Petipa y la CND, en el Niemeyer

La Compañía Nacional de Danza consigue un lleno total en el Auditorio de la Ría de Avilés en el estreno-homenaje al gran artífice de la escuela rusa de ballet, de bicentenario en 2018

Un momento de «El Quijote» de la Compañía Nacional de Danza
Un momento de «El Quijote» de la Compañía Nacional de Danza

Avilés

Los programas mixtos de ballet clásico son como una reválida de principio a fin: el peso del nervio no cesa hasta que el examen no termina y la exigencia tampoco. Al margen (y no es poco) del hándicap que conlleva extraer, estacado, un trozo de un cuento y llevarlo al escenario para hacer de la ejecución algo excelso, los chicos de José Carlos Martínez cuajaron un programa de estreno en el que fluyó, mucho mejor que otras veces, el ballet de escuela. Había nervios, pero también estaban las marcas bien llevadas de la clase y del ensayo.

Y así resultó. Gran interpretación del «paso a dos» del II acto de El Lago de los Cisnes (Lev Ivanov, 1895) a cargo de Seh Yun Kim y Esteban Berlanga. Qué bueno el tempo, qué bueno el hálito para el blanco; qué bueno él, aportando cara y cuerpo, no solo acompañando. La coreana Seh Yun Kim, muy atinada, fijando lento el rol, haciendo fácil lo difícil, queriendo entreverar esa especialísima lengua vernácula del encuentro en el bosque entre príncipe y hada-ave como algo temeroso e inusitado. Bello, realmente. Y esa intención en una bailarina se ve. Inesperado este plus de un cisne orientalizante. Entre los dos había fondo, forma, el binomio corporal con el punto amoroso nacido de las hadas y de sus mejores brazos-ala. Hubo pocos instantes para la falta de fragilidad, pero para esta pareja, con estos mimbres y para este cuento, se antoja todavía margen de mejora. (¡A por él!).

Y muy monas resultaron las puestas de largo de otras dos piezas del programa: In the night, del siempre ecléctico Jerome Robbins, con música de Chopin interpretada en directo al piano por el maestro Carlos Faxas, verdadera gozada; y La Favorita, una adaptación de Martínez de la ópera del mismo nombre de Donizetti. En las dos obras se vio el buen modus operandi del área de clásico de la compañía, y el asentamiento verbal de la nomenclatura académica. Esta última llena de humor y gracia, con esa pizca de picante en rojo que tanta sincronía establece entre el escenario y el patio de butacas: función y reclamo. En In the night, tiempo para la ejecutoria atemperada, lustrosa; y eso que los seis integrantes fueron los encargados de abrir fuego y programa en una noche de estreno plagada de responsabilidad. Es de esos vocablos bailados de amplitud dialogada en los que uno tiene la sensación de ver una cocada: el baile en el ballet y el charme dentro de todo su affaire.

Pero donde sí se notó cierto peso de responsabilidad fue en el «paso a dos» central, recreado para la ocasión por Martínez, de El Cascanueces, el estreno absoluto de la velada. El fragmento registró algún desequilibrio, un aspecto circunstancial pero en modo alguno revelador del nivel de la compañía para el contar canónico. Y no es revelador porque, tras el refuerzo de bailarines en las filas de clásico de la agrupación, es público y notorio que el nivel técnico es mayor y mejor y que hay más homogeneidad y más acierto en puntas, manos y brazos; es decir, que se ha ganado en delicadeza, y Aida Badía es un ejemplo. Es eso que da al ballet clásico el olor a magia y evanescencia, y que hace que se pueda notar su intensidad. Si el aficionado a la danza no lo aprecia o no lo sabe ver, es porque realmente no le interesa. Otra cosa es prever un programa donde todo lo importante tenga un recambio y un segundo dispuesto a la altura de las circunstancias del primero: lo que en fútbol se llama banquillo. Pero eso no es una ciencia exacta. El estreno completo de esta coreografía tendremos oportunidad de verlo a lo largo del año que viene.

Cerró la velada, de dos horas y media de duración, la suite de El Quijote (José Carlos Martínez, 2015), con su seguidilla, su fandango, su amén-jesús de paseíllos taurinos, abanicos y aire de castañuela, con la solvente Cristina Casa, en el rol de Quiteria, en sustitución de YaeGee Park, quien estrenara en diciembre de 2015 este papel en el Teatro de La Zarzuela de Madrid. Casa es como un reloj suizo, el cuarzo nunca falla. Llevó buena parte del peso de este estreno, pues tuvo parte y cacho en La Favorita, al igual que Esteban Berlanga, quien, además de en El Quijote, ruló con Robbins e Ivanov. Ambos bailarines, buenos artistas.

Rara de ver fue la imagen que brindaba el auditorio del Niemeyer desde su imponente patio de butacas: un sentadero lleno de gente joven, de estudiantes de ballet y de muchos aficionados a la danza. Es la primera vez que la tabla avilesina recibe a los de José Carlos Martínez y la primera vez que vuelven a Asturias tras su paso por el Teatro Campoamor cuando trajeron el Romeo y Julieta de Goyo Montero en 2013, al poco tiempo de hacerse el murciano con los mandos de la Nacional de Danza. A ver si vuelven.

Programa Homenaje a Marius Petipa

Compañía Nacional de Danza

Director artístico: José Carlos Martínez

In the Night (1970)

Coreografía: Jerome Robbins

El Cascanueces

Paso a dos del II Acto

Coreografía: José Carlos Martínez

El Lago de los Cisnes (1895)

Paso a dos del II Acto

Lev Ivanov / Marius Petipa

La Favorita

Coreografía: José Carlos Martínez

Don Quijote Suite (2015)

Coreografía: José Carlos Martínez

Centro Niemeyer, sábado, 14 de octubre de 2017. Avilés.

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