El arte de narrar de Torrente Ballester

Rescatan los textos inéditos de cuatro conferencias en que el escritor expuso en Vigo en 1973 su «Teoría de la novela»


Redacción / La Voz

«Lo que más se parece al proceso de creación de una obra genial es el proceso de creación de una obra sin valor. Los caminos son semejantes, lo que varían son los resultados». Quien habla es Gonzalo Torrente Ballester (Serantes, Ferrol, 1910-Salamanca, 1999), que con un buena dosis de sorna galaica y otro tanto de sentido común, y ni un ápice de solemnidad, hace así una defensa irónica del talento como base de toda construcción literaria, que parece alejar de cualquier espíritu de abnegación y voluntarismo. Admite, eso sí, como fundamento universal que la obra poética ha de nacer necesariamente de «una relación del artista con la realidad», entendida esta «del modo más amplio posible» y también más heterodoxo, especialmente cuando el campo de trabajo es la ficción. Ahondando más en la cuestión, aclara: «El novelista no es más que un testigo de su propia imaginación -adviértase que digo de su imaginación, no de la realidad-. No creo que la realidad sirva de materia inmediata al artista, al novelista, sino la experiencia de la realidad, inconscientemente transformada, y convertida en materia imaginaria».

Estas y otras consideraciones, de no menor lucidez, hallará el lector en una colección de cuatro textos inéditos del autor ferrolano (que fueron conferencias, en agosto de 1973) que recoge en el volumen Teoría de la novela el sello Deliberar, que acaba de debutar en el ámbito de la edición y que, como su nombre indica, nace con vocación de animar el debate y el intercambio de ideas.

Con este objetivo, la incursión en el universo torrentino semeja oportuna, ya que, pese a que no es su faceta más popular, el autor de La saga/fuga de J.B. tiene tras de sí una producción de carácter ensayístico notable que conviene poner en valor, en particular en lo que atañe a los más diversos aspectos de la literatura.

Principio de realidad suficiente

De todas las claves que encierra su pensamiento teórico, destaca la profesora Carmen Becerra, especialista en Literatura Comparada de la Universidade de Vigo, «el principio de realidad suficiente» tiene un papel primordial en la comprensión de su arquitectura, alcanzando la funcionalidad de gran pilar. Torrente atribuía una importancia sin parangón a «las condiciones que tiene que tener un texto para que sin ser real pueda parecerlo, pueda causar al lector impresión de realidad». Y es que confía en los mecanismos psicológicos que hacen que todo aquello que acepta el hombre tiene que ser real o, a sabiendas de no serlo, «tiene que venir vestido de realidad».

Torrente es poco dado a servir recetas, por eso insiste hasta la saciedad en que la poética sobre la que reflexiona, el proceso creador que disecciona, es un asunto estrictamente personal, que conoce de una «manera absolutamente subjetiva» y que no quiere elevar a «la categoría científica». Sin embargo, sus disquisiciones, cargadas de clarividencia, pueden resultar no solo útiles para entender mejor su obra sino también como guía para el escritor novel. El autor del Don Juan concede gran relevancia a la experiencia, como almacén de recursos, que, sugiere, deben ser tratados con una filosofía sartriana, es decir, a través de la imaginación como gran modificadora de las imágenes que uno atesora.

Torrente vive la literatura como un refugio, apunta Carmen Martín Gaite, en uno de los textos que este libro agrega a modo de epílogo -unos recuperados, como este y un segundo de Stephen Miller, y otros encargados para la ocasión, los de Cristina Sánchez-Andrade y J. A. González Sainz-, y como una pasión. Y eso se percibe, más allá de lo pedagógico, en el tono ameno y lúdico de estas conferencias, que, por otra parte, estaban dirigidas a no especialistas -dentro de cursos universitarios organizados por la Caja de Ahorros de Vigo.

«Un juego a fondo perdido»

La literatura, para Torrente, incide Gaite, «es un juego inútil, a fondo perdido, y la ama y la defiende por su misma inutilidad, consciente de que pocos van a compartir su deliberado apasionamiento en esa elección hoy tan desprestigiada». En similar dirección, González Sainz opone Juan Benet y Rafael Sánchez Ferlosio a Torrente Ballester, y agradece al escritor ferrolano que no hubiera caído entonces en modas iconoclastas, experimentalismos e intelectualidades y que apostase por el placer de narrar.

Todo aquello que incide en la conciencia humana, aquello que de alguna manera se puede nombrar, es real, aduce Torrente

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