¿Cómo y dónde vivieron los últimos cazadores de la prehistoria asturiana?

J. C. Gea

CULTURA

Trabajos de excavación del grupo del profesor Arias en la cueva del Alloru, en Balmori (Llanes)
Trabajos de excavación del grupo del profesor Arias en la cueva del Alloru, en Balmori (Llanes)

El equipo del catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria Pablo Arias reanuda en la cueva del Alloru, en Balmori, la investigación sobre el hábitat de los últimos cazadores de Asturias en el tránsito del Paleolítico al Neolítico

24 oct 2017 . Actualizado a las 07:22 h.

Hace cuatro años, un equipo del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC), perteneciente a la Universidad cántabra y dirigido por el catedrático de Prehistoria Pablo Arias, encontraba en la cuelva del Alloru, en Balmori, la primera zona de hábitat relacionada con los asturienses, la población de transición entre los últimos nómadas cazadores y los primeros agricultores sedentarios en la costa oriental asturiana. El descubrimiento añadía un suelo inédito a lo que ya se sabía sobre los habitantes de la Asturias del Mesolítico, hace más de 8.000 años; una nueva y fundamental línea en un relato prehistórico que desde ayer busca en el enclave llanisco nuevos datos que confirmen la hipótesis de Arias corroborada en 2013: que los asturienses no habitaban en cuevas, como se ha pensado la mayor parte del tiempo, sino en campamentos más o menos estables al aire libre.

A ello se aplicarán durante al menos dos desemanas una docena de investigadores encabezados de nuevo por el profesor Arias. Trabajarán, en principio, en El Alloru, pero si la progresión de resultados y el tiempo acompañana, puede que extiendan su actividad a otras posibles zonas de hábitat en los alrededores. La excavación -que forma parte de un proyecto de mayor alcance que investiga el Mesolítico en la fachada atlántica, desde el sur de Portugal hasta la costa de Bretaña- podría así añadir nuevos datos al conocimiento en suelo asturiano y en el contexto de la Europa atlántica de un periodo crucial en una de las más profundas evoluciones culturales de la humanidad.

«Cuando empezamos a trabajar en 2013 teníamos la hipótesis de que estos últimos grupos de cazadores debían de vivir al aire libre, en cabañas. Hicimos una campaña de prospección geofísica con un magnetómetro, que nos permitió detectar una serie de sitios que tenían buen aspecto para haber tenido este tipo de asentamientos, y en uno de ellos, cerca de la cueva del Alloru, encontramos lo que parecía ser parte de una estructura de este tipo: una zona de hábitat al aire libre, con una serie de agujeros de poste», relata Pablo Arias sobre los antecedentes de los trabajos que ayer reinició en el área.