Jeanette Winterson: «No quiero vivir en un país que dé la espalda a Europa, que sea racista»

La escritora británica defiende que los escritores se impliquen en política y dice que lo que está pasando con el «brexit» es horrible

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madrid / la voz

Hija adoptiva de una pareja de escasos recursos económicos, Jeanette Winterson (Mánchester, 1959) creció en un entorno muy cerrado, dominado por el fervor religioso. A los 16 años abandonó el hogar familiar para estudiar en Oxford y vivir su primera aventura de amor con una chica. A los 24 escribió Fruta prohibida, que ganó un prestigioso premio a la mejor ópera prima y fue llevada al cine. Winterson se ha convertido en una de las escritoras británicas con una voz propia más potente.

-¿Su primer libro fue una liberación personal?

-Fue un experimento porque me utilicé a mí misma como personaje de ficción. Yo procedía de una familia pobre y cuando era joven leía libros todo el tiempo, que para mí eran como espacios abiertos. Yo abría un libro y era como si abriera una puerta y entrara en otro lugar. Eran lugares de libertad. Antes de escritora fui lectora, y así encontré esa libertad.

-¿Cómo marcan su obra su infancia y su adolescencia difíciles en un ambiente tan cerrado?

-Las presiones y las dificultades de esa vida, pero también mi sentido de la libertad, me permitieron tener suficiente energía y confianza en mí misma para cambiar mis circunstancias, aunque se trataba de un mundo muy cerrado. Nunca pienso en ello como algo negativo. En una ocasión alguien me dijo: «Madre mía, tuvo usted una infancia terrible». Y a mí me ofendió mucho, porque desde mi punto de vista siempre hubo esperanza y libros, que me dieron fuerza y me hicieron ver que había otro mundo. Era un poco como Cristóbal Colón: si había otro mundo yo podría encontrarlo.

-¿Es cierto que su madre hizo que le practicaran un exorcismo cuando se enamoró de una chica?

-Sí. Fue horrible, yo era una adolescente. La Iglesia de Pentecostés cree en la existencia de espíritus malignos que pueden entrar en el individuo y que hay que sacar. Creían que eso es lo que me ocurría a mí. Y que esto podía romperse. De forma que no hicieron nada malo o equivocado desde su punto de vista. Durante tres días me encerraron a oscuras en una habitación, no podía comer, y grupos de gente vinieron para rezar constantemente. Al final de ese proceso, uno es capaz de decir cualquier cosa y yo lo hice. Entonces, dijeron que estaba curada y había vuelto a la normalidad. Pero me volví a enamorar un año después. Me sorprendió que una iglesia que decía que Dios es amor pudiera ser tan brutal.

-Su experiencia le sirvió para conocer a fondo la Biblia. ¿Cuál ha sido su impacto en su obra?

-Enorme. La conozco muy bien, lo cual es infrecuente en estos tiempos. La Biblia es uno de los grandes pilares de la literatura occidental, de forma que, si uno la conoce, conoce muchas historias, uno puede mirar el techo de una iglesia e interpretarlo. Sigo leyéndola, no por creencia, sino porque hay muchas ideas y relatos interesantes en ella. Suelo decir a los cristianos: ¿realmente la habéis leído? Porque se supone que tenemos que ocuparnos de los pobres y acoger a los refugiados. Y ahora muchos de estos cristianos dicen que los echemos.

-¿Los artistas deben implicarse en la política?

-Sí. Todos estamos implicados. Es decir, comer o vestirse son actos políticos. ¿De dónde procede la mano de obra esclava o infantil?, ¿qué coste humano tiene la ropa fabricada en un taller de Pakistán? Todo lo que hacemos tiene un efecto político. Lo que más me importa es que la gente tome conciencia, piense en los efectos que tienen sus decisiones y la forma en que viven. Por tanto, si todo es un acto político, alguien que diga que es apolítico o es muy tonto o le da igual el futuro.

-Pero usted votó por Margaret Thatcher en 1978.

-Porque era una mujer y era la primera vez que yo podía votar. Ella decía que nadie tenía por qué permanecer siempre en su clase social, sino que podía ascender a través de la educación. Lanzaba un mensaje muy potente, era la única política que sabía cuánto costaba una barra de pan. Así logró llegar al poder. Luego todo lo que hizo fue un desastre, no volví a votarla. Ahora apoyo a los laboristas.

-Se ha comprado un piso en París para huir del Reino Unido si se consuma el «brexit».

-Lo que no quiero es vivir en un país que dé la espalda a Europa, que sea racista, que esté en contra de la inmigración y que sea pequeño. Lo que está ocurriendo es horrible. Lo he comprado solo por si las moscas.

«Rowling tuvo que firmar J. K. para ocultar que era mujer»

«La escritura actúa en la imaginación, todo lo que ha ocurrido en la historia empieza siempre con una idea en la cabeza de alguien, ya se trate de un movimiento político o un invento, ya sean buenos o malos», afirma la autora del libro de memorias ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? «De modo que cambiar la forma en que la gente ve o entiende las cosas es una herramienta muy eficaz; en este mundo de la posverdad en el que ya nadie cree a los políticos, la ficción trata de decir la verdad a través de un relato y a la gente le encantan los relatos», añade. «Tenemos que intentar cambiar el mundo, aunque no lo logremos», concluye.

-«El hueco del tiempo» es una revisión del «Cuento de invierno» de Shakespeare, que ha trasladado al año 2008. ¿Por qué?

-Es una historia que no tiene que ocurrir necesariamente en un tiempo pasado, sigue teniendo interés hoy, la oímos en las noticias todas las noches. Un hombre piensa que su novia se acuesta con su mejor amigo y quiere matar a ambos. Es un relato de poder, de celos, uno de los temas favoritos de Shakespeare, el hombre que no confía en las mujeres. Lo mismo que en Otelo. Pensé que este cuento se podría adaptar fácilmente a este tiempo, ya no hace falta un rey, que en realidad es un macho alfa con dinero y poder. Decidí convertirlo en un banquero y ambientar el cuento en la crisis financiera. Los banqueros también tienen poder para destruir vidas.

-Sostiene que los hombres no leen ficción escrita por mujeres?

-No es una opinión mía, sino que es lo que dicen incontables encuestas en EE.UU. y Reino Unido.

-¿Por qué?

-Porque los hombres siguen creyendo que si el protagonista no es masculino la historia no tiene interés. A las mujeres se las educa leyendo libros escritos por hombres. Estamos acostumbradas. Si los jóvenes no leen será difícil cambiarlo, porque las redes sociales pueden tomar el lugar de la literatura. J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, tuvo que llamarse J. K. para ocultar que era una mujer porque la editorial le dijo que si firmaba Joanne los chicos no querrían comprar su libro. Si firmaba J. K. darían por hecho que era un escritor. Es una locura.

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