Un relato de la tragedia de los migrantes que busca «empatía y reflexión»

Manu Brabo, José Colón, Diego Ibarra Sánchez, Guillem Valle y Fabio Bucciarelli inauguran en el Niemeyer «Mare Nostrum», un relato profundo de las grandes crisis de este tiempo


Gijón

Al cabo de años de trabajo en algunos de los frentes más intensos y duros de las últimas corrientes de migrantes, los fotorreporteros españoles Manu Brabo, José Colón, Diego Ibarra Sánchez  y Guillem Valle, y el italiano Fabio Bucciarelli se dieron cuenta de que atesoraban en sus archivos un relato que excedía el reportaje de circunstancias sobre uno de los fenómenos cruciales de este tiempo; un relato que, conforme a los principios que orienta MeMo Collective -la cooperativa que decidieron fundar en 2014- suma al mero registro de imágenes más o menos contundentes el de la inmersión personal en el conflilcto: la convivencia y la proximidad con aquellos cuyas experiencias han documentado en el Magreb, Libia, Siria, Bangladesh, Líbano o las costas españolas o italianas. Esa misma «empatía que muchas veces nos falta», junto a «una reflexión que llevarse a casa» es lo que, según José Colón, buscan despertar con las imágenes de Mare Nostrum. Guerra y éxodo en el Mediterráneo, la exposición que inauguran en el Centro Niemeyer de Avilés.

«La exposición surge cuando nos damos cuenta de que en todos esos trabajos que cada uno habíamos ido haciendo teníamos un seguimiento de largo recorrido», explica el fotorreportero andaluz. De ahí la estructura narrativa de una muestra que casi en su totalidad se ciñe al perímetro del Mare Nostrum de su título, y que reparte su medio centenar de fotografías en tres partes cronológicamente secuenciadas: el Origen -en la Libia tras la caida de Gaddafi, las Primaveras Árabes, los naufragios de pateras en Fuerteventura o la primera persecución de rohingyas-; el apartado titulado Fronteras -que refleja la llegada masiva de migrantes en las costas de todo el Mediterráneo- una tercera, Incertidumbre, en la que se hace el seguimiento «en el limbo europeo» de los destinos dispares de quienes Colón se resiste a llamar «refugiados porque no tienen refugio». «La exposición es un global de todos esos procesos y no tiene final, porque esta situación tampoco ha tenido punto final», explica el periodista.

Empatía

La historia puede no haber concluido, pero eso no se contradice con que esta muestra sobre ella sí tenga conclusión. «Nos gustaría mostrar la falta de empatía humana, nuestra capacidad para olvidar de que estamos tratando con personas y hablando de un fenómeno que no es nuevo, que tiene que ver con el origen mismo del ser humano. Deberíamos vernos como ellos. Sobre todo, queremos hacer ver que todos somos migrantes o podríamos serlo, que no podemos decir "esto no me involucra" porque nos involucra a todos desde el principio», reflexiona José Colón. Esa búsqueda de empatía es, para el andaluz, el objetivo de su trabajo como fotorreportero.

Manu Brabo, por su parte, pone el acento en el modo en que Mare Nostrum busca esclarecer «los orígenes de lo que está pasando, la idea de que esta gente no llega porque sí, y deja sus casas y sus vidas porque sí». El fotoperiodista gijonés espera que estas imágenes «no se queden en las paredes» y sean capaces incluso de depurar «un relato periodístico en el que el lenguaje no es inocente, y que habla de "oleadas", "avalanchas" o "mareas" de migrantes como si fueran algo agresivo, algo que no para ni Dios, nocivo, que salen de la puta nada y que no acaban».

Para que eso suceda, en su opinión, es necesario seguir «dando puntos de atención» que impidan el olvido y activen la convicción «de que somos capaces de ayudar y cambiar las cosas». Es precisamente el objetivo de fondo con el que estos cinco fotorreporteros fundaron MeMo Collective -«MeMo», por «Memory in Motion», «Memoria en Movimiento»- en 2014. «Básicamente, lo hicimos por el desacuerdo en la manera en que se trataba nuestro material y para conectar con una generación que ha crecido ya con otras herramientas para contar distintas al periodismo tradicional», aclara el asturiano Manu Brabo.

Periodismo del XIX, periodismo del XXI

Su convicción es que «no se puede seguir haciendo el periodismo, producirlo, postproducirlo y consumirlo como en el siglo XIX» y su aspiración, «mantener el control total sobre todo nuestro trabajo a lo largo de todo el proceso, sin intervenciones de lobbies de intereses políticos, sociales o económicos que determinen cómo se tiene que leer nuestro discurso». Desde esa posición, los cinco integrantes del colectivo se han metido hasta los tuétanos en las situaciones que han ido fotografiando durante estos años, además de desarrollar actividades formativas como escuelas de periodismo y diversos proyectos sociales.

Su afán por lo que Brabo llama «mover el fotoperiodismo y cómo se hace» tiene, en su opinión, correspondencia con «un espectador que ya no es pasivo». El fotorreportero gijonés es también consciente de que más que nunca las imágenes, multiplicadas por internet, pueden ser fuente de desinformación más que de testimonio, como lo demuestra sin ir más lejos la confusión en torno a las imágenes que desde el pasado domingo bombardean las redes con versiones a menudo falsas o falseadas de los sucesos en Cataluña,

«Que las imágenes engañen no es nada nuevo. Pero mucha gente es ahora capaz de mandar imágenes y mensajes al pequeño gran universo de internet, y mucha gente está también consumiendo esa información. Por eso precisamente hace falta que quien las ve sea más activo, que tenga un "background"… en el caso de Cataluña, sobre la historia catalana y española, o sobre la brutalidad policial. Pero eso no quiere decir que antes, cuando había menos medios, se dijeran mayores verdades en la prensa tradicional española. Estos días, si alguien quiere saber qué está pasando en Cataluña lo mejor es que vaya a The Guardian, porque aquí todos los medios están llenos de mierda y mintiendo por sus propios intereses».

No es Cataluña, sin embargo, el destino adonde miran José Colón o Manu Brabo. El primero trabaja en el Rif para narrar «la represión, la violencia y los muertos que se están produciendo en un conflicto que lleva ya 500 detenidos y penas de 55 años de cárcel para algunos de ellos en una supuesta democracia que tenemos ahí mismo, a 57 kilómetros de mi sur». Brabo afronta una temporada «más tranquilo, lejos de los tiros y de la sangre, para respirar y sentirme humano». Viajará a Colombia para impatir unas clases mientras se piensa que conflicto será el siguiente.

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