«De los grandes directores con los que he trabajado he aprendido que la ausencia de ego es algo muy valioso»

El actor norteamericano John Carroll Lynch compite en el FICX con su primer largometraje como realizador. «Lucky», el último gran papel del fallecido Harry Dean Stanton

John Carroll Lynch
John Carroll Lynch

Gijón

Tan apacible como el Norm Gunderson que confortaba a la agente Frances McDormand bajo varias capas de mantas mientras pintaba pájaros en Fargo, y seguramente tan sabio como su personaje por lo que indican su modestia y su sosiego, John Carroll Lynch comparece estos días en el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) para defender la candidatura de su primera película como director, Lucky, en la Sección Oficial del certamen. La crítica de su país ha recibido mejor que bien el debut de Carroll Lynch con una película sustentada sobre un guión de Logan Sparks y Drago Sumonja, pero más aún en la escueta pero poderosísima presencia de un Harry Dean Stanton que se despidió del cine a la vez que su personaje lo hacía de la vida en esta película en la que comparte planos con otra leyenda, e íntimo amigo suyo: David Lynch.

-Su debut como cineasta es tardío. Llevaba años acariciando la idea de dirigir. ¿Qué le hizo decidirse?

-El guión, un guión que hablaba de temas como ser consciente de la mortalidad y al tiempo vivir con alegría. Esa es una idea con la que conecté fuertemente. A la vez, supuso la oportunidad de trabajar con Harry Dean Stanton. La combinación de las dos cosas era demasiado atractiva como para ignorarla.

-No es una historia ni un personaje fáciles: un nonagenario ateo y en cierto modo outsider que encara su muerte...

-Es el personaje perfecto para una película como esta, que trata acerca de cómo vivir teniendo en cuenta la propia mortalidad y haciéndolo con una cierta alegría. Este personaje tiene 90 años y se encuentra en un estado de salud perfecto; sin embargo, evidentemente, no va a tener mucho tiempo de vida por delante. El hecho de que sea ateo significa que la muerte para él es algo definitivo: no puede contemplar la posibilidad de una resurrección. En cuanto al aislamiento, sus circunstancias hacen que sea difícil, no le supone ningún tipo de ayuda la falta de una familia. Para mí, la sorpresa más destacable del guión es cuánto tiene que ver la comunidad en el descubrimiento que realiza el personaje en la película. Hay una reflexión acerca de lo que significa ser una persona solitaria y darse cuenta de que, en realidad, nunca se está solo.

-El protagonismo de Harry Dean Stanton en su película es el único que ha tenido en toda su carrera, Paris-Texas aparte. ¿Cree que eso, ante un actor mayúsculo como él, dice algo de la industria del cine?

-Pienso que su carrera se ha modelado antes por las propias decisiones de Harry que por las características de la industria del cine. Nunca le pregunté, pero mi suposición es que no le importaba ser protagonista o no. Pienso que sus intereses principales tenían que ver con aquello en lo que estaba trabajando y con quién , en lugar del tamaño o la importancia de su papel. Hubo varios momentos en su carrera, principalmente después de protagonizar Paris, Texas, en los que recibió propuestas de trabajo que decidió  ignorar. Incluso en sus dos últimos años de trabajo, también rechazó ofertas. Creo que hizo nuestra  película por razones que iban más allá de la amistad; que había algo en la propia película que conectó con él, con lo que estaba pensando y sintiendo, y por eso eligió hacerla y trabajar muy duramente en un momento de la vida en el que la gente rechaza este tipo de sacrificios. Me alegro, porque hizo un gran trabajo.

-¿Y David Lynch? ¿Cómo aterrizó en el mundo de Lucky?

-Antes que nada, le diré que hay una coincidencia interesante: en la tercera temporada de Twin Peaks, Harry canta una canción titulada Red River Valley, y en nuestra película toca esa misma canción con la armónica. Son dos decisiones que se tomaron de manera independiente, que tomaron distintas personas, y posiblemente hay algo evocador en ello, en esa conexión. La conexión entre Lynch y Harry Dean Stanton tiene su origen en 1970. Son amigos incluso antes de que realizase su primera película, Eraserhead. Llevan trabajando todo ese tiempo, y fue el propio Harry el que sugirió la posibilidad de que David Lynch realizase este papel. Él mismo le preguntó, y yo no pensé que fuese a aceptar, pero lo aceptó. Nos dio dos días de su trabajo en Twin Peaks para realizar el rodaje porque apreciaba muchísimo a Harry Dean y todo lo que hiciese falta, lo haría. Aparte, había leído el guión y le había gustado.

-Llama la atención ver a Lynch interpretando un personaje tan lejano al de su propio universo...

-El personaje de Howard no se escribió teniendo a David Lynch en mente, pero cuando le vi recitar sus líneas de esa manera, no se me ocurría nadie que lo pudiese haber hecho mejor. Esto me hace recordar una anécdota. Cuando en le preguntaron por qué eran tan diferentes Blue Velvet y El hombre elefante, respondió que son historias muy diferentes que requieren estilos diferentes. En este sentido, el personaje de Howard, por supuesto que tiene que estar alejado de esos universos que podríamos asociar con la obra de Lynch.

-Ha trabajado con grandes directores: Scorsese, Fincher, los Coen, Eastwood... ¿hay algo de alguno de ellos que impregne ahora su trabajo como director?

-No sabría decir con precisión qué directores de aquellos con los que he trabajado han tenido una influencia que yo pueda absorber. Hay algunas razones para ello: la primera, que soy totalmente nuevo en esto, así que no sabría decir qué es lo que hago bien aunque, por otra parte, me alegro de que la película esté siendo tan bien recibida. Por otra parte, ua cosa que sí he aprendido es que los grandes directores son capaces de trasladar al espacio de rodaje un estupendo ambiente de trabajo, algo propicio para la colaboración, donde el trabajo en sí es el centro, lo más importante, y no ellos, a pesar de que se les pueda considerar autores. Esta ausencia de ego es algo que considero muy valioso. Por otra parte, los grandes directores saben por qué están haciendo lo que hacen, por qué han elegido ese proyecto, y lo basan todo en la consecución de esa obra. Hay otra cosa que ellos tienen y a lo que aspiro: todos ellos tienen un conocimiento enciclopédico del proceso de rodaje.

-La recepción de su película ha sido, en efecto, más que buena. ¿Le estimula eso a cruzar de nuevo tras la cámara?

-Sí mi película no hubiese sido bien recibida, no hubiese habido una segunda. Dadas las circunstancias actuales, es posible que la haya. Aspiro a realizar otra, y si puedo unas cuantas. También aspiro a ser cada vez mejor director. Me gusta mucho ver la evolución de actores y guionistas que se convierten en directores, como ha sucedido con Kenneth Lonegan, director de Manchester by the sea, o de Martin McDonagh, de Three billboards Outside Ebbing, Missouri, con Frances McDormand. Ellos ya son capaces de mostrar una gran confianza en el manejo de las cámaras y en la transformación del escenario en un personaje más.

-Pero también seguirá actuando. ¿Ha aprendido algo como director que vaya a cambiar su actitud como actor?

-Sin duda. Y espero que lo afecte para mejor. Sin duda, voy a  aprender mucho de la actitud que tuvo David Lynch en el rodaje de nuestra película. Era un actor, y en ningún momento se involucró ni me dio consejos. La próxima vez que esté actuando pensaré en el director como alguien a quien hay que dejar dirigir, mientras yo realizo mi trabajo mi actor. Y así estará bien.

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