Gijón

Esta vez los maestros absolutos de la escena, el lenguaje y la música convertidos en humor puro fueron puros, simples y sonrientes espectadores. Marcos Mundstock, Carlos López Puccio y Carlos Núñez Cortés -tres de los integrantes históricos de Les Luthiers- estrenaron con una fugaz y sorprendentemente silenciosa comparecencia en la Plaza del Marqués de Gijón su particular agenda de la Semana de los Premios. Lo hicieron escuchando, muy complacidos y con Núñez Cortés al piano, su propia Aria Agraria interpretada por la formación infantil del Coro de la Fundación Princesa de Asturias, ante el regocijo de cientos de personas agolpadas en la plaza; muchos de ellos luciendo las pajaritas y sosteniendo los «pasaporte» que les acreditaban como participantes en la multitudinaria «Yincanta de Les Luthiers». Los únicos que no llevaron pajarita, por una vez, fueron los propios melohumoristas argentinos, tan regocijados pero también tan aparentemente tímidos y apabullados como unos niños felices.

El acto remataba, al filo de las dos de la tarde, una animada mañana en la que el centro de la ciudad se transformó en un gran tablero para un juego que se animaron a seguir muchos devotos del grupo argentino. Casi siempre en grupos familiares, recorrieron a partir de las 11,30 los puntos de un mapa que les llevó desde el Palacio de Revillagigedo -donde se exponen los «Instrumentos informales» del grupo- hasta la Escuela de Comercio, abierta por primera vez al público después de su interminable reforma, y transformada para el caso en una «academia luthier» donde recibir clases sobre los recursos humorísticos de los argentinos o anotar alguna palabra-juego de cosecha propia a un diccionario colectivo. Entre esos dos puntos, se podían buscar las soluciones a las preguntas del pasaporte o simplemente dejarse llevar por el homenaje con paradas en los Jardines de la Reina, el Náutico, el Campo Valdés o la antigua droguería Asturias, reconvertida en el despacho de trabajo del inefable Johann Sebastian Mastropiero, el compositor apócrifo -y plagista- que ha compuesto casi todo el cancionero luthier.

Además de los integrantes de varios grupos teatrales asturianos, brindando su propio tributo escénico a los maestros argentinos con ampliaciones y réplicas de su humor inconfundible, se sumaron a la «Yincana» los niños de la Escuela de Música Sonidópolis, que también escenificaron y coreografiaron la Canción para moverse de Les Luthiers. Tras ellos, comparecieron los maestros, tan felices y sonrientes como los propios niños; y también, al parecer, tan tímidos como ellos. Apenas dieron las gracias, saludaron y mandaron muchos besos a todo el mundo. Para escucharles habrá que esperar a mañana, con su encuentro en Noreña con alumnos participantes en las actividades de creación de palabras, y sobre todo, de vuelta a Gijón, en su encuentro con Álex Grijelmo y su miniactuación en el teatro Jovellanos, donde las invitaciones volaron el sábado.

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Les Luthiers enmudecen ante la devoción de sus seguidores gijoneses