Es una película singular, pero también dolorosa, una historia de amor, de luces y oscuridades, de sentimientos y resentimientos, de esperanza y desesperanza
24 nov 2017 . Actualizado a las 07:55 h.Durante las sesiones de audiodescripciones con personas ciegas o con la visión muy limitada, que Naomi Kawase nos sirve en Hacia la luz, los espectadores también nos sentamos con ellas. Los planos, las escenas, las secuencias de los filmes pasan ante nosotros mientras alguien desgrana su significado, analiza sus valores fílmicos. Pero nuestra ventaja está en que vemos las imágenes, mientras a sus destinatarios les están vetadas, recibiendo a cambio su traducción en palabras. Es una película singular, pero también dolorosa, una historia de amor, de luces y oscuridades, de sentimientos y resentimientos, de esperanza y desesperanza, de esa luz que se cuela en el alma y es capaz de poner en común a dos personas que se muestran dispares, en principio, casi con antipatía mutua. Ella, una joven solitaria, obsesionada con su trabajo de usar la voz para que la imagen llegue a quien no puede verla. Él, un fotógrafo de prestigio, que trabajó captando la luz sobre el paisaje, la gente y las cosas, y está perdiendo su principal herramienta para crear, la vista.
La autora japonesa de Una pastelería en Tokio (2015) se confirma apta para la sensibilidad, para hurgar en la intimidad de sus personajes y relucirnos sus anhelos. Lo hace además con elegancia formal, con dominio del plano, sabe contar con la mirada de sus actores. Pero si en aquella película había una intensidad controlada con fugas hacia la distensión, derivando en un cierto equilibrio, aquí el guion se antoja más complejo, por momentos parece insistir una y otra vez en la misma idea, la de dos seres destinados a entenderse casi contra su voluntad, pero que al mismo tiempo necesitan de la esperanza como razón de vida. La carga poética de la cinta acaba afectando al ritmo pese a su brillantez formal y sus chispas de intenso lirismo. Al mismo tiempo esgrime un planteamiento realista de base, casi próximo al documental, recogiendo un ambiente urbano nada favorable a la poesía y manejando una cámara muy poco relamida. Cine de autor, sin duda, como cineasta a considerar, también. Pero no es película de unanimidades.