«Colocarse con alcohol y drogas para combatir es tan viejo como la guerra»

El autor aporta una visión rigurosa y nueva sobre el uso de estupefacientes por los ejércitos y los combatientes


El uso de estupefacientes por los ejércitos a lo largo de la historia es un tema muy poco estudiado. Lukasz Kamienski (Cracovia, 1976), profesor en la Facultad de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad Jaguelónica de Polonia, ofrece una nueva visión del papel que han desempeñado en la guerra, desde los griegos que consumían vino mezclado con opio a los actuales pilotos de cazabombarderos estadounidenses, que consumen pastillas go y los niños soldados que combaten drogados. El resultado de sus investigaciones es Las drogas en la guerra. Una historia global (Crítica), en el que aborda el empleo de sustancias como el alcohol, el opio, la cocaína, la heroína, el hachís, la metanfetamina o captagón para tratar de mejorar el rendimiento de los combatientes, reducir el estrés o vencer el miedo.

-¿Qué importancia ha tenido el uso de las drogas en las guerras?

-Sin conocer el uso de las drogas en las guerras no se puede tener una imagen completa de las mismas, ya que no ha sido una excepción sino algo habitual en diferentes épocas y lugares del mundo y ha jugado un papel importante. Pero los historiadores académicos lo han ignorado. Ya los griegos y los romanos tomaban vino antes de las batallas y algunos combatían totalmente borrachos. Desde entonces el alcohol ha sido la droga más popular en los ejércitos. Pero se han utilizado prácticamente todas. Distribuidas por los jefes militares o consumidas por voluntad de los propios soldados. Colocarse para combatir con alcohol y drogas es tan viejo como la propia guerra. El homo sapiens es igual a homo furens más homo narcoticus.

-¿Qué drogas se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial?

-Los soldados alemanes consumían masivamente metanfetamina, comercializada bajo el nombre de Pervitin, lo que contribuyó a su éxito en la guerra relámpago en 1940. Los aliados se ponían con benzedrina.

-Asegura que Vietnam fue la primera guerra farmacológica.

-Sí. En 1973, el año de la retirada estadounidense, el 70 % de sus soldados tomaban algún estupefaciente, marihuana, dexedrina, heroína, morfina, opio, marihuana o alucinógenos, para escapar de un entorno aterrador y hostil.

-¿Hay alguna batalla que se haya decidido por el uso de drogas?

-Hay muchos ejemplos pero uno muy llamativo es la batalla de Isandlwana en 1879, en la guerra anglo-zulú. Las fuerzas militares británicas fueron derrotadas por los zulúes, que estaban peor entrenados y equipados. Su tradicional beligerancia no lo explica. Los británicos disparaban a los zulúes, los herían, pero no se caían, seguían andando, parecían zombis. Los chamanes los preparaban para el combate en un ritual empleando una serie de intoxicantes, intelezi, una droga que causaba vómitos para limpiarse para la batalla, cerveza mejorada con hierbas, dagga, la variedad africana euforizante del cannabis, un compuesto analgésico, y posiblemente setas. Así eran más feroces, más valientes, inmunes al dolor. En El Alamein sabemos que los británicos distribuyeron benzedrina, un estimulante muy usado en la Segunda Guerra Mundial, pero hay interrogantes sobre cómo actuó. Informes posteriores señalan que los británicos podrían haber destruido al Africa Korps a una escala mucho mayor. Pero quizá no lo hicieron por los efectos secundarios de la benzedrina, que en grandes dosis provoca ansiedad y nerviosismo.

-Sostiene que cada vez más se irá sustituyendo el uso de drogas por la estimulación cerebral.

-Muchos de sus efectos pueden ser obtenidos mediante la neuroestimulación del cerebro. La US Navy ya está experimentando con un aparato de la empresa Halo, que se puede comprar por 749 dólares. La estimulación cerebral produce nuevas conexiones neuronales y así se puede aumentar el estado de alerta, mejorar la resistencia al dolor, reducir los efectos de la privación del sueño, aumentar la concentración y la agudeza mental, habilidades muy valoradas por las fuerzas militares. Este método ha demostrado ya ser muy beneficioso para los atletas. Los militares son muy optimistas, pero genera grandes dilemas éticos, porque significa manipular el cerebro, la esencia de nuestra identidad, de lo que somos.

-¿Se podría formar en un futuro un ejército de «blade runner»?

-La cyborgización, a la que apuntan los ejércitos del futuro, requiere no solo enviar al cerebro señales, sino también usarlo para manejar aparatos. Esto abre la posibilidad de operar armas con la mente. El ejemplo extremo, el escenario más Blade Runner, el nivel más alto de cyborg, es implantar chips en el cerebro.

«Los perpetradores del Holocausto no necesitaban drogas, se intoxicaban con su ideología»

¿Tomaban drogas los perpetradores del Holocausto? ¿Y los terroristas? «A las unidades de las SS, al igual que a la Wehrmacht o la Luftwaffe, les daban anfetaminas; algunos casos de brutalidad extrema podrían explicarse por su uso», explica Lukasz Kamienski. «Sin embargo, cuando hablamos del Holocausto no creo que fuera necesaria ninguna droga, lo que intoxicaba a los perpetradores era la ideología o la autoridad, no necesitaban más intoxicantes», añade.

-¿Qué drogas se usan en la guerra contra el Estado Islámico?

-En las operaciones aéreas de Estados Unidos los pilotos utilizan las llamadas pastillas go, una nueva generación de neuroestimulantes que se llama modafinilo. Los rusos estarían utilizando estimulantes cognitivos de nueva generación similares a los que han sido prohibidos en el deporte. Los militantes del Estado Islámico toman captagón (fenetilina), un estimulante sintético que es tremendamente adictivo y tiene efectos secundarios muy serios. En todo caso, los terroristas del Estado Islámico están intoxicados por el yihadismo.

-¿Hay evidencias de uso de drogas en actos terroristas?

-Hay evidencias de que los terroristas chechenos que tomaron rehenes en la escuela de Beslán en el 2004 y mataron a casi 300 personas, la mayoría niños, eran usuarios de morfina y heroína y como el asedio duró muchos días podrían haber sufrido el mono, y sabemos que los síntomas son agresividad, nerviosismo, ansiedad, lo que podría explicar su brutalidad. Otro ejemplo es el atentado de Bombay del 2008, en el que algunos terroristas resistieron 60 horas y en sus cuerpos se encontraron cocaína, esteroides y LSD. Los caminos de los terroristas y los intoxicantes se han cruzado.

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