Ricardo Darín: «Si hay alguien de quien sospecho es de mí»

Darín se sale. Recién llegado de recibir el premio Donostia en el Festival de San Sebastián, estrena a pares. «La Cordillera», donde interpreta a un presidente, se incorpora hoy a la cartelera mientras que su obra de teatro, «Escenas de la vida conyugal», vuelve a subirse a las tablas. Porque él, en la distancia corta, siempre gana

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Una espera hablar con Darín, pero desde el primer momento el que responde es Ricardo. Un Ricardo que nunca tiene prisa y que disfruta más, si cabe, hablando de sus pasiones que de su profesión. Acaban de darle el premio honorífico, pero no se siente mayor. «Yo voy como si tuviera 22 años», dice un enamorado de la vida y de su mujer, Florencia, con quien confiesa que tiene una relación «absolutamente intoxicada de amor». A estas alturas lo único que anhela, apunta, son unas vacaciones. «Nunca llegan», lamenta. Será porque todos le queremos en pantalla.

-Ricardo, me estoy debatiendo. Me dicen que solo tengo diez minutos contigo, pero también que contigo hay que dejarse llevar. ¿Qué hago?

-Lo que te indique tu corazón.

-Uy, mejor centrémonos. Estrenas «La Cordillera» y haces de presidente. ¿Por qué no te inspiraste en nadie? ¿Ninguno da la talla?

-No, es que no lo necesitaba. No solo no me inspiré, es que nos hemos preocupado específicamente de que no se pareciese a nadie, más bien lo contrario. Esta historia no lo necesitaba, hubiese sido agregarle un color partidario o una tendencia ideológica que no necesitaba la película. Porque si en el fondo lo analizas termina haciendo una especie de crítica al sistema político universal, no necesitaba un color.

-Es un personaje que se debate entre el deber y el querer, que lucha contra sus propios demonios.

-Sí, como supongo yo que le deberá de ocurrir a muchos funcionarios de alto rango, que tienen una vida hacia nosotros, los ciudadanos de a pie, y obviamente tienen otra para dentro de su intimidad. Y tendrán que lidiar con sus propias cuestiones, sus problemas familiares, sus problemas con los hijos... Eso cuando no hay casos de enfermedades, problemas de salud a los que los ciudadanos tampoco tenemos acceso. Nuestra mirada nunca llega hasta ahí. Eso es lo que me pareció atractivo de este guion, esa fusión entre lo externo y lo interno.

-Vamos a verte adentrándote en el mundo de la política, pero ¿cuál es tu política en la vida?

-Mi política es tratar de no hacer daño a conciencia. Sé que eso a veces incluso no resulta tan fácil, porque puedes hacerle daño a alguien sin darte cuenta o sin saberlo. Trato de llevar adelante mi vida, de cuidar de mi familia, de mis amigos, de la gente de mi universo. Hago mi trabajo, soy una especie de esclavo de mi trabajo porque no hago otra cosa que trabajar. Lo único que hago es ansiar mis vacaciones, que nunca llegan, y trato de aprender de los momentos que la vida me va poniendo en el camino. Reviso y reflexiono todo el tiempo sobre mi comportamiento, básicamente. Si hay alguien de quien sospecho en este mundo es de mí, y así voy caminando con obstáculos que se van presentando y que uno debe aprender a sortear de la mejor manera posible. En fin, mi vida es muy, cómo decirlo sin que parezca pedante... muy fructífera en esta etapa.

-Y tanto.

-Sí, está llena de cosas. Tengo la suerte de que mi familia me acompaña y de que mi mujer está conmigo todo el tiempo codo con codo, y eso hace que no solo lo disfrute por mí, sino que lo disfrute por ella también. Este trabajo no hace que nos separemos. La vida no puede ser más generosa conmigo.

-Enhorabuena. Vienes de recoger el premio honorífico en el Festival de San Sebastián.

-Sí, me fui allí a presentar La Cordillera y a recibir uno de los abrazos y reconocimientos y honores más grandes que he recibido en mi vida por parte del festival de cine que más quiero, que es el de San Sebastián. Mis hijos también vinieron a acompañarme en este reconocimiento, lo cual me llena de emoción y de orgullo.

-¡Que te nos haces mayor!

- Ja, ja, ja. Sí, este tipo de premios solo te lo dan cuando has cumplido muchos años. Estos reconocimientos no te los hacen a los 25, porque a los 25 están esperando a que te equivoques.

-Pero no lo has hecho. Ahí sigues en el teatro con «Escenas de la vida conyugal». Vuelves cambiando de pareja, aunque creo que eso a ti ni se te pasa por la cabeza.

-Sí, acabo de estrenar nuevamente esta obra que me encanta, lo hice el día 20 en Madrid, y nos fue maravillosamente bien. Y en mi caso lo que pasa es que a través del tiempo, con todo lo que recorrimos juntos y demás... Aunque eso no significa que no discutamos, que no tengamos nuestros días de mirarnos de reojo, pero por encima de todo eso tenemos una relación que está absolutamente intoxicada de amor, de sentido del humor, y eso nos ha permitido ir sorteando cosas a través del tiempo. Hemos tenido ya una separación, ¿eh? Llevábamos diez años casados y tuvimos ahí un recreo de dos años que no hizo otra cosa que reforzar lo que pensábamos el uno del otro, porque volvimos a juntarnos, a abrazarnos. En fin... ya me perdí. Me tocaste el plano emocional y me fui.

-Eso está bien, se trataba de dejarse llevar. Estás a punto de empezar a rodar de nuevo. ¿Estás preparado para ser el marido de Penélope?

-Sí, empiezo ya a hacer una película con un grupo de amigos a los que adoro bajo la dirección de un director que me parece genial, y una excelente persona [Asghar Farhadi]. Es una historia fuerte, áspera, en donde todas las emociones están muy a flor de piel. Creo que es un guion inteligente y, como te comenté, voy a trabajar con un grupo de grandes amigos. No solo están Penélope y Javier, que a Javier lo conozco y somos amigos desde hace muchísimos años. También está Eduard Fernández, está Inma Cuesta, con quienes tuve la suerte, tanto con uno como con el otro, de compartir trabajos en otras oportunidades. Pero esta vez vamos a estar todos juntos ahí, y eso me produce una gran conmoción. Hay pocas cosas en la vida que sean plenamente satisfactorias. Una de ellas es poder trabajar con amigos.

-Ella ya rodó con Chino, tu hijo. A ver a quién prefiere de los dos ahora...

-Ja, ja. Seguramente va a preferir a Chino por razones obvias. Pero nos vamos a adaptar, nos vamos a adaptar, ja, ja.

-Alguna vez dijiste que crees que estás demasiado reconocido. ¿En serio lo piensas?

-Lo que ocurre es que hay que tratar de ser prudente a la hora de recibir elogios, de la misma forma que uno trata de ser prudente cuando recibe críticas. A lo que seguramente me refería es a que yo he tenido mucha suerte en mi camino, y como provengo de una familia de actores y sé lo que es no tener suerte aun teniendo talento o capacidad, soy muy prudente a la hora de recibirlo, porque no me gusta quedarme con lo que no me corresponde.

-Pero lo tuyo tiene que ser algo más que suerte.

-Yo digo que tuve mucha suerte porque siempre he encontrado gente que ha confiado en mí, que me ha acercado historias fabulosas, con personajes muy ricos de esos que los actores agradecemos porque son los que nos permiten dar rienda suelta a muchas cosas que tenemos adentro y que no siempre podemos. Entonces, como soy conocedor de que he tenido mucha suerte, en ese tipo de cosas soy partidario de ser siempre muy prudente y de dejar que las aguas estén calmas. Porque es muy fácil en este oficio creerte que sós un fenómeno cuando te va bien y creerte que sós una porquería cuando te va mal. Y yo soy enemigo de las dos opciones.

-Hay veces que no consigues mantenerte en esa calma. Has respondido a un par de críticas en Twitter. ¿Hay momentos en los que es mejor ir de frente?

-Ja, ja. Sí, porque hay una cuestión semiperversa en esto de los blogs amparada en el anonimato y en esto de tirar la piedra y esconder la mano. No puedo evitarlo, a pesar de los consejos de mis hijos y de mi mujer de no responder por Twitter, no puedo evitar hacerlo a veces, cuando descubro que hay maldad en el comentario. Cuando hay tan mala intención, sobre todo cuando está fundado en algo que es inexacto, que es una mentira. Pero ahora me he calmado y trato de contestar con humor y con ironía y que las cosas no lleguen a mayores. Ya pasé por esa etapa de virulencia, de querer responder a todo el mundo, algo que tampoco es posible.

-No debe ser fácil de llevar que puedan decir cualquier cosa sobre ti públicamente.

-Soy de los que defienden el hecho de que todo el mundo tiene derecho a decir lo que quiera, ¿no? Me pueden bastardear y decir lo que quieran si alguien no está de acuerdo conmigo, pero también puedo defender el derecho de responder a esos comentarios.

-¿Entonces te mueves por impulsos? ¿Dirías que eres más pasional que cerebral?

-Hummm... no sé qué decirte, eh, puedo ser una combinación de ambas cosas, lo que no significa que necesariamente sea lo más atinado en cada caso. A veces actúo impulsivamente cuando tendría que ser racional y al revés también me ocurre, así que no sé si es inteligente mi postura.

-¿Y cuál dirías que fue tu mejor decisión? ¿La tomaste con la cabeza o con el corazón?

-Bueno, lo voy a establecer en el medio término. Creo que las mejores decisiones son las que he tomado escuchando bien qué es lo que me dicta mi estómago, ni el corazón ni la cabeza, el estómago. Porque creo que el estómago es lo que resume las dos cosas. Cuando algo no te lo puedes tragar mejor que no estés ahí, aunque el razonamiento puede ser provechoso. A mí el estómago y el olfato son dos zonas a las que les hago mucho caso, o por lo menos estoy atento.

-Olfato el que tienes para elegir película. Creo que lo haces en torno a dos ejes: que le guste a la gente y que tú puedas aprender algo de ella. Has rechazado superproducciones que no respondían a ello.

-Sí, se dirime entre esas dos aguas. Si yo pienso que es algo que puede resultar muy atractivo para todos o que puede ser de gran entretenimiento -porque no necesariamente tienen que ser cosas profundas, pueden ser más superficiales-, pero si siento que puedo aportar algo en eso, ya mi corazoncito está un poco más cerca. Y ya si siento que puedo aprender algo, que puedo acercarme a personas que me pueden enseñar cosas y puede haber un intercambio, eso me parece lo más divertido de todo. Porque todos los días aprendemos algo nuevo, incluso de quien menos lo esperamos.

-Estás siempre abierto entonces.

-Hay que estar atento, enfocado, con ganas y abierto a incorporar cosas nuevas. Yo ahora voy a esta experiencia con Asghar Farhadi como si tuviera 22 años. Voy con la expectativa de encontrarme con un territorio nuevo conducido por una cabeza y un corazón que estoy empezando a conocer, pero de los que seguramente tengo mucho que aprender. Y eso te rejuvenece, te humaniza, te pone en eje. Yo siento que estoy en eje cuando incorporo cosas, cuando estoy vivo, activo, cuando no me creo nada, cuando no creo que soy más que nadie ni menos que nadie.

-¿A estas alturas aún te estás empezando a conocer?

-¡Ja, ja! Me estoy empezando a conocer de a poco.

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