César Antonio Molina: «Creo que ha valido la pena vivir»

Su nuevo poemario, «Calmas de enero», ya en las librerías


redacción / la voz

El nuevo poemario de César Antonio Molina (A Coruña, 1952) está ya en las librerías. Se trata de Calmas de enero, libro publicado por el sello Tusquets y escrito en una etapa que -como el propio autor reconoce, aun sin entrar en detalles- fue especialmente dura para él. Son los versos de un tiempo de hierro. Pero sin tratar de fingir que el dolor no ha existido, y admitiendo que ahora ya sabe hasta qué punto puede ser difícil mantener en alto la bandera de la libertad, afirma: «Creo que ha valido la pena vivir».

Recalca, además, que este nuevo libro es para él «muy importante», ya que, tras haber hecho un largo camino, sus versos le han permitido reflexionar, con lucidez, sobre la «totalidad» de su «existencia». Y sostiene que «el amor es más poderoso que la muerte, puesto que, al igual que la belleza -dice el poeta-, lo compensa todo en esta existencia nuestra, en la que cuando uno retorna a sus orígenes se da cuenta de que incluso en ese camino de vuelta están tendidas las trampas de siempre, estratégicamente colocadas para hacerle caer».

Frente a las decepciones

A pesar de las decepciones personales que rodearon momentos como el de su paso por la política, Molina dice que no teme al verdadero rostro de la condición humana. Todo lo contrario. El mal le parece infinitamente menos poderoso que el bien, y asegura que, a lo largo de la historia, el «ser humano avanza» sin parar. «Hoy la humanidad es mejor de lo que ha sido nunca», subraya el autor de Calmas de enero, recordando que eso es algo que ha aprendido al lado de «maestros» como Valente y Octavio Paz. Tras haber estado al frente del Círculo de Bellas Artes de Madrid, del Instituto Cervantes, del Ministerio de Cultura y, finalmente, de la Casa del Lector, las circunstancias -y, como recuerdan sus amigos más cercanos, su empeño en mantenerse fiel a sus principios, al margen de toda consigna- llevaron a Molina a dar un giro radical a su trayectoria. Siempre fue escritor (durante sus años como ministro se levantaba cada día de madrugada para poder escribir), pero hoy habita, más que nunca, el corazón de la literatura, actividad que compagina con una profesión que jamás había ejercido: la de abogado.

En Calmas de enero, que es poesía pero también un diario, reaparece su tono más personal. Especialmente hermosos son los versos que dedica a los dólmenes de la Galicia en la que nació.

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