Lo que iba a ser un «hit» palomitero se queda en un truño envuelto en papel de regalo
30 oct 2017 . Actualizado a las 10:15 h.Algo no cuadra. Vale que haya palomiteros que pidan tralla y metralla, y un estudio como Warner se lo conceda aprovechando que las pantallas son enormes y el sonido envolvente es la repanocha. Pero ya puestos a pulirse 120 millones de dólares, que al menos sirvan un guion honesto, que hasta una simpleza puede serlo. Y pasa lo que pasa, que en su primer fin de semana apenas recaudó en todo el mundo la mitad bruta de lo invertido, léase una cuarta parte. Quizá, transcurrido un año, se acabe amortizando cuando ya todas las ventanas de explotación se hayan pasado al cobro, pero es que Geostorm suena a despropósito.
Resulta que el mogollón de satélites que andan por ahí arriba -realmente parece increíble la cantidad de chatarra que hay- un día se descontrolan porque alguien se pone al tajo, y no veas el meneo que esto mete a la Tierra en forma de glaciaciones, olas de calor, tsunamis, en fin… Casualmente, Dean Devlin, el señor que dirige, se forjó junto a Roland Emmerich -de catástrofes terrestres sabe mucho- y le produjo, entre otras, Independence Day (1996), de ahí que este conglomerado de efectos digitales parezcan resesos, a no ser que aspiren a seducir al target adolescente de nuevo cuño.
A esto súmese a Gerard Buttler, al que se la tiene jurada su representante, visto lo mal que elige sus últimos trabajos, y que aquí luce un tipo con el factor genético cuadrado y que sabe la tira de satélites. Vamos, un ingeniero respondón que finalmente será quien suba allá arriba a recomponer el carajal... Por si fuera poco, meten con calzador una conspiración contra el inquilino de la Casa Blanca, que ni se entera, quizá por ser demócrata... a saber. Sigamos el relato y admitamos que esta mezcolanza pudiera llegar a buen puerto en manos de otro director más chispa, pero ni con esas. Se confía demasiado en la posproducción para envolver el filme y darle apariencia, pero sin personajes, sin una mínima lógica y con absoluta carencia de sentido común. Lo que iba a ser un hit palomitero se queda en truño envuelto en papel de regalo. Y se extrañan de que la gente no entre a verla...