir su objetivo al ver publicado, junto a Julio César Iglesias ?encargado del guión, ‘Mary Shelley: la muerte del monstruo’, donde repasan la historia de la madre de Frankenstein, una mujer tan desconocida como interesante. Con su primer trabajo han sido de los primeros autores en participar en las 22ª Jornadas del Cómic Villa de Avilés, que se celebran esta semana en la ciudad, un certamen al que antes habían acudido como aficionados y en el que ahora están entre los profesionales invitados.

-¿Cómo llegan una matemática y un historiador a publicar un cómic?

-RL: Leíamos mucho cómic y llegó un momento que nos dimos cuenta que era lo que queríamos hacer y nos preparamos para ello. No fue tan sencillo. Yo entré en la Escuela de Arte y cuando terminé el proyecto pensamos en preparar algo y mandarlo a editoriales.

-¿Por qué Mary Shelley para ese primer cómic?

-JCI: Siempre nos interesó mucho su obra y cuando indagamos en ella descubrimos un carácter que escondía parcelas aún más fascinantes de lo que se ve a primera vista. Desde su principio más radical a la visión más conservadora de su obra.

-Frankenstein siempre ha eclipsado a su autora pero la descubren y muestran.

-JCI: Llegamos a la autora a través del personaje. Yo leí la historia hace unos años, pero tenía la imagen de la película, un personaje tonto, zafio. El de la novela es maravilloso, está muy bien construido, lleno de matices y me llamó la atención que alguien permita que hagan eso con un personaje. Y cuando nos pusimos a trabajar y con la promoción vimos que la gente conoce mucho a Frankenstein pero poco o nada a su autora.

-¿Es por el hecho de ser autora o porque el personaje ‘come’ a su creador?

-RL: El personaje se la ha comido y por ser mujer.

-JCI: Ser mujer no le ayudó, ni tampoco su propia biografía, con interrupciones continuas, una vida tan dramática. Ya en la primera recepción de Frankenstein quedó claro que no le iba a ser fácil encajar.

-¿Cómo son su Mary Shelley y su Frankenstein?

-RL: Los estudiamos uniéndolos, no concebimos uno sin el otro. En los últimos años de su vida tenía una enfermedad cerebral y sufría alucinaciones y la criatura como que la acompañó.

-JCI: Son parte de lo mismo. Si Frankenstein nace de un sueño, como ella misma dice, lo que hacemos es llevar ese sistema a toda su vida. Empezando desde la vejez, y a través de flashbacks, la criatura que nace de un sueño planteamos si le sigue hablando.

-Los dibujos son muy oscuros, prácticamente sólo usa azul oscuro y blanco, con toques de color, ¿a qué se debe?

-RL: Al principio pensamos que el acabado tenía que estar al servicio de lo que se estaba contando, queríamos un retrato psicológico y provocar sensaciones, así que eliminé todo el entorno y me centré en la propia Mary y sus sentimientos. Se me ocurrió quitarle color, todo lo de alrededor y le añadí el rojo porque es muy dramático y da muchas opciones gráficas.

-En dos siglos la imagen que tenemos de Mary Shelley ha evolucionado mucho, pero ¿a día de hoy mantenemos esa visión romántica de la autora?

-JCI: Tengo mis dudas, porque no es considerada la artista radical que fue por dos razones: la propia criatura ha trivializado la complejidad de la obra y se ha simplificado como un aviso contra los peligros de la ciencia, lo que impide ver el análisis tan brillante político y social que hay en la novela.

-¿Cómo ha sido el trabajo de investigación que han tenido que hacer hasta llegar a Mary Shelley: la muerte del monstruo?

-RL: Han sido muchos meses, yo busqué mucha información de la época para conocer los matices porque quería ajustarme a la imagen que pudiera tener cualquiera que la hubiera conocido, que lo leyera y la reconociera.

-JCI: He leído memorias, novelas de época, la correspondencia… porque aunque no se refleje mucho te marca mucho un gesto, una mirada. Lo que más sorprendió es la intriga de porqué acepta esa interpretación conservadora de su obra. Lo hizo como estrategia vital para seguir viviendo. Me quedo con la complejidad que las propias fuentes revelan.

-¿Hay posibilidad de que haya una segunda parte del cómic?

-JCI: La época daría para mucho. No está en agenda, pero no sería por ganas. No sé si decirlo, pero la figura de Polidori merece más la atención.

-¿Y qué tienen en agenda?

-RL: Hay un proyecto en marcha, pero no se puede decir.

-¿Cómo ha sido el trabajar a cuatro manos?

-RL: Después de tirarnos de los pelos conseguimos un método muy efectivo y optimizado. Al principio hablamos y nos ponemos de acuerdo para tener visión conjunta y la narrativa la hacemos juntos. Él me pasa el storyboard, yo hago sugerencias, él ve cosas que yo no como dibujante y yo cosas que él no como guionista.

-Son un ejemplo de que se puede hacer cómic desde Asturias, aunque parezca difícil.

-JCI: Se puede hacer desde aquí, la industria no está especialmente afianzada, aunque hay mucha gente valiosa trabajando en ella. Tuvimos la suerte de contar con Ángeles Caso, que escribe el prólogo, había trabajado el personaje. Desde aquí se puede hacer cualquier cosa.

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