Oviedo

Kip S. Thorne, uno de los tres físicos reconocidos este año con el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, pero también con el Nobel de esta disciplina, considera que ciencia y dios no son incompatibles, siempre y cuando este opere con las leyes de la naturaleza y el universo.

«No veo ninguna incompatibilidad con algunas versiones de dios, pero como científico creo que, si hubiese o si hay dios, tendría que operar a través de las leyes de la naturaleza y del universo», ha señalado en Oviedo junto a sus homólogos Rainer Weiss y Barry C. Barish, y por Laura Cadonati, representante de la Colaboración Científica LIGO (Laboratorio de Ondas Gravitacionales).

Los cuatro se encuentran en Oviedo para recoger el viernes de manos del rey Felipe el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2017 por sus aportaciones a la a detección directa de las ondas gravitacionales en las que se basa la nueva astronomía, trabajos que hace apenas dos semanas les hizo a estos tres físicos merecedores del Premio Nobel.

La astronomía de ondas gravitacionales, que pueden describirse como una especie de «olas en el océano cósmico», ayudará a explorar cuestiones como la formación de los agujeros negros, la descripción correcta de la gravedad o cómo se comportan las estrellas de neutrones y las supernovas en determinadas condiciones.

«¡Santo Cielo!», fue lo primero que exclamó hoy Thorne (Logan, Utah, 1940), al ser preguntado sobre si creía que estas investigaciones que tratan de aclarar el origen del universo son compatibles con la existencia de dios. Reconocido como uno de los astrofísicos más reputados y uno de los mayores expertos en la teoría general de la relatividad de Einstein, admitió que posiblemente, como así fue, ninguno de sus colegas presentes querría responder a esa cuestión, pero que personalmente, no creía que la ciencia fuese incompatible con ciertas versiones de dios.

Su colega Rainer Weiss (Berlín, 1932) sí que se ha pronunciado sobre la posibilidades que abre el descubrimiento de las ondas gravitacionales y los grandes enigmas que también se plantearán en los próximos años a la hora de penetrar en los secretos del universo. Esta nueva técnica que ha revolucionado el mundo de la astrofísica quizás permita en el futuro «comprobar la radiación gravitacional que acompañó al mismo instante de la creación del Universo», ha señalado este experto en la medición de las radiaciones del cosmos.

«Sabíamos de la existencia de estrellas de neutrones y aprendemos mucho más acerca de ellos a través de esta ventana gravitaiconal; sabíamos algo de los agujeros negros, pero no sabíamos que convivían en pareja. Gracias a esta ciencia podemos examinar de forma distinta cosas que ya conocemos (...) y descubrir cosas que desconocemos por completo, lo que es un gran reto», ha subrayado.

Barry C. Barish (Nebraska, 1936), tras admitir que todos ellos son bastante mayores, con edades que rondan los ochenta años, ha reconocido que han tenido «mucha suerte con los hallazgos de estos últimos años» y que ha sido un privilegio haber podido desarrollar sus trayectorias profesionales de la forma en la que lo han hecho y con las satisfacciones que les ha aportado. 

«Este es un tiempo mágico para la astrofísica de ondas gravitacionales», ha declarado Laura Cadonati, antes de incidir en que «hay mucha ciencia que se está derivando de este descubrimiento, que de por sí fue un hito y permitió aprender mucho más de la existencia de los agujeros negros y sus propiedades».

En su opinión, las ondas gravitacionales quizás estén marcando «el inicio de una nueva era» a la que contribuirá de forma decisiva el proyecto en el que colabora y que verá incrementado su potencial con los nuevos detectores previstos en la India y Japón con el fin de poder «estudiar con más detalle el origen de los agujeros negros y cuáles son sus propiedades».

«Hemos detectado un nuevo sentido del universo y tenemos ganas de explorar este mundo multisensorial», ha incidido tras señalar que son muchos los enigmas que se han abierto, pero también las ganas de explorarlos.

Hace ahora dos años, el 14 de septiembre de 2015, el experimento LIGO detectó por primera vez y ratificó la existencia de las ondas gravitacionales que un siglo antes había planteado Albert Einstein en su Teoría de la Relatividad General. Como descubrió Einstein, los objetos que se mueven en el Universo producen ondulaciones en el espacio-tiempo (una especie de tejido en el que se desarrollan todos los eventos cósmicos) las cuales se propagan por el espacio en lo que son las ondas gravitacionales.

Su existencia pudo comprobarse por segunda vez hace dos meses gracias a la Colaboración Científica LIGO, que actualmente está formada por más de 1.100 científicos del campo de la física de más de un centenar de universidades, y VIRGO, que observó a través de estas ondas la fusión de dos estrellas de neutrones, descubrimiento que fue anunciado esta misma semana.

El descubrimiento de estas ondas está considerado uno de los logros científicos más importantes del siglo al validar uno de los pilares de la física moderna y abrir una nueva ventana para observar el Universo. Hasta ahora el conocimiento del Universo se realizaba principalmente a través de la radiación electromagnética (luz). Con ellas se puede «ver», mientras que con las ondas sería como «oír», lo que permitiría pasar a través de los objetos que hay entre la Tierra y el otro extremo del Universo, pues las ondas lo atraviesan todo.

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Kip S. Thorne: «Si existe dios, debería operar con las leyes del universo»